Conversaciones en el hoyo 19: Demo qué?

— Acabo de leer un artículo que me ha gustado—explicó Juan, añadiendo:— explica que tenemos la tendencia a juzgar el sistema político de un país en función de sus procedimientos: elecciones, separación de poderes, libertad de prensa…
— Claro. Esto es lo que demuestra si es ó no una democracia—dijo Santiago.
— El problema es que esos procedimientos no son garantía de la democracia, aunque los usemos para enjuiciar a otros países—continuó explicando Juan—. La pregunta clave es: ¿para qué sirve un gobierno?. En teoría, para solucionar los problemas de la sociedad. Este es el fin del gobierno. ¿Se cumple esta finalidad en los países “democráticos”?.


— Yo creo que no—contestó Pascual—. Votamos cada cuatro años pero el partido ganador de las elecciones, en lugar de cumplir sus promesas electorales, se dedica a acatar las órdenes de los mercados, las multinacionales, el gran capital… Vamos, que no cumplen con la finalidad del gobierno. Por eso, poco a poco se están cargando la sanidad, la educación, la vivienda ha dejado de ser un lugar para vivir y se ha convertido en un lugar para invertir, la prensa es la que decide que información consumiremos…
— Eso explica los porcentajes tan bajos de votantes—añadió Inés—. La gente es cada vez más consciente de que nuestras instituciones no son otra cosa que teatritos cuya utilidad es prácticamente nula. Que no son ellos quienes gobiernan.


— Exacto. Y ahora vayamos a China—siguió explicando Juan—. Ellos no cumplen con los procedimientos que nosotros usamos para juzgar a otros países.En realidad están obsesionados por los resultados. El gobierno busca cumplir con su finalidad: solucionar los problemas de su sociedad, los que implica mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Ha sacado de la pobreza a millones de ciudadanos, ha creado viviendas protegidas, ha mejorado la educación… Quizás porqué pueden – y lo han hecho- hacer una planificación sostenida durante décadas. Algo que las democracias liberales no pueden hacer, ya que un gobierno suele durar cuatro años y el siguiente gobierno lo primero que hará es cargarse las mejoras del gobierno anterior. Es cierto que en China no existe la libertad. Pero su gobierno ha dedicado su tiempo en ir mejorando a su sociedad. Quizás haciendo cosas que a nosotros nos repugnan. Pero si nos atenemos a los fines, China ha demostrado que la función del gobierno se ha de medir en base a si cumple su finalidad, que es mejorar a su sociedad.
— Es evidente que si nos atenemos a ese criterio, el de la finalidad del gobierno, ningún país occidental podría enorgullecerse de su democracia—añadió Santiago—. Y aún así nos dedicamos a asegurar que nuestro sistema político es el mejor.


— Y a impedir gobiernos no democráticos, como hace Estados Unidos, que es incapaz de aceptar otras ideas que las propias—dijo Pascual—. Así le va a Cuba, que lleva décadas bloqueada por USA, por tener ideas diferentes. Hoy en día, no hay país en el mundo, salvo China, capaz de establecer un sistema de gobierno que no sea esa pseudodemocracia que tenemos todos.
— Quizás tengamos suerte y ese payaso que han puesto de presidente acaba de hundir a su país, lo que beneficiaría al resto del mundo—indicó Juan, riendo.

Conversaciones en el hoyo 19: una IA

— Hay que ver en lo que se está convirtiendo el mundo—dijo Inés—. Los Estados Unidos están mostrando su verdadera cara.
— De eso hace muchos años que nos la muestran—contestó Juan—. En 1954 en Guatemala, invadida por los norteamericanos; Indonesia, organizando un golpe de estado de Suharto; Brasil, que fue bloqueado y organizó un golpe de estado en 1964; Chile, con el golpe de estado de Pinochet; Irán que intentó nacionalizar el petroleo, sufrió un golpe de estado;República Dominicana, con invasión de marines norteamericanos; Haití donde Aristide ganó las elecciones y otro golpe de estado puso fin a su gobierno. En el año 2000 Aristide volvió a ganar las elecciones y tres golpes de estado intentaron derrocarlo. La tercera vez, lo consiguieron; Colombia, donde fueron asesinados doce mil sindicalistas y un montón de alcaldes, concejales, senadores e incluso candidatos a la presidencia;Nicaragua bloqueada por Estados Unidos, que estuvo en guerra interna hasta que la población, harta de guerrilleros, votó la Unión Nacional Opositora, y así les ha ido; Rusia, donde Yeltsin disolvió el Soviet Supremo y la cámara legislativa. Claro está, con la ayuda norteamericana; Venezuela, Vietnam, Cuba, son otros ejemplos de las intenciones de controlar el mundo por los norteamericanos.
— Dicen que están en contra del comunismo, pero en realidad están en contra de la democracia—añadió Pascual.
— Lo que demuestra que no hay país en el mundo que pueda acceder a la Democracia, mientras USA tenga poder—dijo Santiago.


— Yo soy partidario de ir creando democracias en los distintos pueblos—propuso Pascual—. Cuando muchos pueblos tengan una verdadera democracia, el estado no tendrá más remedio que adaptarse.
— Me parece muy difícil. Los pueblos también tienen sus caciques que impedirán que prospere la democracia—Inés lo tenía claro.
— Hay otra posibilidad. Confiar en la IA—propuso Juan—. Intentar crear una IA que aprenda de nuestra historia, nuestra cultura. Eso si: creada por científicos, humanistas, intelectuales y no por millonarios ociosos. Quizás añadiendo los tres principios de Asimov de la robótica.
— ¿Las tres leyes de Asimov de la robótica?—preguntó Santiago.
— Si. Son las tres leyes que creó Isaac Asimov en sus libros de ciencia ficción—repuso Juan, añadiendo—: la primera establece que un robot no hará daño a un ser humano ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño. La segunda ley obliga a obedecer las órdenes de los seres humanos, siempre y cuando no contradigan la primera ley. La tercera obliga a proteger la propia existencia, siempre y cuando no entre en conflicto con las dos primeras leyes. Con los años Asimov añadió la ley cero: un robot no puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daños. Con una IA que cumpliera estas leyes y tuviera conocimientos suficientes acabarían las guerras, la corrupción, la prevaricación, los grupos de millonarios estableciendo las políticas a seguir… En fin, una sociedad en la que todos los seres serían iguales, lo que nos lleva a la famosa plaza vacía, que siempre ha estado llena. Imaginad una IA para el poder ejecutivo, otra para el jurídico y otra para el legislativo, eso si, con el asesoramiento de personas humanas. Quizás todo cambiara de esa forma. En lugar de votar a personas ó partidos políticos se votarían propuestas políticas.


— La verdad es que la propuesta es hermosa, pero impracticable—opinó Inés—. Siempre aparecería un Trump para impedirlo. Y una IA carece de intuición, empatía y comprensión del contexto cultural. La pregunta es: quién escribiría el código de la IA. Si el programador es corrupto, mal andamos. Tendría que ser el código de la IA, abierto. Para que quien quiera pueda estudiarlo. Lo que está claro es que los humanos encontrarían maneras de hackear el código. O intentarían manipular a los que lo escriben. El problema es de naturaleza humana.
— Moraleja—resumió Juan, riendo—. La única manera de acabar con las guerras es contratar un robot como el de la película “Ultimátum a la Tierra*” capaz de destruir todo el armamento. Y si no hay guerras, no hay ejércitos por lo que el control de los ciudadanos desaparecería.

* Ultimatum a la tierra. The Day the Earth Stood Still