Conversaciones en el hoyo 19: privacidad

— Estoy harto—dijo Pascual, indignado—. Estamos regalando nuestra privacidad de forma masiva. Cada vez que aceptas una tarjeta de fidelización de una tienda es a cambio de tus datos. Por eso nunca las acepto y me indigna que la gran mayoría se crea que tendrán descuento por tener dicha tarjeta.
— Hombre. Supongo que tendrán descuento, aunque posiblemente en el precio ya habrán subido el porcentaje del descuento—contestó Juan—. Y así, todos contentos. El cliente por creer haber obtenido descuento y la tienda porqué ha sido capaz de engañar a los compradores y por haber conseguido los datos de los clientes con la tarjeta de fidelización. Ahora ya pueden vender esos datos a cualquier empresa.
— Y si compramos online, les estamos dando a esas empresas nuestros datos—añadió Santiago—.De la misma manera que cuando utilizamos la IA estamos regalando nuestros datos. Todo lo que sea utilizar un servidor es regalarles nuestros datos. Aunque sea una simple traducción.
— ¿Y qué pasa con las política de privacidad de las empresas?—preguntó Inés—. En teoría tienen que cumplirse, ¿no?.


— No sé si te has dado cuenta de que esas políticas se van cambiando en función de las necesidades de la empresa—explicó Juan—. Piensa que se trata de sociedades anónimas que pueden ir cambiando de accionistas, es decir de propietarios. Y si hoy el principal accionista es buena persona, mañana habrá otro que no lo será y que cambiará esas políticas a su antojo. Y a muy malas, si no quiere ó no puede cambiar aquello que indican las políticas de privacidad, siempre le queda la opción de vender los datos a un hacker y decir que ha habido un acceso “ilegal” a la base de datos de los clientes, y lanzar un par de discursos en rueda de prensa, indicando que se tomarán medidas para que no vuelva a ocurrir. Y ya está. Todo resuelto. Las empresas se las inventan todas para engañarnos.
— Por ejemplo esos contratos de mantenimiento y seguros de nuestras compras, que muy pocas veces necesitamos—añadió Santiago—. O esos programas informáticos que usas tres veces al año y por los que te hacen pagar una cuota anual. Y ha puestos, el hecho de que los electrodomésticos ya no llevan un fusible para evitar que una sobrecarga queme el dispositivo. Así consiguen obligarte a cambiar el electrodoméstico.
— Mira que sería fácil que la comunidad europea promulgara una directiva que impidiera vender dispositivos sin fusibles—apuntó Inés.


— Pero las empresas tienen un gran poder para impedirlo—añadió Juan—. Hay empresas que tienen la capacidad para comprar países enteros y no digamos para sobornar políticos.
— Desde luego debería haber una ley que evitara las grandes fortunas y la acumulación de capital de las multinacionales—observó Pascual—. Quizás poniendo un techo al capital acumulado y troceando empresas… E impidiendo tener la propiedad de los medios de comunicación.
— Yo tengo la convicción de que eso nunca ocurrirá—dijo Santiago—. Quizás por que leo mucha ciencia ficción que relata nuestro futuro a manos de esas multinacionales. Y, la verdad es, que si se cumple lo que hoy no es otra cosa que relatos surgidos de la imaginación, nuestro futuro será deprimente.

Conversaciones en el hoyo 19: gatos y perros

— Mis chicas me han regalado un gato—explicó Santiago—. Curioso regalo navideño.
— ¿Un gato joven?—preguntó Inés.
— Si. Apenas tiene seis meses—contestó Santiago—. Me encanta, porqué gracias a él tendré que cambiar el sofá y los sillones de casa en un par de años.
— Lo que me encanta de los gatos es que van a su rollo. Al contrario que los perros, los gatos no son dóciles y siempre van a la suya.
—Eso es verdad. Cuando quieren caricias vienen a ti y cuando no, se alejan de tu lado—explicó Santiago—. Lo tuve un tiempo durmiendo conmigo, pero lo acabé echando de mi cuarto, porqué cuando yo estaba durmiendo, se dedicaba a morderme los pies, y con saña, por cierto.
— Desde luego se nota que es aún un bebé—dijo Inés.

— Yo hace años que tengo a la humanidad catalogada como perros y gatos—explicó Juan—. Los que son dóciles, obedientes y sumisos, los perros y los que tienen ideas propias, que no son sumisos, ni dóciles ni obedientes, los gatos. Nuestra sociedad tiene una mayoría de perros y unos pocos gatos, aunque estos últimos son los que acaparan la mayoría de los titulares de la prensa. Gente egoísta, egocéntrica, con un ego inmenso.
— Me imagino que son los líderes de los partidos políticos, de las multinacionales, militares destacados, deportistas de élite, periodistas, tertulianos, etc.—dijo Pascual.
—Pues si. Pero si miramos cualquier partido político, son gatos únicamente los líderes, ya que el resto, esos que van a los mitines a aplaudir, esos son perros, mientras no consigan un sueldo del partido—explicó Juan—. Luego, por arte de birbibirloque se convierten en gatos.

—Vamos. Que existen híbridos—apuntó Santiago—. Gente que nace como perro y con el tiempo se convierte en gato. Una especie de Uriah Heep de la novela de Dickens. Un perro que poco a poco se fue convirtiendo en gato.
—Algo así, supongo—contestó Juan—. Y también hay gatos que como Heep, actúan como perros para no demostrar que son malas personas. Aunque, hoy en día los gatos ya no disimulan. Antes se escondían y apenas se notaba su influencia. Hoy ya no se esconden y proclaman por doquier su condición de gatos, ante un montón de perros aterrorizados.
—Sospecho que mi reacción debería ser sacarme el gato de encima—dijo Santiago riendo.
— Ni lo sueñes—le contestó Inés—. Los peligrosos son los gatos humanos. El gatito que tienes, seguro que es un amor. Nunca te hará una mala pasada y con el tiempo te irá queriendo y respetando. El tiene su vida y tu seguirás con la tuya. Esa es la gracia de estos animales.