Conversaciones en el hoyo 19: la segunda guerra mundial

—A falta de seis hoyos, nos cae el diluvio universal—protestó Santiago mientras, con sus compañeros, se sentaba en una mesa del bar. El camarero fue hacia ellos.
—¿Qué desean tomar?.
—¿Tenéis helados que no sean industriales?—preguntó Pascual. Miró hacia la barra y vio la nevera de los helados con la marca de una conocida empresa grabada en el frontal—ya veo que no. Pues tomaré un cortado.
—Una cerveza para mi—dijo Santiago.
—Un café solo—dijo Inés. El camarero se dirigió a la barra e Inés preguntó a Pascual:—¿qué les pasa a los helados industriales?.
—Tienen algún componente que me repite en el estómago. Algún conservante, antioxidante o lo que sea. Siempre busco heladerías que elaboren sus propios helados y ya me parecía que en el bar de un golf es muy poco probable que tengan helados propios.
—Pues ahora que lo dices, me pasa algo parecido cuando tomo un helado—dijo Inés, mientras el camarero, ya de vuelta, iba dejando los cafés y la cerveza en la mesa.
—¿Será que sois unos finolis?—apuntó Santiago, riendo.
—Es posible—repuso Pascual, mientras el camarero regresaba a la barra—. Tal vez estoy demasiado acostumbrado a los helados artesanales y cuando tomo uno industrial, noto la diferencia al momento y mi estómago me lo recuerda el resto del día.


—Acabo de terminar un libro que me ha encantado—dijo Inés, cambiando de tema—. Se llama “bajo un cielo escarlata”, de un tal Sullivan. Narra la historia de un joven en Milán, durante la guerra, en plena ocupación Nazi.
—Uf. Tiene pinta de ser un libro duro de leer—opinó Santiago.
—No te negaré que alguna vez, durante su lectura, se me saltaron las lágrimas—repuso Inés—. Pero y sin haceros spoilers, el protagonista salvó la vida de muchos judíos y espió al general del que era chofer, ayudando así a la resistencia. Además, me ha dado una nueva perspectiva al famoso “Nessun dorma” de Puccini.
—¿Qué pinta Puccini en la historia del libro?—inquirió Santiago.
—Puccini no pinta nada. Sin embargo, su aria si tiene relevancia en el libro.
—¿Conoces la aria?—preguntó Santiago a Pascual en voz baja.
—Desde luego. Es de la ópera Turandot, que Puccini no llegó a terminar, ya que murió, poco después de componer “Nessun dorma”. Y seguro que conoces la aria. La has oído muchas veces—dijo Pascual, que cerró los ojos, se aclaró la garganta y cantó a media voz: “Ma il mio mistero è chiuso in me, il nome mio nessun saprà!, no, no sulla tua bocca lo dirò!… quando la luce splenderà, ed il mio bacio scioglierà il silenzio che ti fa mia!…”.
—¡Bravo!—aplaudieron Inés y Santiago.
—Tenías razón. La conozco. ¡La ponían en el Madrid antes de los partidos!—rio Santiago.
—¿Desde cuando te interesa el fútbol?—preguntó Inés—. Desconocía esta faceta tuya.
—Nunca me ha gustado, pero cuando tienes un bar, has de tener una buena pantalla para que los parroquianos puedan ver el fútbol. No lo miraba, pero lo oía.


—Pues ya puestos en la segunda guerra mundial, os recomiendo una película: “la conspiración del silencio”, de Giulio Ricciarelli.
—¿Cine bélico?—preguntó Santiago.
—No—repuso Pascual—. Pero es una película curiosa. Al terminar la guerra, los alemanes se enteraron de las atrocidades que habían cometido los nazis durante la misma. Sin embargo, en 1958 un fiscal, harto de tener que dedicarse a infracciones de tráfico, empieza a investigar las denuncias de un periodista sobre los campos de concentración y poco a poco va descubriendo que las atrocidades que hubo en esos campos no son producto de una minoría de nazis si no de toda una generación de alemanes. Alemanes que al acabar la guerra, colgaron sus uniformes y vestidos de paisano, regresaron a sus casas y “aquí no ha pasado nada”. Verdugos, torturadores, asesinos, durante años vivieron en la impunidad hasta que ese fiscal empezó a investigar, por medio de supervivientes de los campos de concentración y también a través de la excesiva burocracia de los nazis que lo tenían todo documentado.
—No sé que me recuerda…—ironizó Inés.
—Los dirigentes alemanes—Pascual iba lanzado—no quería saber nada de estos hechos y de ahí que hubiera esa conspiración de silencio. Mucho trabajo le costó al fiscal conseguir un cierto apoyo de sus superiores y al final, consiguió inculpar a un montón de personas que habían intervenido directa e indirectamente en las salvajadas que habían ocurrido en los campos de exterminio.
—Lo cual demuestra—apuntó Inés—el grado de civilización de los alemanes. ¡Que diferencia de país!.
—¿Comparado con cual?—preguntó Santiago.
—Con el nuestro—contestó Inés—. Y me paro aquí. Ha dejado de llover, está saliendo el sol y nos quedan seis hoyos por jugar. ¿Vamos?.
—¡Y tanto—contestaron ambos compañeros, levantándose de sus sillas.
—A ver cómo pateamos con los greens anegados—rio Pascual.

Conversaciones en el hoyo 19: trampas con la tecnología

— El día del “draw”. Así podría llamarse esta jornada —dijo Juan, contento.
— Realmente te han salido de fábula. No has perdido una sola calle—le contestó Inés.
— Lástima que no haya podido rematar el juego en el green—añadió Juan.
— Lo de siempre—apuntó Santiago—. Nunca tenemos la fortuna de jugar bien todas las fases del juego. Si el swing te va bien, te falla el putt, ó el aproach, ó el chip.
— Bueno. Yo me llevaré a casa el mejor swing que he hecho hoy, con su maravilloso draw —dijo Juan—. Lo tengo grabado en mi mente.


— Yo tengo grabado en mi mente el último juego que he comprado—dijo Pascual—. No consigo avanzar. Algo se me escapa y no sé que es.
— ¿Has mirado el manual?—preguntó Inés.
— ¿Manual?. ¿Qué manual?. Hoy en día no hay manuales para los juegos por ordenador. Hace veinte años, comprabas un juego y en la caja te venía un manual que era como un libro. Te lo contaba todo. Hoy, desde que Steam es la única tienda de juegos, ya no te lo hacen—dijo Pascual—. Como mucho hay un mini tutorial que te enseña lo más básico. Te cobran lo mismo que antes, pero ahora ya no hay manual. Si tienes la suerte de encontrar algo que te explique cómo funciona el juego, es porqué alguien de la comunidad lo ha redactado. Y si no tienes esa suerte, has de buscar algún vídeo en el que alguien te explica los rudimentos del juego, utilizando la jerga más enrevesada posible, para demostrarnos lo mucho que domina el juego. El problema es que los usuarios decimos sí a todo. Años atrás, sin manual, los desarrolladores de juegos, no hubieran conseguido vender nada. Hoy, se lo permitimos. E incluso nos hacen tragar su “DRM”.


— ¿DRM?—preguntó Santiago.
— Si. Es una rutina que añaden al juego, que impide que lo puedas ejecutar si no es a través del programa de Steam. Date de baja de Steam y todos los juegos que en su día les compraste dejarán de funcionar. Amazon hace lo mismo con los libros digitales que vende. Todos ellos llevan drm y eso te impide llevar el libro a un dispositivo que no esté controlado por ellos. Algo tan fácil como el hecho de prestar o vender un libro, según y como, es imposible de hacer hoy en día—Pascual suspiró y bebió un trago de cerveza—. Hace una semana, Microsoft cerró una librería que tenía para vender libros digitales. Todos los libros que habían vendido dejaron de funcionarles a los usuarios debido al cierre de esa librería, ya que el drm comprobaba a través de ella si el libro era legal ó no.
— Tela—dijo Inés.


— Lo peor es que nos dejamos hacer y les seguimos el juego, comprándoles a pesar de todo —continuó Pascual—. Hoy compras un libro en la tienda de Google y no lo podrás leer en un dispositivo kindle, el que vende Amazon, ya que cada tienda tiene su drm diferente. Y si compras a Amazon has de indicarles en que ordenadores, tablets o móviles vas a tener el libro. Pero, ¿quiénes son ellos para que tengamos que decirles los dispositivos que tenemos en casa?. Eso está en contra de la privacidad. Compramos un libro digital, pero en realidad lo alquilamos. A precio de compra, por cierto. Cuando a ellos les parezca, te lo pueden quitar de tu dispositivo ó fijar desde dónde lo puedes leer. Y si a eso le añadimos que por el hecho de comprar cualquier dispositivo, ya nos están cobrando un porcentaje para la sociedad de autores, en compensación por el posible uso fraudulento del mismo – ya que se nos considera a todos unos piratas -, tenemos el perfil completo: compramos un libro, que nunca será nuestro por culpa del maldito drm. Lo ponemos en el kindle, Kobo, ordenador, tablet, móvil ó similar en el que ya nos han cobrado una compensación para la SGAE. Si este criterio mismo de considerar a todos culpables se aplicara al pp que tiene 900 personas “investigadas”, hace tiempo que ese partido hubiera dejado de existir.


— ¡Ala!, ¿es eso cierto, lo del drm?—preguntó Santiago.
— Totalmente. Mientras te muevas en el ámbito de Amazon, si utilizas un kindle, no tendrás problemas para leer sus libros. Pero, a la que cambies de tienda ó la marca de tu dispositivo, tu lector será incapaz de permitir que leas algo que no es suyo. Es una tomadura de pelo, pero nos dejamos hacer. Somos así de gilipollas. Mucha tecnología pero demasiada trampa encubierta. Estamos comprando libros que nunca serán nuestros. E insisto: los pagamos a precio de compra, no de alquiler. ¿Qué será lo siguiente?. ¿Que nos vendan altavoces caseros conectados a nuestra red para poder escuchar lo que decimos en casa?. ¿Asistentes en el móvil para enterarse de lo que hacemos, lo que decimos, por dónde vamos y lo que compramos?. ¿Coches conectados que no te permitirán ir a ciertos lugares o que te obligarán a usar autopistas de peaje?. ¿Televisores conectados que nos machacarán a anuncios?.
— ¡Viva la tecnología!. Moraleja: seguir comprando libros de papel — dijo Inés —. Y seguir acumulando polvo en las estanterías.

Draw: efecto que se aplica al swing, mediante el cual la bola realiza una trayectoria curva de derecha a izquierda.

Conversaciones en el hoyo 19: indagaciones

— Gran jornada la de hoy—sonrió satisfecho Santiago, mirando a sus dos compañeros. Juan no había ido a jugar con ellos, en esta ocasión—. Podría decirse que todos nosotros hemos estado en el par del campo.
— Si. Todos estábamos finos—puntualizó Pascual—. Por regla general, el día que tienes un buen swing, te falla el ship, el approach o sobre todo el putt. Y nos ha funcionado todo. En mi caso, teniendo en cuenta que yo estrenaba putter, Que por cierto, no os he contado cómo fue la compra del putter.
— Cuéntalo, ¿algún problema?— preguntó Inés.
— He de reconocer que aluciné en la tienda. Querían venderme un putter de casi quinientos euros. Al parecer lleva un contrapeso a cada lado, están hechos de una aleación que aprovecha la inercia de la bola en el green y que compensa el cambio en tu aerodinámica si un día te has peinado mal—bromeó Pascual.
— Y al final compraste…—apuntó Inés.


— Un putter que ya me pareció caro: setenta euros—respondió Pascual—. Teniendo en cuenta que con práctica, con una escoba puedes patear sin problemas, ya me está bien el putter que compré. Supongo que el que se gasta cuatrocientos euros en un palo de estos, en realidad lo hace por la parte psicológica y piensa que esa compra le solucionará sus deficiencias.
— Ah. Deporte de pijos—soltó Santiago—. Seguro que muchos de los que compran estos putters lo hacen para enseñarlos a sus compañeros de juego.
— En fin: lo da el país. Así somos—Inés bebió un sorbo de su cerveza—. Bueno. ¿Tenemos informes acerca Juan?.


— Escasos— dijo Santiago—. Este tío es todo un misterio. No hay referencia alguna en Internet que hable de él.
— Bueno, bueno—dijo Inés—. Seguro que lo has buscado en google y no sé si te has dado cuenta que ese buscador cada vez encuentra menos cosas y lo malo es que no hay apenas alternativas. Y la mayoría de los buscadores hacen su consulta en google.
— Entonces no sabemos nada de él—dijo Pascual.
— Espera. Yo he hablado mucho con él—dijo Inés—. Y puedo deducir que se trata de una persona muy solitaria, que no se fía de la gente. Que vive su vida de forma totalmente independiente. No le gusta el cine español, no escucha la radio ni ve la televisión. Ha hecho la mili y, supongo que debido a ello, odia el ejército. Es republicano y toca muy bien el piano.
— ¿Cómo sabes que toca el piano?—preguntó Pascual.


— Hay un vídeo suyo en Internet. Supongo que conocéis esa iniciativa que consiste en poner pianos en lugares públicos, como aeropuertos, plazas y calles peatonales—explicó Inés—. Pues él se sentó al piano en un aeropuerto y se puso a tocar sin saber que lo estaban grabando. Y menuda manera de tocar, por cierto. La escasa gente que había a aquellas horas de la madrugada en el aeropuerto, estaba emocionada con su interpretación de una pieza de Liszt. Más cosas: nunca compra nada que haya sido anunciado. Considera los anuncios como acoso de las empresas hacia sus clientes y nunca lo veréis llevando ropa con logos de marcas. Evita también comprar en empresas de EEUU y nunca compra a multinacionales.
— Joder, ¡que tío tan curioso!.


— Yo diría que se trata de uno de los pocos individuos que es consecuente con su forma de pensar— dijo Pascual —. Teniendo en cuenta la de veces que se descubre alguna multinacional haciendo trampas, ya sea explotando niños en ciertos países, ya sea influenciando gobiernos ó devastando bosques, lo consecuente sería que dejáramos de comprar a estas empresas depredadoras. Con los anuncios también estoy de acuerdo. Sorprende que pueda ser un delito que una persona acose a otra y que sin embargo se acepte que una empresa acose con sus anuncios. Las pocas veces que veo la televisión me maravillo de que te machaquen con los mismos anuncios una y otra vez. Siempre lo he considerado un insulto a los posibles clientes. Y no veáis si tenéis una de las televisiones modernas, esas que tienen el smart-tv. Si está conectada a la red, te aparecen anuncios en ventanas superpuestas, además de los que emite la propia televisión.
— Pero las televisiones viven de eso…—apuntó Santiago.
— Pues que busquen otra fórmula—Pascual estaba indignado—. Antes, las televisiones de pago se anunciaban diciendo que no ponían anuncios. Y ahora ellos también los ponen. Y no hablemos de las webs. Mi bloqueador de anuncios saca humo cada vez que navego. Mi sueño sería tener una aplicación en el móvil que me indicara las marcas que nos castigan con sus anuncios, para no comprarles nunca. Aunque sospecho que no quedaría nada que comprar…


— Imaginad que desaparecieran los anuncios en la prensa escrita, en la radio y en la televisión—añadió Inés—. Quizás se minimizaría el control de las empresas hacia los medios. Tendríamos una prensa más libre y las noticias se irían acercando a la realidad a diferencia de lo de ahora, que no es otra cosa que manipulación pura y dura.
— No me digas que lees la prensa—rio Santiago.
— Por encima y a través de Internet. Lo que me gusta es aquella prensa que permite a sus lectores escribir comentarios en sus noticias. Es de las cosas que me reconcilian con nuestro país ya que el nivel de crítica y sarcasmo es muy alto y de alguna manera, sirve como control a la prensa. Sospecho que los periodistas empiezan a tener en cuenta los posibles comentarios, antes de publicar una noticia. Tal vez de esta forma empiecen a desaparecer esas estupideces que publica la prensa acerca del último vestido que los españoles le hemos pagado a la mujer de ese monarca que nos impusieron.
— Bueno. Ya hemos cotilleado sobre Juan—dijo Pascual.
— Supongo que ahora que lo conocemos mejor. Lo iremos entendiendo —dijo Santiago.

Putt: consiste en impulsar la bola de golf en distancias cortas, principalmente en el green.
Putter: es el palo con el que se hace el putt.
Ship y approach: golpes que dan los jugadores para dejar la bola en el green, desde los aledaños del mismo.
Par: es la cantidad fijada de golpes para embocar la bola en un hoyo o campo, según cuáles sean las distancias. Hay hoyos de par tres, cuatro o cinco.