Felisa y el Código de Conducta Empresarial

De: Dirección General

A: Todos los empleados


Sres.


…ruego realicen los ejercicios prácticos sobre «El Código de Conducta Empresarial» que aparecen en la intranet.

Felisa estaba en su despacho, delante del ordenador.

Ejemplo 18

“Gómez Ltd.” tiene una cuota de mercado del 65% en el mercado italiano de cosméticos. La reconocida y recientemente muy exitosa empresa francesa de cosméticos “La Belle Femme” quiere ampliar su negocio en Italia. Frente a esta situación, “Gómez Ltd.” baja su lista de precios hasta un precio básico que es bastante inferior al coste. Como es de esperar, los precios nuevos son muy bien recibidos por las mujeres italianas y “La Belle Femme” no tiene éxito en su entrada en el mercado italiano.


¿Actúa “Gómez Ltd.” conforme a la ley?


1.- Si


2.- No

Felisa tecleó 2.

La respuesta correcta es No. “Gómez Ltd.”, al introducir precios por debajo del coste, no limitándose sólo una promoción puntual, evita la entrada de nuevos competidores en este mercado ya que no pueden competir con dichos precios. Dada su cuota de mercado, se trata de un clásico ejemplo de abuso de posición dominante. La ley antimonopolio es muy completa y está sujeta a la legislación local. Cuando tenga dudas, consulte siempre al departamento jurídico.

Enhorabuena. Ha completado el test sin ningún error. Pulse el botón «anexo».

Felisa pulsó el botón.

Anexo ejemplo 1


Usted, como jefe intermedio, recibe una denuncia con pruebas, acerca de uno de sus subalternos, un jefe que acosa a sus inferiores, los discrimina no respetando su dignidad personal.
Se da la circunstancia de que se trata de un jefe cuyas decisiones políticas suelen ser muy acertadas y por ello su presencia es muy necesaria para usted.

1.- La empresa es lo primero y las acertadas decisiones del acusado pesan más que sus actuaciones vejatorias. Usted decide mirar hacia otro lado.

2.- Denuncia a RRHH los procedimientos de ese jefe, aportando las pruebas que tiene en su poder.

Tecleó 2.


Por favor, teclee la verdad.

Tecleó 2 de nuevo.


Por favor teclee la verdad.

Tecleó 2 otra vez.


Por favor, teclee la verdad.

Tecleó 1.


No debe mirar hacia otro lado sino hacer frente a la situación.

La Compañía tiene el compromiso de proteger frente al acoso; asimismo, llevará a cabo una investigación objetiva y de ese modo protegerá los derechos de la parte incriminada. Su obligación era denunciar el caso y no lo hizo.

Escriba: «No debo mirar hacia otro lado sino hacer frente a la situación», doscientas veces.

Felisa cerró la ventana del navegador.
Casi de inmediato se volvió a abrir con una frase, sobre fondo negro:

Tiene pendiente escribir una frase doscientas veces.

Pulsó la tecla enter.
Se borró el mensaje y volvió a aparecer. Cerró la ventana de nuevo. Volvió a abrirse con la frase, de nuevo.
Pulsó el botón de encendido del ordenador. Mantuvo el dedo hasta que se produjo el apagado.

Volvió a pulsar el botón y el ordenador empezó a ponerse en marcha. Se quedó mirando el monitor, siguiendo la secuencia de arranque. Al fin, tras casi cinco minutos, apareció la pantalla de entrada. Pulsó las tres teclas, tecleó la contraseña y el botón «aceptar».
Tuvo que esperar otros tres minutos.
Por fin apareció el escritorio.
Abrió el programa de correo.

Casi de inmediato recibió un email, con remitente «Código de Conducta Ética».
Lo abrió.

«Tiene pendiente escribir una frase doscientas veces. La frase que ha de escribir es: No debo mirar hacia otro lado sino hacer frente a la situación.«

Casi al momento se abrió el navegador con la pantalla en negro y las mismas frases en rojo.

Felisa se puso a teclear la frase. Una vez, dos veces, tres… Cuando llevaba cien veces se le ocurrió una idea: seleccionó la frase y pulsó la tecla CRTL y la C. Al momento apareció un mensaje.

«No vale hacer trampas. Vuelva a empezar«.

Se borró todo lo que había escrito y no tuvo más remedio que teclear doscientas veces la frase.
Al terminar apareció un nuevo mensaje:

«Ya ha terminado de escribir la frase doscientas veces.
Sepa que por no haber actuado, el departamento de medicina de empresa tuvo que atender a varias personas por depresión y trastornos de ansiedad. Otras víctimas del acosador tuvieron que dejar la empresa y los que consiguieron superar los casi treinta años de vejaciones, están todos destrozados moralmente.


Pulse intro para continuar
«.

Una vez Felisa pulsó la tecla, se borró la pantalla y apareció:

Anexo ejemplo 2.

Su jefe, advierte usted, la mira con deseo. Se siente cada vez más incómoda porque éste parece haber desarrollado un interés por usted, algo que no comparte.

No sólo fija los ojos en usted sino que también elogia su aspecto físico y especialmente sus piernas. Realmente se siente incómoda con esta situación.

1.- Denuncia inmediatamente el acoso del jefe al departamento de RRHH.

2.- Es usted consciente de que carece de aptitudes para ascender en la empresa y sin embargo tiene ambición para llegar más alto. Varía su vestuario, comprando ropa más sensual. Faldas escandalosamente cortas, escotes muy pronunciados. Procura fomentar los encuentros a solas en el despacho del jefe y no pone reparos en hacer viajes de trabajo, a solas con él.

Felisa pulsó el uno.


Por favor, teclee la verdad
.

– ¡Mierda!. ¡»Eso» también lo sabe!.

Se despertó subitamente, bañada en sudor. Menos mal que todo había sido una pesadilla.

Por ningún momento se le ocurrió pensar que había una docena de personas que habían vivido una verdadera pesadilla.
No únicamente una noche, como ella.

Durante treinta años.

Ernesto y el atracador

Por regla general es difícil hablar cuando alguien te apunta con una pistola.

Sin embargo, Ernesto no se sentía cohibido por el arma de fuego.
Al entrar en el banco, para sacar dinero, ya le pareció que algo pasaba ahí.

Cuando se dio cuenta, un hombre encapuchado lo empujó a una habitación en la que había una gran caja fuerte.
– Ábrela – le dijo el enmascarado.
– Vale. Dame la clave.
– ¿Cómo?. ¿No la sabes?.
– Pues no. Da la casualidad de que no trabajo aquí. Y si trabajara, dudo que la supiera. Se da la circunstancia de que los banqueros, como buenos ladrones que son, no se fían ni de sus empleados. Supongo que este trasto debe tener apertura automática. Por lo menos así es en las películas.
– Ese cabrón del director nos ha engañado – dijo el encapuchado. Asomó la cabeza fuera de la habitación y gritó a su compañero -. Traeme al director.

Al momento entró de un empujón una persona maniatada, que fue a parar al suelo.
– ¿Dónde esta el cajero? – preguntó el ladrón -. me dijiste que era este tío.
– Lo dije para ganar tiempo. En estos momentos debe estar la calle atiborrada de policías, ya que pulsé el botón de alarma.
– Simpático el cabrón – dijo Ernesto.

– Cabrón es poco. Tenías que haber visto a la mujer que salió de su despacho cuando entramos – dijo el ladrón -. Salía llorando. Resulta que es una empleada y este cerdo la acosaba sexualmente.
– Ese no es tema vuestro – dijo el director -. Hago lo que quiero con mis empleados.
– Y yo hago lo que quiero con los directores maniatados – dijo Ernesto.

Se aproximó a la mesa y cogió la cuchara de un plato que había con una taza -. Solicito permiso para sacarle un ojo de ese cabrón.
Se aproximó al director, que echó la cara hacia atrás. Acercó la cuchara al ojo y se quedó esperando la respuesta.
– ¿De qué lado estás? – dijo el enmascarado.

– Del mío. Conozco a estos psicópatas. He tenido que aguantar a uno, durante muchos años. Ahora ya no lo tengo de jefe, pero odio pensar que éste y otros cabrones campan a sus anchas abusando de su autoridad, con el silencio cómplice de sus jefes y empleados. Déjame vaciarle un ojo.
– Mejor que no – dijo el ladrón -. Que luego me da por marearme.
– Menudo finolis. ¿Y tu eres ladrón de bancos?.
– Chico… Es la primera vez. Mi hija tiene una enfermedad y, estando como estaba, en el paro, tenía que conseguir dinero como fuera. He de llevarla a Estados Unidos para que la operen.
– Sospecho que se te han complicado las cosas, si es cierto que ahí fuera está la policía.

Como para dar la confirmación a sus palabras, comenzaron a oírse sirenas, fuera del banco.
Ernesto se levantó y fue a la mesa.
– ¿Quién es el que está contigo? – preguntó al atracador.
– Mi cuñado. Le pedí que viniera.
– Pues llámalo. Dile que venga.

El encapuchado fue a la puerta y llamó a su compañero. Ernesto se acercó por detrás y le sacudió un golpe en la cabeza, con un cenicero de metal que había cogido de la mesa. Lo ayudó a caer al suelo y cuando llegó su compañero le atizó también.
– Bien hecho – dijo el director -. Por un momento pensé que me ibas a sacar el ojo.
– Gracias -. Ernesto salió de la habitación y a poco regresó con unas cuerdas. Luego se puso a atar a los dos ladrones. Cuando terminó, cogió las pistolas y las inspeccionó.
– Um. Cargadas – sacó el cargador de una de ellas y vació la recámara.

Se puso la otra en el bolsillo.
– Desátame. Voy a llamar a la policía – dijo el director.
– Primero es lo primero. Quiero liquidar mi cuenta.
– ¿Cómo?.
– Me vas a dar todo el dinero de la cuenta. Date la vuelta.
El director se dio la vuelta y Ernesto lo desató. Luego sacó la pistola y echando el gatillo hacia atrás le dijo, apuntándole con el arma.
– Venga, Cancela mi cuenta y dame mi dinero.

El director se sentó en la mesa y se puso a teclear en el ordenador, mientras Ernesto lo observaba. Al terminar fue a la caja fuerte y la abrió. Sacó unos billetes y se puso a contarlos. Al terminar se los dio. Éste cogió un sobre de la mesa, metió dentro el dinero y también el resguardo del abono. Luego puso el sobre en el bolsillo de uno de los ladrones.
– ¿Qué está haciendo?.
– ¿Que qué estoy haciendo?. Estoy intentando poner un poco de justicia en el mundo. Llevo demasiados años viviendo una injusticia tras otra. Estos tíos no se merecen pasar el resto de su vida en la cárcel. Está la vida de una niña en juego. Voy a intentar arreglar un poco las cosas. Por un lado, estoy dando a estos hombres una segunda oportunidad. Y por el otro lado, yo ya he tenido suficiente. Si tuvieras una esposa como la mía lo entenderías. Si hubieras tenido una mierda de trabajo como el que he tenido, lo entenderías. Estoy harto de malvivir. Y estos hombres me han dado una buena razón para que mi vida no sea un auténtico fracaso. Por lo menos mi muerte, servirá de algo.

La calle estaba repleta de policías.
Tras muchas negociaciones, salieron dos hombres del banco, ambos encapuchados. Uno llevaba una pistola en su mano derecha. La policía los apuntó desde detrás de los coches que rodeaban el banco.
El otro hombre, se quedó mirando. Sonrió y metió la mano en el bolsillo. Cuando la sacó, relució una pistola.
Fue entonces cuando la policía empezó a disparar.

Una vez liberados los rehenes, la policía recogió los cadáveres. Estaban tan acribillados que tardaron días en reconocerlos.
El informe forense dejó intrigado al inspector que investigó el robo.
Uno de los dos ladrones era el director del banco. Su pistola estaba descargada y enganchada a su mano con cyanocrilato, pegamento rápido.
La pistola del otro cadáver también estaba descargada.
Llamaron a los testigos, quienes acudieron a comisaría a declarar. Los empleados dijeron que les pareció reconocer la voz del director en uno de los los encapuchados.

Dos de los testigos no acudieron a comisaría.
Estaban volando a Estados Unidos con una niña enferma.