Ernesto y el atracador

Por regla general es difícil hablar cuando alguien te apunta con una pistola.

Sin embargo, Ernesto no se sentía cohibido por el arma de fuego.
Al entrar en el banco, para sacar dinero, ya le pareció que algo pasaba ahí.

Cuando se dio cuenta, un hombre encapuchado lo empujó a una habitación en la que había una gran caja fuerte.
– Ábrela – le dijo el enmascarado.
– Vale. Dame la clave.
– ¿Cómo?. ¿No la sabes?.
– Pues no. Da la casualidad de que no trabajo aquí. Y si trabajara, dudo que la supiera. Se da la circunstancia de que los banqueros, como buenos ladrones que son, no se fían ni de sus empleados. Supongo que este trasto debe tener apertura automática. Por lo menos así es en las películas.
– Ese cabrón del director nos ha engañado – dijo el encapuchado. Asomó la cabeza fuera de la habitación y gritó a su compañero -. Traeme al director.

Al momento entró de un empujón una persona maniatada, que fue a parar al suelo.
– ¿Dónde esta el cajero? – preguntó el ladrón -. me dijiste que era este tío.
– Lo dije para ganar tiempo. En estos momentos debe estar la calle atiborrada de policías, ya que pulsé el botón de alarma.
– Simpático el cabrón – dijo Ernesto.

– Cabrón es poco. Tenías que haber visto a la mujer que salió de su despacho cuando entramos – dijo el ladrón -. Salía llorando. Resulta que es una empleada y este cerdo la acosaba sexualmente.
– Ese no es tema vuestro – dijo el director -. Hago lo que quiero con mis empleados.
– Y yo hago lo que quiero con los directores maniatados – dijo Ernesto.

Se aproximó a la mesa y cogió la cuchara de un plato que había con una taza -. Solicito permiso para sacarle un ojo de ese cabrón.
Se aproximó al director, que echó la cara hacia atrás. Acercó la cuchara al ojo y se quedó esperando la respuesta.
– ¿De qué lado estás? – dijo el enmascarado.

– Del mío. Conozco a estos psicópatas. He tenido que aguantar a uno, durante muchos años. Ahora ya no lo tengo de jefe, pero odio pensar que éste y otros cabrones campan a sus anchas abusando de su autoridad, con el silencio cómplice de sus jefes y empleados. Déjame vaciarle un ojo.
– Mejor que no – dijo el ladrón -. Que luego me da por marearme.
– Menudo finolis. ¿Y tu eres ladrón de bancos?.
– Chico… Es la primera vez. Mi hija tiene una enfermedad y, estando como estaba, en el paro, tenía que conseguir dinero como fuera. He de llevarla a Estados Unidos para que la operen.
– Sospecho que se te han complicado las cosas, si es cierto que ahí fuera está la policía.

Como para dar la confirmación a sus palabras, comenzaron a oírse sirenas, fuera del banco.
Ernesto se levantó y fue a la mesa.
– ¿Quién es el que está contigo? – preguntó al atracador.
– Mi cuñado. Le pedí que viniera.
– Pues llámalo. Dile que venga.

El encapuchado fue a la puerta y llamó a su compañero. Ernesto se acercó por detrás y le sacudió un golpe en la cabeza, con un cenicero de metal que había cogido de la mesa. Lo ayudó a caer al suelo y cuando llegó su compañero le atizó también.
– Bien hecho – dijo el director -. Por un momento pensé que me ibas a sacar el ojo.
– Gracias -. Ernesto salió de la habitación y a poco regresó con unas cuerdas. Luego se puso a atar a los dos ladrones. Cuando terminó, cogió las pistolas y las inspeccionó.
– Um. Cargadas – sacó el cargador de una de ellas y vació la recámara.

Se puso la otra en el bolsillo.
– Desátame. Voy a llamar a la policía – dijo el director.
– Primero es lo primero. Quiero liquidar mi cuenta.
– ¿Cómo?.
– Me vas a dar todo el dinero de la cuenta. Date la vuelta.
El director se dio la vuelta y Ernesto lo desató. Luego sacó la pistola y echando el gatillo hacia atrás le dijo, apuntándole con el arma.
– Venga, Cancela mi cuenta y dame mi dinero.

El director se sentó en la mesa y se puso a teclear en el ordenador, mientras Ernesto lo observaba. Al terminar fue a la caja fuerte y la abrió. Sacó unos billetes y se puso a contarlos. Al terminar se los dio. Éste cogió un sobre de la mesa, metió dentro el dinero y también el resguardo del abono. Luego puso el sobre en el bolsillo de uno de los ladrones.
– ¿Qué está haciendo?.
– ¿Que qué estoy haciendo?. Estoy intentando poner un poco de justicia en el mundo. Llevo demasiados años viviendo una injusticia tras otra. Estos tíos no se merecen pasar el resto de su vida en la cárcel. Está la vida de una niña en juego. Voy a intentar arreglar un poco las cosas. Por un lado, estoy dando a estos hombres una segunda oportunidad. Y por el otro lado, yo ya he tenido suficiente. Si tuvieras una esposa como la mía lo entenderías. Si hubieras tenido una mierda de trabajo como el que he tenido, lo entenderías. Estoy harto de malvivir. Y estos hombres me han dado una buena razón para que mi vida no sea un auténtico fracaso. Por lo menos mi muerte, servirá de algo.

La calle estaba repleta de policías.
Tras muchas negociaciones, salieron dos hombres del banco, ambos encapuchados. Uno llevaba una pistola en su mano derecha. La policía los apuntó desde detrás de los coches que rodeaban el banco.
El otro hombre, se quedó mirando. Sonrió y metió la mano en el bolsillo. Cuando la sacó, relució una pistola.
Fue entonces cuando la policía empezó a disparar.

Una vez liberados los rehenes, la policía recogió los cadáveres. Estaban tan acribillados que tardaron días en reconocerlos.
El informe forense dejó intrigado al inspector que investigó el robo.
Uno de los dos ladrones era el director del banco. Su pistola estaba descargada y enganchada a su mano con cyanocrilato, pegamento rápido.
La pistola del otro cadáver también estaba descargada.
Llamaron a los testigos, quienes acudieron a comisaría a declarar. Los empleados dijeron que les pareció reconocer la voz del director en uno de los los encapuchados.

Dos de los testigos no acudieron a comisaría.
Estaban volando a Estados Unidos con una niña enferma.

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11 Commentarios on "Ernesto y el atracador"

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Miguel Benavent de B.
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Je,je,je! Buena historia, amigo! Tienes razón, en este mundo loco ya no se sabe quiénes son los ladrones y quiénes las victimas, los locos y los cuerdos, los buenos y los malos! Como dice una amiga mía “qué felices estábamos cuando eramos ignorantes” jejeje

Cornelivs
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Jajaj, fantastico, un guion perfecto para un final perfecto, amigo Ludwig.Al principio pensé que los ladrones eran un poco inexpertos, pero el final ha sido sorprendente! Y una buena y noble causa como hilo conductor del relato: el salvar a una niña enferma.Me gustó tu relato!Un abrazo.

Dharma
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Duro,Real,Humano y Triste, nos has manifestado un relato de esos que te hacen reflexionar por lo menos un rato hasta que se te olvida y sigues como si nada estubiera ocurriendo a tu alrededor; Vamos agachemos las cabezas: si señor, no señor, Vamos giremos las cabezas cuando le roban el bolso con monedero con el poco pero a la vez mucho dinero que lleva aquella madre con sus hijas, para que complicarnos la vida si asi estamos bien o NO?Si se puede luchar contra las injusticias cotidianas, juntos unidos pero sin estados, otra sociedad es posible esta en nuestras manos,… Read more »
SUSANA
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Vaya Luis, está para un guion cinematográfico!!!Este improvisado Robin Hood, definitivamente puso las cosas en su lugar! Los ladrones que hoy están cubiertos por la ley y la pátina de honorabilidad que le da la sociedad (léase bancos)necesitan de estas lecciones!Gracias Amigo por otro “tiro” para el lado de la justicia (aunque sea la literaria)MI ABRAZO!

Ludwig
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Gracias por vuestros comentarios, Miguel, Cornelivs, Dharma y Susana.La verdad es que cada vez me cuesta más escribir. Me explico. Llevo dos semanas escribiendo dos artículos para publicar solamente uno.El primero siempre acaba borrado y el segundo es el que publico.Quizás escribir el primero me permite darle más vueltas al tema y así el segundo escrito sale algo mejor.Me quedo con dos frases de los comentarios:“te hacen reflexionar por lo menos un rato hasta que se te olvida y sigues como si nada estuviera ocurriendo a tu alrededor”.“qué felices estábamos cuando eramos ignorantes”.Respecto a la segunda frase, me estoy planteando… Read more »
Nickosss
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Luis! Muy buen relato! De los mejores. Sería ideal tener ese tipo de personalidad en la gente, desapegada al miedo. Nos libraríamos de tantas cosas, aunque también podrían causar otros excesos.La primera frase gráfica de manera simple y abierta lo que hacemos como sociedad, como personas.Y si, la tele informa. Pero no quiero ser ignorante viendola tampoco, se que hay intereses en esta también y te dicen lo que tienen ganas. Retomando tu respuesta en el topic anterior, me recuerda a vos por la parte fisica más que nada. Vi dos fotos tuyas nada más, en el perfil tuyo en… Read more »
Ludwig
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Me alegro de que te haya gustado el escrito, Nickosss.La verdad es que al escribirlo, me sentía como Ernesto. Hace ya muchos años que vivo muy cerca de la muerte. No quiero decir que tenga algún tipo de enfermedad. Lo que quiero decir es que intento vivir como si la muerte estuviera a la vuelta de la esquina.Precido con Locke, quizás lo tenga. Pero mis ojos son verdes.La primera frase, supongo, es en parte consecuencia de la televisión, la prensa escrita…Para mi, el hecho de mezclar tantas noticias desagradables con otras superficiales, nos provoca una cierta indiferencia, un cierto pasotismo,… Read more »
Isabel Romana
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Un desenlace asombroso. Hay que ver cómo se cruzan a veces las vidas de las personas y de qué modo se retuercen. Sin duda Ernesto era una buena persona. Besitos, querido amigo.

Nickosss
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Soy hombre. Lo que dije de la cuestión hormonal de mujeres, es cuando estas a punto de concretar y te dicen: “me vino”.Y nos quedamos con las ganas. Eso entraría en el termino gatillazo no?

lully desnuda
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Me has dejado con una sonrisa de satisfacción y justicia en mi rostro. El Director pagó lo que tenía que pagar y muy ingenioso el empleado, murió por una causa noble.Besitos amistosos y mañaneros!

Ludwig
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Me alegro de que te haya gustado el escrito, Isabel.Aunque nada que ver con los tuyos, por cierto.Sospecho, Nickosss que no es eso el “gatillazo”. Se trata de una disfunción física. Y creo que ocurre con la gente mayor.Me alegro de haber contribuido a generar tu sonrisa matinal, Lully.

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