Conversaciones en el hoyo 19: reyezuelos

—Hoy vais a tener que invitarme al aperitivo—dijo Santiago riendo—. Estoy pagando los estudios de una de las hijas del Borbón, como no, en Inglaterra, en un colegio privado y carísimo. De ahí que no tenga demasiado dinero.
—Pero si está en el ejército, en la marina—apuntó Inés.
—No me refiero a la fea. Me refiero a la otra, su hermana pequeña es la que va a esa escuela, pagada por nosotros.
—Desde luego tienen arrestos al mandar a una chica al ejército—añadió Juan.
—Supongo que así aprende a matar de forma legal—propuso Pascual.
—O quizás la quieran utilizar como arma de combate—dijo Santiago riendo—. Sueltas a esa chica tan fea y tal vez el enemigo salga huyendo… Es curioso pensar que normalmente las chicas tienen una edad -normalmente durante la pubertad-en la que son atractivas y esa chica nunca lo ha sido.
—Supongo que esa carencia de la naturaleza queda compensada con el dinero que el abuelito ha robado en nuestro país y por el hecho de que será la reina de todos los aduladores del país—repuso Juan—. Por cierto, el abuelito ladrón ha creado una fundación para traspasar el dinero robado a sus hijas. Lo ha hecho en Abu Dabi para no pagar impuestos.
—Es curioso que la prensa siga convirtiendo en noticia el último vestido de la reina, ó su esmalte de uñas—añadió Pascual—. Y lo mejor del asunto es que si en esa noticia se indica en que tienda ha comprado su vestido, se hinchan a venderlo.


—Lo que demuestra el grado de estupidez de la gente—indicó Santiago—. Nos falta cultura. Y somos terriblemente influenciables.
—Desde luego. No hay más que ver como la gente acepta sin reservas la existencia de “asesinos legales” -el ejército y la policía-frente a los “asesinos ilegales”—añadió Juan—. Que acepten religiones basadas en pura mitología. Que acepten llamar democracia a la mierda de sistema que tenemos. Que acepte ser enviada a luchar en la guerra, solamente la gente más pobre del país, eso si, mandados por un montón de inútiles que creen en patrañas como el “patriotismo” y a quienes se les permite pegar un tiro a los soldados que retroceden durante el combate.
—¡Hombre!. Cualquiera que haya hecho el servicio militar tiene muy claro el grado de incompetencia de los militares y el gran abuso que hacían de su graduación—explicó Pascual—. No eran pocos los que hacían obras en sus casas con la mano de obra gratuita de los reclutas, que llenaban los depósitos de sus coches particulares con gasolina del ejército, enviaban al chófer de servicio a recoger a los niños y acompañar a la esposa para hacer compras.


—Hay un sistema para acabar con la guerra—anunció Inés—. Simplemente enviando a los empresarios, políticos que la han declarado y a los militares del culo gordo al frente. Y cómo no a la princesita fea.
—¿Militares del culo gordo?—preguntó Pascual.
—Generales y jefes—respondió Inés, provocando la carcajada general (nunca mejor dicho).
—Bueno. Con suerte nos matan a la princesita y se acaba la monarquía—dijo riendo Juan.
—Espero que cuando la entierren hagan agujeros en su ataúd—añadió Santiago.
—¿Para qué?.
—Para que los gusanos puedan salir a vomitar.

Conversaciones en el hoyo 19: justicia

— ¿Cómo va tu pleito con el vecino, el “deportista de élite?—preguntó Inés a Santiago.
— Hemos tenido que negociar para no llegar a juicio—contestó éste—. La jueza era claramente de derechas y nos hubiera machacado.
— Tan de derechas como la mayoría de los jueces de este país—añadió Juan—. Cuando murió el dictador, el gobierno fue jubilando a la mayoría de los militares afines al genocida. Desgraciadamente no hicieron lo mismo con los jueces y así estamos ahora.
— La verdad es que las pocas asociaciones de jueces que tenemos son todas de derechas—puntualizó Pascual.
— Salvo una que es de izquierdas pero que reúne un porcentaje bajísimo de jueces—contestó Juan—. Si quieres llegar a juez, no basta con haber estudiado derecho. Has de preparar unas oposiciones que no son nada baratas, por lo que no todo el mundo se lo puede permitir. Luego necesitas a un “preparador” que es un magistrado que te ayuda a superar las oposiciones. Si ese “preparador” ve que tienes una ideología igual a la suya, puedes estar seguro de que ya tienes superadas las oposiciones. En caso contrario, no aprobarás. Es una forma como cualquier otra para asegurarse de que haya únicamente jueces de perfil conservador. Por cierto, esos “preparadores” suelen cobrar a los aspirantes en negro para no tener que pagar a hacienda. Supongo que eso es un delito que cometen los jueces…


— Luego está la necesaria imparcialidad de los jueces—añadió Santiago—. Si la jueza que nos tocó fuera imparcial y dejara sus ideas personales a un lado, hubiéramos llegado a juicio. Sin embargo leí algunas sentencias que había dictado ella y se podía ver claramente su ideología. Al fin y al cabo todas las resoluciones de los jueces reflejan la personalidad del juez. Luego están los abogados que, a sabiendas de que su cliente miente, oficializan esas mentiras llevándolas al juicio como si fueran verdades.
— De lo que deducimos que la justicia en no es otra cosa que una farsa—dijo Inés—. En realidad es un concurso de mentiras que gana quién miente mejor. No hay más que ver los disfraces que utilizan para darse cuenta de que es un circo. Y también alucino cuando observo esa “camaradería” entre los jueces y la policía. Absuelven a un agente, basándose en su palabra, a pesar de que haber vídeos que demuestran lo contrario.
— Por no decir el papel de los procuradores—añadió Santiago—. Es una profesión que tenía que haber desaparecido hace muchos años y sigue funcionando. Nadie sabe lo que hacen ahora, salvo cobrar. Y supongo que como se trata de un trabajo que es llevado a cabo por familias muy influyentes, nadie se ha atreve a decir que no es necesaria la figura del procurador.
— Es evidente que la justicia es únicamente para la gente sin recursos—concluyó Inés—. No hay más que ver cómo se retrasan años y años las causas que afectan a políticos y empresarios corruptos. Es todo un montaje.
— Con disfraces—añadió Juan.
— Y con rituales del medievo.