— Estoy harto—dijo Pascual, indignado—. Estamos regalando nuestra privacidad de forma masiva. Cada vez que aceptas una tarjeta de fidelización de una tienda es a cambio de tus datos. Por eso nunca las acepto y me indigna que la gran mayoría se crea que tendrán descuento por tener dicha tarjeta.
— Hombre. Supongo que tendrán descuento, aunque posiblemente en el precio ya habrán subido el porcentaje del descuento—contestó Juan—. Y así, todos contentos. El cliente por creer haber obtenido descuento y la tienda porqué ha sido capaz de engañar a los compradores y por haber conseguido los datos de los clientes con la tarjeta de fidelización. Ahora ya pueden vender esos datos a cualquier empresa.
— Y si compramos online, les estamos dando a esas empresas nuestros datos—añadió Santiago—.De la misma manera que cuando utilizamos la IA estamos regalando nuestros datos. Todo lo que sea utilizar un servidor es regalarles nuestros datos. Aunque sea una simple traducción.
— ¿Y qué pasa con las política de privacidad de las empresas?—preguntó Inés—. En teoría tienen que cumplirse, ¿no?.
— No sé si te has dado cuenta de que esas políticas se van cambiando en función de las necesidades de la empresa—explicó Juan—. Piensa que se trata de sociedades anónimas que pueden ir cambiando de accionistas, es decir de propietarios. Y si hoy el principal accionista es buena persona, mañana habrá otro que no lo será y que cambiará esas políticas a su antojo. Y a muy malas, si no quiere ó no puede cambiar aquello que indican las políticas de privacidad, siempre le queda la opción de vender los datos a un hacker y decir que ha habido un acceso “ilegal” a la base de datos de los clientes, y lanzar un par de discursos en rueda de prensa, indicando que se tomarán medidas para que no vuelva a ocurrir. Y ya está. Todo resuelto. Las empresas se las inventan todas para engañarnos.
— Por ejemplo esos contratos de mantenimiento y seguros de nuestras compras, que muy pocas veces necesitamos—añadió Santiago—. O esos programas informáticos que usas tres veces al año y por los que te hacen pagar una cuota anual. Y ha puestos, el hecho de que los electrodomésticos ya no llevan un fusible para evitar que una sobrecarga queme el dispositivo. Así consiguen obligarte a cambiar el electrodoméstico.
— Mira que sería fácil que la comunidad europea promulgara una directiva que impidiera vender dispositivos sin fusibles—apuntó Inés.
— Pero las empresas tienen un gran poder para impedirlo—añadió Juan—. Hay empresas que tienen la capacidad para comprar países enteros y no digamos para sobornar políticos.
— Desde luego debería haber una ley que evitara las grandes fortunas y la acumulación de capital de las multinacionales—observó Pascual—. Quizás poniendo un techo al capital acumulado y troceando empresas… E impidiendo tener la propiedad de los medios de comunicación.
— Yo tengo la convicción de que eso nunca ocurrirá—dijo Santiago—. Quizás por que leo mucha ciencia ficción que relata nuestro futuro a manos de esas multinacionales. Y, la verdad es, que si se cumple lo que hoy no es otra cosa que relatos surgidos de la imaginación, nuestro futuro será deprimente.