Conversaciones en el hoyo 19: Internet

— Estaba buscando una cosa en Google y me han salido dos links de lo que buscaba y mil links que no tenían nada que ver—explicó Pascual—. Hace diez años todas las búsquedas te llevaban a lo que estabas buscando. Un buscador ya no es lo que era.
— Aparte de los datos que les has entregado a los de Google al hacer la búsqueda…—añadió Juan, riendo—. Hoy en día Internet ha cambiado. Recuerdo que cuando empezó Internet todos nos prometíamos que sería libre y ahora no es más que un conglomerado de multinacionales que trafican con nuestros datos.
— Supongo que es debido a los tejemanejes de las empresas norteamericanas— dijo Inés—. Es difícil encontrar una empresa que no sea de aquel país: X, Amazon, Apple, Windows, Steam, Facebook. Todas las empresas son norteamericanas y abusan de su posición. Los libros digitales que vende Amazon, en realidad son alquilados, a precio de venta. Los juegos de Steam también son alquilados, a precio de venta. Nos están estafando y nosotros lo permitimos. Respecto a Windows, temo el mensaje que me anuncia una actualización, ya que eso pone en peligro algo que, más ó menos funciona. Y no puedo impedir esa actualización, ya que quiera ó no me la aplica igualmente. Deberíamos dejar de comprar productos de Usa.


— Y dejar de ver películas de aquel país, ya que todas ó casi todas se dedican a fomentar la violencia— añadió Santiago—. Prefiero el cine europeo, incluso el asiático.
— Tengo en el móvil una aplicación que me indica la nacionalidad de los productos que compramos— dijo Inés—. Y os sorprendería la cantidad de productos que comemos que son norteamericanos.
— Lo cierto es que, poco a poco, nos están educando a la norteamericana y eso no es bueno para nosotros— indicó Juan—. Su cultura, si se le puede llamar cultura a eso que exportan, es una mierda.
— Es curioso que ningún país haya rechazado esa basura— añadió Pascual—. Supongo que se debe al chantaje que hace y ha hecho ese país al resto del mundo.
— Y lo de ahora es demencial— dijo riendo Santiago—. Un país creado por inmigrantes expulsando a los inmigrantes. Si fueran fieles a sus principios, no quedaría nadie en ese país. Sólo quedarían los indios, si es que queda alguno de ellos con vida.
— Y cuya economía se basa en expandirse a otros países a base de guerras— añadió Inés—. Es un poco como el vecino de Santiago que por haber ganado una medalla de plata en no sé que deporte, le hace pensar que está por encima de las leyes de su país y se dedica a abusar de los otros vecinos.


— Bueno. Teniendo en cuenta que el presidente que tiene Estados Unidos es un inútil, es muy posible que en unos pocos años el país se hunda—dijo Santiago.
— Hombre, si tenemos que hablar de inútiles, nuestro país lleva muchos años teniendo a inútiles de presidentes del gobierno y ninguno ha hundido al país— añadió riendo Pascual—. Quizás porqué los poderes fácticos son los que realmente gobiernan. El problema de Estados unidos es que los poderes fácticos que antes gobernaban ocultos, ahora han salido a la luz y han demostrado al resto del mundo que son tan inútiles como los propios presidentes.
— Y egoístas. Porqué si algo han demostrado es que les importa un rábano la gente que no está en su posición— dijo Juan—. Mira que sería fácil conseguir que la gente pudiera vivir con dignidad, independientemente de su nivel económico y dándoles acceso a una buena cultura.
— Pero no interesa. Cuanto menos cultura, más posibilidades de conseguir que la gente siga votando a inútiles como los de ahora—concluyó Pascual.

Conversaciones en el hoyo 19: idiomas

— Es curioso…—dijo Pascual, pensativo.
— ¿Qué es curioso?—preguntó Inés.
— No sé si os habéis fijado en ello—respondió Pascual—. Todos los grupos de jugadores que hemos ido encontrando en el campo hablaban entre ellos en castellano. Y cuando nosotros les interpelábamos, se pasaban al catalán a pesar de que iniciábamos la conversación con ellos en castellano.
— Desde luego que es curioso—contestó Juan—. ¿Cuál será la causa?.
—Sólo se me ocurre una—dijo Pascual—. El miedo social.
— ¿Y eso qué es?—preguntó Santiago.
— No es más que una teoría mía—repuso Pascual—. A todos nos gusta caer bien a los demás. La prueba son los millones de personas que viven pendientes de su aceptación en las redes sociales por los demás usuarios. Aquí en Cataluña está bien visto que hables catalán. Para muchos es una manera de diferenciarte de la “chusma” que no lo habla. Una manera de decir al interlocutor que tienes una cierta cultura que el otro no tiene. Me pregunto, ¿cuándo habláis en castellano y cuando lo hacéis en catalán?.


— Depende del interlocutor—contestó Inés—. Cuando te hablan en castellano contesto en castellano. Cuando lo hacen en catalán les hablo en catalán.
— Yo también—contestó Santiago.
— Y yo—dijo Juan.
— Y ¿en qué idioma pensáis?—preguntó Pascual.
— En castellano—repuso Inés—. En nuestra infancia el catalán estaba prohibido por el dictador y aprendimos a pensar en castellano. Es curioso, pero nuestra sociedad se mueve de forma pendular: vamos de un extremo a otro. Durante la dictadura no se podía hablar en catalán. Ahora estamos en el otro extremo y lo que está mal visto es hablar en castellano. Supongo que es obra de nuestros políticos que aún no se han dado cuenta de que la mayoría de la gente habla en castellano con los suyos…
— Y hablan en catalán con los desconocidos—puntualizó Pascual—. Para quedar bien.


— Y ¿qué os parece el asalto de la ultraderecha en el mundo?— preguntó Juan, cambiando de tema.
— Me parece curioso que tengan tantos votantes. Me recuerda un poco a la historia del emperador Claudio que narró Robert Graves— contestó Pascual—. Claudio era republicano. No le gustaba la figura del emperador, aunque no tuvo más remedio que serlo. Al final de su vida, se dejó envenenar por su esposa, que quería poner en su lugar a su hijo Nerón, un chico que estaba medio loco. Pensó que Nerón se cargaría la monarquía y así se restablecería la república. Y tengo la sensación de que la gente está actuando igual con la extremo-derecha: votar por unos años de desatino para al final volver a los cauces normales. De esta forma, en el poder, los “ultras” se desprestigiarán ellos solos, como pretendía Claudio con Nerón.
— Dudo que les funcione— puntualizó Inés—. Esos tíos son capaces de eliminar el mundo.


— Bueno. A nosotros nos da lo mismo—contestó Santiago—. Ya somos viejos y lo único que nos queda por hacer es estirar la pata. Por cierto, el otro día una operadora me llamó viejo porqué al llamarme para que aceptara las nuevas condiciones de mi contrato le dije que cuando me llegara el contrato por correo, me lo leería y decidiría si dar ó no mi consentimiento. Me dijo que hoy en día ya no se envían los contratos por escrito y que tenía que leerlo en la página web. Vamos. Que yo estaba desfasado y que soy viejo por no aceptar algo que hoy en día se hace. Le contesté que el contenido de una página web puede ser cambiado en cinco minutos de forma unilateral y que un contrato por escrito, firmado y en mi poder no puede ser modificado por nadie.
— Ah. El mundo está cambiando y para mal—contestó Juan—. Estoy de acuerdo con tu punto de vista. La de operadoras de telefonía que venden que tu contrato te mantendrá el precio “de por vida” y a los seis meses te suben el importe de la factura sin avisarte. O Steam que te vende los juegos que nunca serán tuyos ya que llevan drm y si no te conectas a esa empresa no podrás jugar, Ni venderlos ni regalarlos. Es un timo. Si hablaran de alquilar juegos y pusieran precios de alquiler, tendría más lógica. No hace mucho, Steam anunció que en caso de fallecimiento de un usuario, los juegos se perdían y ningún descendiente podría tener acceso a los juegos del finado. Y lo mismo pasa con Amazon que te vende libros que nunca serán tuyos por la misma razón. Menudo concepto tienen de lo que es la propiedad. Y lo peor es que los clientes no buscan alternativas a ese timo y siguen comprando en esas tiendas.
— Lo que yo digo: nos mean encima y nos hacen creer que llueve—dijo riendo Inés.