El deceso del presidente

– ¿Dónde estoy? – una luz cegadora que parecía no tener límites iluminaba el lugar en el que se encontraba.

– ¡Presidente!. ¡Presidente!. ¿Qué se siente al abandonar la vida? – un corro de periodistas lo rodeaban, algunos filmando con sus cámaras de vídeo, otros con sus cámaras de fotos y el resto, con sus blocs de notas en una mano, el bolígrafo en la otra, preparados para anotar sus palabras.

– ¿La vida?. ¿He abandonado la vida?. Estáis equivocados. No he abandonado la vida. Más bien la he aplazado hasta que encuentren remedio a mi enfermedad. He sido criogenizado, aunque de forma secreta. España no puede perder a un estadista como yo.

– ¿Que destacaría de su vida? – preguntó un periodista.

– Básicamente, mi amor al país, mi entrega a la patria y los logros obtenidos durante mi mandato. Durante mi presidencia conseguí reducir el déficit económico…

– A base de crear una burbuja inmobiliaria.

– ¿Quién es usted?. ¿A que periódico representa? – contestó airado el presidente -. Me aseguraré de que no vuelva a aparecer en una rueda de prensa.

– Creo que no ha entendido nada, presidente. Ya no hay ruedas de prensa. Los muertos no acostumbran a celebrarlas. Lo de aquí no es otra cosa que un homenaje a su ilimitado ego, cocinado por cierto, por su subconsciente que no tiene reparo alguno en organizarle esta surrealista fiesta de despedida.

– ¿Hay más preguntas? – preguntó el presidente.

– Si – contestó una periodista -. ¿Encontró armas de destrucción masiva en Irak?.

– Siempre la misma pregunta – contestó el presidente, irritado -. No las encontramos, pero liberamos al mundo de una gran amenaza.

– ¿A pesar de que la ONU no viera la necesidad de semejante ataque?. ¿Incluso cuando medio país se manifestó en contra de ir a la guerra?.

– Yo estaba en el meollo del asunto y sabía que tanto la ONU como el pueblo español se equivocaban. Por eso los obvié al tomar mis decisiones. Preferí confiar en George y en Tony. Y será mejor que abandonen este tema, que ya ha sido desmenuzado en demasía.

– ¿Cómo ve el futuro de su partido, ahora que está en el gobierno?.

– Creo que está en buenas manos. Conste que el palurdo que ejerce de presidente…

– Lo puso usted – interrumpió un periodista.

– Lo puse yo y conste que elegí lo mejor que había entonces.

– ¡Joder!. ¡Como deben ser los demás!. ¡Si el presidente actual todavía cree que Nietzsche es un futbolista alemán!.

– No aceptaré comentarios sarcásticos. Debo decir que mi sucesor está llevando muy bien su tarea. Ha mejorado la sanidad, la educación…

– ¿A base de privatizar los centros, poniendo a sus amigos y familiares en los hospitales?. ¿A base de impedir que la gente sin recursos pueda acceder a una educación universal y gratuita?.

– Mire usted. Durante siglos nuestro país se ha movido de la misma forma que ahora. Es evidente que hay dos clases muy diferenciadas: las de élite y la clase obrera. Si naces para ser camarero o peón, ¿para que necesitas cultura?. “Al obrero pan y mierda: y si protesta, quítale el pan”.

– No es por nada pero los mejores científicos y médicos del mundo son españoles y no precisamente, de aquella clase que usted denomina élite.

– Y espero que pronto descubran la forma de solucionar mi enfermedad y así pueda regresar a la patria. Señores. Lamento dejarles pero creo que ya va tocando un poco de descanso tras tantos años de desvelos por la patria.

El presidente se desvaneció, al igual que el grupo de periodistas mientras le susurraba al periodista mas cercano:

– ¿Quien coño es ese Nietzsche?. ¿No será de Podemos?.

Allí quedó una presencia: el subconsciente.

Durante un lapso de tiempo regresó al mundo de los vivos y observó la cámara de criogenización en la que un nutrido grupo de doctores se estrechaban las manos, tras haber realizado su trabajo con éxito. Luego se marcharon, dejando únicamente a un enfermero. Ëste, una vez se aseguró de estar solo, abrió la cubierta que tapaba el cuerpo del presidente y empujó un aparato con ruedas hacia el cuerpo inerte. Luego introdujo un tubo por la nariz del presidente y puso en marcha el aparato.

Cuando terminó, dejó todo como estaba y puso de nuevo la cubierta.

El subconsciente vio como el hombre salía del centro con una bolsa de plástico,

A última hora de la tarde, el enfermero visitó la granja de un amigo y le ayudó a dar de comer a los animales, entre ellos a los cerdos, quienes devoraron el pienso sin darse cuenta de que, mezclado con el mismo, estaba el contenido de la bolsa que había sacado del centro de criogenización: el cerebro del presidente.

El subconsciente se desvaneció en el vacío con una sonora carcajada.

Santiago, el indignado

Cuando Santiago trajo las tapas y las bebidas a los seis jóvenes sentados en la terraza, Ester miró a sus compañeros con complicidad y dijo:

– Siéntese un rato, Santiago.
– Sospecho no sabéis que regento un bar y he de atenderlo – contestó Santiago con una sonrisa.
– Venga. Son unos minutos – dijo Ester – .Además, ahora el bar está tranquilo.

Santiago se sentó y permaneció en silencio.
– Les he dicho a mis amigos – empezó a hablar Jaime – que le admiro por su sensatez, Santiago. Por eso queríamos preguntarle sobre lo que piensa del movimiento 15M.
– Lo considero un gran paso, si continúa adelante – contestó el aludido.
– Me parece – dijo Mónica -. que ya ha terminado y no ha servido para gran cosa.

– Te equivocas. Este movimiento estuvo en la calle a partir del 15 de Mayo, pero estuvo gestándose desde mediados de febrero. Ahora, lo que han hecho, ha sido regresar al único lugar en el que pueden actuar sin presiones, interferencias, sin estrés: Internet. Hoy por hoy es el único lugar que tiene un cierto grado de democracia.

– ¿Y volverán a salir?.
– Desde luego que saldrán de nuevo. Ahora, lo que han de hacer es montar la estructura de la red por la que correrán los debates, las ideas, los cambios y las decisiones de nuevas acciones a tomar.
– Pero -dijo Pablo -. ¡Si ya tenemos democracia!.
– Tu has nacido después de la muerte de Franco y no viviste lo que ocurrió en aquellos tiempos. La Constitución se legitimó en un referéndum, pero el tiempo y las malas mañas de los políticos, la han deslegitimado.

– ¿Qué significa legitimar?.
– Legitimar es la forma que tiene el poder de justificar su existencia. Viene a ser la forma de convencer al pueblo de que una cosa es justa. La legitimación de la monarquía se basaba en que el poder del rey emanaba de dios. Para un pueblo creyente e inculto, el poder del rey estaba legitimado y por eso le obedecían. Volviendo a España, la Constitución se nos vendió como algo que no iba a ser estático, que sería dinámico. Que podía cambiar para irse perfeccionando. Sin embargo, dada la situación de aquel momento histórico, en el que el ejército era una amenaza y muchos sectores de la sociedad estaban en contra del cambio de régimen, se redactó una Constitución que pudiera ser aceptada por la mayoría. Mirado de esta forma, aquella constitución fue creada con un cierto grado de coacción y en una sociedad que era diferente a la actual. Lo lógico era que, al ir madurando la sociedad, fueran modificándose algunos artículos para adecuarlos a los nuevos tiempos…
– ¿Qué pasó entonces?.
– Supongo que, cuando los dos partidos mayoritarios descubrieron que la Constitución les beneficiaba en muchos aspectos, decidieron dejarla como estaba. Podían asegurar así su permanencia en el poder, controlaban la Justicia y eso les permitía delinquir a su antojo, así como controlar a los medios de comunicación y poder manipular a la opinión pública.

– Que viene a ser la situación actual…
– Lo bueno es que, a raíz de una injusticia como la lay Sinde, los políticos empiezan a darse cuenta de que no tienen en sus manos todos los hilos que les dan poder. Descubren que, de la noche a la mañana, empiezan a aparecer en ciertas plazas, un sinfín de indignados que, de forma pacífica protestan en contra de todo aquello que no se quiso reformar en su día y que ha generado el montón de chorizos que hay en tantas administraciones. Lo peor de todo es que los políticos descubren que esa Red que no consiguen controlar, es el vehículo de las movilizaciones y que la prensa que ellos controlan no tiene ya credibilidad en la sociedad. Imaginaos que invertís una fortuna en unas elecciones para concienciar a la gente y descubrís que por la red, sin haber apenas gastado nada, han conseguido el mismo efecto llamada que buscabas.

– ¿Y el futuro?.
– El futuro es vuestro, chicos. De vosotros depende lo que ocurra. Vuestro futuro está decidiéndose en la red. Así que, no dejéis pasar la oportunidad de expresar vuestras ideas – Santiago miró, uno a uno, a los chicos y continuó -. El candidato del partido que ahora gobierna no quiere saber nada del 15M, a pesar de que ya hay una facción de su grupo, gritando cambio. Y el jefe de la oposición ve tan clara su victoria en las próximas elecciones que no va a mover un dedo por oír a los indignados. Pensarlo bien. En los próximos meses va a haber una guerra: los políticos intentarán controlar la red en base a crear leyes para prohibir la libertad de expresión y vosotros tendréis que impedirlo, porqué la Red es el único reducto que ellos no tienen. La sociedad está cambiando las reglas del juego y los políticos hacen lo único que saben hacer: miran a otro lado o se dedican a criminalizar aquello que no entienden. Sueño con ver la cara del previsible futuro jefe de gobierno si este movimiento, el 15M, le impide salir victorioso en las elecciones. Será la cara de alguien que no entiende absolutamente nada.