La fórmula

Isidoro aparcó su coche en una explanada que estaba al lado del pantano. Bajó del vehículo con una cantimplora y se dirigió al embarcadero en el que reposaban varias embarcaciones deportivas. Miró alrededor y no vio a nadie. Sacó el tapón de la cantimplora, notando como se le aceleraba el corazón. Luego volvió a cerciorarse de que nadie podía verle y vertió en el agua el contenido de la cantimplora. Cuando acabó, respiró tranquilo.

Al fin había terminado con la tarea a la que había dedicado los dos últimos meses. A lo que había que sumar los años de su vida que había dedicado a crear, desarrollar y probar su fórmula. Luego vinieron los trámites para patentar su hallazgo, que fue denegado en el registro de patentes con comentarios displicentes acerca de la utilidad de su invento. Fue entonces cuando tomó la determinación que le ocuparía los últimos dos meses. Ideó y puso en marcha un concentrado de su fórmula, soluble en agua, indetectable en un análisis normal, para así extenderlo en la red de agua potable del país. Luego se dedicó a verter su concentrado en aquellos pantanos cuyo caudal abastecía de agua a pueblos y ciudades, tarea que le había hecho recorrer toda la geografía nacional. Isidoro regresó al coche y ya relajado, lo puso en marcha.

– Tarea finalizada – pensó relajado. Luego salió, camino de su casa.

Los efectos de la fórmula fueron graduales y he de decir que tampoco afectó a toda la población del país. Obviamente no produjo sus efectos a aquellas personas que bebían agua embotellada, principalmente los grupos sociales de mayor poder económico. El gobierno tardó en darse cuenta de que se estaba produciendo un cambio en la sociedad, a pesar de que solía alardear de estar siempre al tanto de la opinión pública. Quizás el problema estribaba en que para los dirigentes, el pueblo consistía únicamente en la alta sociedad y no en el pueblo llano, prioridad que tantas veces habían demostrado durante la crisis. Por eso fueron los índices de diferentes agentes sociales los que empezaron a reflejar los cambios. El primero de ellos fue el índice de audiencia de las televisiones que cayó estrepitosamente. El desmesurado aumento de horas dedicadas a navegar por la red de la población también sorprendió a los proveedores de Internet.

– ¿Qué demonios está pasando? – gritó el presidente al colgar el teléfono cuya llamada había interrumpido nada menos que un consejo de ministros -. Me acaba de llamar el director del ABC para decirme que ha vendido menos de mil quinientos ejemplares de su diario. Y los demás directores me han dicho lo mismo. Las ventas de la prensa han bajado casi el noventa por ciento.

– Curioso. Con lo que nos ha costado poner a nuestra gente en la dirección de los periódicos… – ironizó el ministro de cultura.

– ¡Déjate de sarcasmos! – le reprendió el presidente -. El horno no está para bollos. Si solamente fuera la prensa y la televisión… Pero están pasando muchas cosas anormales. La primera es que hace un mes que no hay manifestaciones en todo el estado. Antes teníamos cinco por semana y ahora, de pronto, ninguna. ¿Qué estarán tramando los del 15M?.

– Parece como si el mundo se estuviera volviendo loco – dijo el ministro de interior -. En la última manifestación los antidisturbios, en lugar de disolver a los manifestantes, acabaron filosofando con ellos, haciendo caso omiso de las órdenes de disolver la manifestación.

– A añadir también el montón de cooperativas que se han dado de alta el último mes -añadió el ministro de industria -. Parece como si la gente quisiera montar una economía alternativa. Ha habido un gran aumento de bajas en las compañías suministradoras de gas y electricidad.
– ¿Y de dónde sacan la energía? – preguntó el presidente.
– Se han pasado a la biomasa, a las placas solares o eólica.
– Les saldrá más caro, teniendo que pagar los peajes que les pusimos.
– No. Eso es lo curioso. Se han desconectado de la red y no pagan un solo euro en peajes.
– ¿Y qué hacen con el sobrante de la energía que consumen?.
– Usan acumuladores para guardarla.
– Mi ministerio tampoco se salva de estas anomalías – empezó el ministro de justicia -. Se han reunido a mis espaldas fiscales, jueces y abogados para analizar las leyes que hemos aprobado en esta legislatura y han presentado doscientos cincuenta y siete recursos al tribunal constitucional para anularlas.

– Pero los jefes de la fiscalía y de los principales tribunales los pusimos nosotros para que siguieran nuestras directrices… -protestó el presidente.

– El problema es que lo han hecho a espaldas de nuestros “colocados”.
– Pues que los echen de sus cargos.
– Presidente, ya sabe que estas cosas son lentas. Supongo vio que echar al juez que metió en la cárcel al amigo de la vicepresidenta nos está llevando muchos meses. Así, durante ese tiempo, los jueces se seguirán moviendo. Incluso han puesto en marcha una asamblea constituyente para redactar una nueva constitución.

– Imagino has enviado a la policía para disolver esa asamblea ilegal – preguntó el presidente al ministro de interior.

– Desde luego que la he enviado – contestó éste -. Lo malo es que en lugar de detener a los jueces, fiscales y abogados, se han añadido a la asamblea y ahora están ayudando a redactar el artículo diez de la nueva constitución. Hoy por hoy nuestro único aliado en la policía es Nuestra Señora María Santísima del Amor.
– ¿Cómo?. ¿Que no han obedecido las órdenes?. ¡Eso es sedición!. ¡Demonios!. ¡Pues enviar al ejército! – saltó hecho una furia el presidente.
– Ya lo hice – dijo el ministro del ejército -. Ahora nuestras tropas también están ayudando con el artículo diez.
– Pero, ¿alguien sabe qué es lo que pasa en este país? – preguntó el presidente.

– Quizás tengo una pista – dijo el ministro de cultura -. En todas las escuelas, ya sean públicas ó privadas, los profesores están saltándose a la torera los planes de estudios, debido a que los alumnos están ávidos por aprender cosas nuevas. Incluso los alumnos cuestionan las cosas que aprenden. Tienen un cierto espíritu crítico que antes no tenían. Además esta avidez por aprender afecta a la gran mayoría de la población. Precisamente ayer estuve hablando con un psicólogo que está estudiando a algunos sujetos afectados y lo describe como si de pronto se hubiera generado en ellos un vacío mental que les hace sentir una ansia intelectual desmesurada. Los hay que dicen llegar a sentir una sensación dolorosa parecida a la que todos tenemos cuando no hemos comido. Y el resultado es que nuestros ciudadanos están asaltando las pocas bibliotecas que no hemos cerrado con la crisis, o conectándose a Internet para instruirse.

– Pero esa ansia, supongo que tendrá una causa, ¿no?.

– No hemos conseguido dar con esa causa. Quizás sea un cambio genético.

– Pues no nos conviene – dijo el presidente -. Desde que existe el bipartidismo, la incultura ha sido nuestra principal baza para poder gobernar. No podemos permitir que nuestros súbditos adquieran cultura. Señora vicepresidenta, tiene que dar una rueda de prensa explicando que vamos a cerrar Internet por razones de seguridad, al igual que las bibliotecas. Hay que evitar que la gente se instruya, salvo en aquellas cosas que nosotros queramos que aprendan.
– Pero, no podemos cerrar Internet a estas alturas, cuando lleva operativo tantos años – indicó el ministro de industria.
– Pues eliminamos los foros, la wikipedia y todo aquello que pueda cultivar a nuestro país. Dejaremos las tiendas que no sean de libros, los juegos y la pornografía.

La vicepresidenta, terminado el consejo de ministros, se dirigió a la sala de prensa, tras dedicar una media hora en preparar su alocución. Sin embargo la sorpresa fue mayúscula cuando entró en la sala.

No había nadie en la rueda de prensa que había convocado. Quizás el escrito que había en su atril tenía que ver con la razón de ello:
“No hay preguntas, no hay periodistas”.

Pasaron los años y los cambios continuaron. Poco a poco fueron desapareciendo los políticos profesionales y con ellos, las ideologías. El pueblo consiguió el poder de participar en las decisiones de su país. La sanidad volvió a ser completamente gratuita, sin restricciones. El plan de estudios de las escuelas fue creado por los verdaderos expertos: los maestros, eso si,  con la ayuda de las asociaciones de padres y sin directriz alguna por parte de los políticos y la verdad, es que fue todo un éxito. La justicia al fin obtuvo medios materiales y humanos y eso propició la fuga de la mayoría de los corruptos del país. Incluso las diferentes comunidades religiosas fueron desapareciendo, a medida que la cultura iba ganando terreno. La mujer al fin consiguió la igualdad por la que tantos años llevaba luchando. Y también los homosexuales. La violencia de género fue desapareciendo. Y el racismo.

 Epílogo.

Es obvio que el poder no podía quedarse con los brazos cruzados. Necesitaban a toda costa mantenerse en sus poltronas con sus prevaricaciones, corruptelas, pelotazos, puertas giratorias y demás trapicheos. El golpe de estado que prepararon, tenía por fecha – ironías de la vida – un veinte de noviembre. Duró apenas unas horas debido a que los soldados, preferían continuar la lectura del libro que estaban devorando a salir del cuartel para dedicarse a disparar a sus conciudadanos. No sirvieron las amenazas de los mandos.

Al final fueron los generales, coroneles, tenientes coroneles y comandantes quienes salieron a tomar el Congreso en una gesta que los historiadores llamarían, años después, “la conjura de los sebosos”, cuya emisión por las pocas cadenas de televisión que quedaban provocó la hilaridad de todo el país que lo vio – apenas unos cuarenta ó cincuenta mil, ya que los demás estaban ocupados en tareas mas intelectuales.

– Corre por Internet  – le comento a Isidoro cuando voy a verlo a la clínica en la que tratan su alzheimer – una leyenda urbana, no demostrada de que ciertos animales cuyo hábitat es cercano a ciertos pantanos y embalses, se dedican a robar los libros que llevan las personas que van a pasar el día en sus inmediaciones.  Isidoro eleva la mirada de sus enormes ojos acuosos desde el suelo hasta mis ojos y se le ilumina el rostro al esbozar una amplia sonrisa.

Santiago, el indignado

Cuando Santiago trajo las tapas y las bebidas a los seis jóvenes sentados en la terraza, Ester miró a sus compañeros con complicidad y dijo:

– Siéntese un rato, Santiago.
– Sospecho no sabéis que regento un bar y he de atenderlo – contestó Santiago con una sonrisa.
– Venga. Son unos minutos – dijo Ester – .Además, ahora el bar está tranquilo.

Santiago se sentó y permaneció en silencio.
– Les he dicho a mis amigos – empezó a hablar Jaime – que le admiro por su sensatez, Santiago. Por eso queríamos preguntarle sobre lo que piensa del movimiento 15M.
– Lo considero un gran paso, si continúa adelante – contestó el aludido.
– Me parece – dijo Mónica -. que ya ha terminado y no ha servido para gran cosa.

– Te equivocas. Este movimiento estuvo en la calle a partir del 15 de Mayo, pero estuvo gestándose desde mediados de febrero. Ahora, lo que han hecho, ha sido regresar al único lugar en el que pueden actuar sin presiones, interferencias, sin estrés: Internet. Hoy por hoy es el único lugar que tiene un cierto grado de democracia.

– ¿Y volverán a salir?.
– Desde luego que saldrán de nuevo. Ahora, lo que han de hacer es montar la estructura de la red por la que correrán los debates, las ideas, los cambios y las decisiones de nuevas acciones a tomar.
– Pero -dijo Pablo -. ¡Si ya tenemos democracia!.
– Tu has nacido después de la muerte de Franco y no viviste lo que ocurrió en aquellos tiempos. La Constitución se legitimó en un referéndum, pero el tiempo y las malas mañas de los políticos, la han deslegitimado.

– ¿Qué significa legitimar?.
– Legitimar es la forma que tiene el poder de justificar su existencia. Viene a ser la forma de convencer al pueblo de que una cosa es justa. La legitimación de la monarquía se basaba en que el poder del rey emanaba de dios. Para un pueblo creyente e inculto, el poder del rey estaba legitimado y por eso le obedecían. Volviendo a España, la Constitución se nos vendió como algo que no iba a ser estático, que sería dinámico. Que podía cambiar para irse perfeccionando. Sin embargo, dada la situación de aquel momento histórico, en el que el ejército era una amenaza y muchos sectores de la sociedad estaban en contra del cambio de régimen, se redactó una Constitución que pudiera ser aceptada por la mayoría. Mirado de esta forma, aquella constitución fue creada con un cierto grado de coacción y en una sociedad que era diferente a la actual. Lo lógico era que, al ir madurando la sociedad, fueran modificándose algunos artículos para adecuarlos a los nuevos tiempos…
– ¿Qué pasó entonces?.
– Supongo que, cuando los dos partidos mayoritarios descubrieron que la Constitución les beneficiaba en muchos aspectos, decidieron dejarla como estaba. Podían asegurar así su permanencia en el poder, controlaban la Justicia y eso les permitía delinquir a su antojo, así como controlar a los medios de comunicación y poder manipular a la opinión pública.

– Que viene a ser la situación actual…
– Lo bueno es que, a raíz de una injusticia como la lay Sinde, los políticos empiezan a darse cuenta de que no tienen en sus manos todos los hilos que les dan poder. Descubren que, de la noche a la mañana, empiezan a aparecer en ciertas plazas, un sinfín de indignados que, de forma pacífica protestan en contra de todo aquello que no se quiso reformar en su día y que ha generado el montón de chorizos que hay en tantas administraciones. Lo peor de todo es que los políticos descubren que esa Red que no consiguen controlar, es el vehículo de las movilizaciones y que la prensa que ellos controlan no tiene ya credibilidad en la sociedad. Imaginaos que invertís una fortuna en unas elecciones para concienciar a la gente y descubrís que por la red, sin haber apenas gastado nada, han conseguido el mismo efecto llamada que buscabas.

– ¿Y el futuro?.
– El futuro es vuestro, chicos. De vosotros depende lo que ocurra. Vuestro futuro está decidiéndose en la red. Así que, no dejéis pasar la oportunidad de expresar vuestras ideas – Santiago miró, uno a uno, a los chicos y continuó -. El candidato del partido que ahora gobierna no quiere saber nada del 15M, a pesar de que ya hay una facción de su grupo, gritando cambio. Y el jefe de la oposición ve tan clara su victoria en las próximas elecciones que no va a mover un dedo por oír a los indignados. Pensarlo bien. En los próximos meses va a haber una guerra: los políticos intentarán controlar la red en base a crear leyes para prohibir la libertad de expresión y vosotros tendréis que impedirlo, porqué la Red es el único reducto que ellos no tienen. La sociedad está cambiando las reglas del juego y los políticos hacen lo único que saben hacer: miran a otro lado o se dedican a criminalizar aquello que no entienden. Sueño con ver la cara del previsible futuro jefe de gobierno si este movimiento, el 15M, le impide salir victorioso en las elecciones. Será la cara de alguien que no entiende absolutamente nada.