Conversaciones en el hoyo 19: una IA

— Hay que ver en lo que se está convirtiendo el mundo—dijo Inés—. Los Estados Unidos están mostrando su verdadera cara.
— De eso hace muchos años que nos la muestran—contestó Juan—. En 1954 en Guatemala, invadida por los norteamericanos; Indonesia, organizando un golpe de estado de Suharto; Brasil, que fue bloqueado y organizó un golpe de estado en 1964; Chile, con el golpe de estado de Pinochet; Irán que intentó nacionalizar el petroleo, sufrió un golpe de estado;República Dominicana, con invasión de marines norteamericanos; Haití donde Aristide ganó las elecciones y otro golpe de estado puso fin a su gobierno. En el año 2000 Aristide volvió a ganar las elecciones y tres golpes de estado intentaron derrocarlo. La tercera vez, lo consiguieron; Colombia, donde fueron asesinados doce mil sindicalistas y un montón de alcaldes, concejales, senadores e incluso candidatos a la presidencia;Nicaragua bloqueada por Estados Unidos, que estuvo en guerra interna hasta que la población, harta de guerrilleros, votó la Unión Nacional Opositora, y así les ha ido; Rusia, donde Yeltsin disolvió el Soviet Supremo y la cámara legislativa. Claro está, con la ayuda norteamericana; Venezuela, Vietnam, Cuba, son otros ejemplos de las intenciones de controlar el mundo por los norteamericanos.
— Dicen que están en contra del comunismo, pero en realidad están en contra de la democracia—añadió Pascual.
— Lo que demuestra que no hay país en el mundo que pueda acceder a la Democracia, mientras USA tenga poder—dijo Santiago.


— Yo soy partidario de ir creando democracias en los distintos pueblos—propuso Pascual—. Cuando muchos pueblos tengan una verdadera democracia, el estado no tendrá más remedio que adaptarse.
— Me parece muy difícil. Los pueblos también tienen sus caciques que impedirán que prospere la democracia—Inés lo tenía claro.
— Hay otra posibilidad. Confiar en la IA—propuso Juan—. Intentar crear una IA que aprenda de nuestra historia, nuestra cultura. Eso si: creada por científicos, humanistas, intelectuales y no por millonarios ociosos. Quizás añadiendo los tres principios de Asimov de la robótica.
— ¿Las tres leyes de Asimov de la robótica?—preguntó Santiago.
— Si. Son las tres leyes que creó Isaac Asimov en sus libros de ciencia ficción—repuso Juan, añadiendo—: la primera establece que un robot no hará daño a un ser humano ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño. La segunda ley obliga a obedecer las órdenes de los seres humanos, siempre y cuando no contradigan la primera ley. La tercera obliga a proteger la propia existencia, siempre y cuando no entre en conflicto con las dos primeras leyes. Con los años Asimov añadió la ley cero: un robot no puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daños. Con una IA que cumpliera estas leyes y tuviera conocimientos suficientes acabarían las guerras, la corrupción, la prevaricación, los grupos de millonarios estableciendo las políticas a seguir… En fin, una sociedad en la que todos los seres serían iguales, lo que nos lleva a la famosa plaza vacía, que siempre ha estado llena. Imaginad una IA para el poder ejecutivo, otra para el jurídico y otra para el legislativo, eso si, con el asesoramiento de personas humanas. Quizás todo cambiara de esa forma. En lugar de votar a personas ó partidos políticos se votarían propuestas políticas.


— La verdad es que la propuesta es hermosa, pero impracticable—opinó Inés—. Siempre aparecería un Trump para impedirlo. Y una IA carece de intuición, empatía y comprensión del contexto cultural. La pregunta es: quién escribiría el código de la IA. Si el programador es corrupto, mal andamos. Tendría que ser el código de la IA, abierto. Para que quien quiera pueda estudiarlo. Lo que está claro es que los humanos encontrarían maneras de hackear el código. O intentarían manipular a los que lo escriben. El problema es de naturaleza humana.
— Moraleja—resumió Juan, riendo—. La única manera de acabar con las guerras es contratar un robot como el de la película “Ultimátum a la Tierra*” capaz de destruir todo el armamento. Y si no hay guerras, no hay ejércitos por lo que el control de los ciudadanos desaparecería.

* Ultimatum a la tierra. The Day the Earth Stood Still 

Conversaciones en el hoyo 19: la plaza vacía

— No me quedó claro aquello que dijiste acerca de la “plaza vacía”—dijo Santiago.
—Es fácil de entender—contestó Juan—En Grecia se consideraba que para que existiera la democracia, la gente tenía que asistir a las reuniones sin ningún tipo de prejuicio. Hombres, mujeres, ricos, pobres, blancos, negros, religiosos, ateos… Cuando se habla de plaza vacía, nos referimos al parlamento, el lugar en el que la gente expone sus puntos de vista. De alguna manera cualquier asistente podría ser sustituido por otra persona sin que variara el contenido de las conversaciones. Esto sería la verdadera democracia. Sin reyezuelos, sin millonarios, sin grupos de poder. Solamente ciudadanos normales.
—Vamos, como tenemos en nuestro país—agregó riendo Santiago.
—En realidad ese parlamento vacío de ideologías debería ser aplicable a otros ámbitos: a la justicia, a las leyes, a la medicina, a la educación…—dijo Juan, añadiendo—: no es de recibo que varíe la aplicación de la justicia en función del nivel económico de a quien se juzgue. Si es alguien pobre, la justicia es inmediata. Si se trata de alguien con mucho dinero la justicia se dilata, quizás años, durante la instrucción de la causa. Lo mismo pasa con las leyes, escritas en un lenguaje críptico y que únicamente entienden los que se dedican a trabajar con ellas. Deberían escribirse en un lenguaje comprensible por todos y que sus contenidos no hicieran distinción entre sexos, culturas, poder adquisitivo, raza, religión…
—¡Exactamente lo que tenemos en nuestro país!—dijo riendo Inés—. ¿Y en qué afectaría a mi profesión?, la medicina.


—Esto se ve más patente en países como Estados Unidos—contestó Juan—. En aquel país si tienes dinero puedes afrontar los gastos médicos que pueden solucionar una enfermedad. Sin embargo si no tienes dinero, vas a sufrir tu enfermedad sin cuidados médicos y si la enfermedad es grave, morirás sin remedio. Tengo la sospecha de que en aquel país no se estudia el juramento hipocrático. Aunque si lo miramos bien, en nuestro país, en el que si se estudia, pocos se lo toman en serio. Que la industria farmacéutica te venda un medicamento a precio de oro imposibilita que una persona sin recursos pueda acceder al mismo. Y eso que tiran de dinero subvencionado por los diferentes gobiernos para investigar.
—Por lo que has dicho, la medicina debería ser gratuita, tal como tenemos en nuestro país—dijo Inés—. Aunque nuestros maravillosos políticos la están privatizando.
—¿Y la educación?—preguntó Pascual.
—Debería ser para todos los ciudadanos, en función de sus capacidades y no de su poder económico, como está pasando en nuestro país—contestó Juan—. Si naces en una familia sin recursos, aunque tengas aptitudes, no conseguirás hacer los estudios para ser un buen científico, médico, ingeniero ó cualquier otra carrera. Incluso si logras hacer y terminar tus estudios, en según que profesiones no podrás ejercer, ya que determinados grupos de poder sólo aceptan a los suyos.


—Moraleja. La verdadera democracia no existe—resumió Inés—. A pesar de que existió en Grecia.
—No te lo creas. Sócrates fue condenado a muerte por decir que la plaza vacía, no lo estaba en realidad—puntualizó Juan—. Estaba llena de capitostes, reyezuelos, millonarios, todos ellos incapaces de discutir con objetividad con el resto de ciudadanos. Lo que tenemos que tener claro es que para que uno pueda considerarse “ciudadano”, ha de dejar de lado todo elemento subjetivo como religión, sexo, dinero, poder…
—Y tener una cierta cultura. Estar bien informado—añadió Pascual.
—Teniendo en cuenta que los medios de comunicación pertenecen a grandes grupos empresariales, la manipulación es una constante—dijo Inés.