Conversaciones en el hoyo 19: el nuevo Hitler

— Pues parece que si. Estamos reproduciendo a la Alemania nazi—explicó Juan.
— ¿Con los norteamericanos?—preguntó Santiago, aunque ya sabía la respuesta—. Creo que voy entendiendo el mensaje de Ye Wenjie a los Trisolarianos en el libro “el problema de los tres cuerpos” de Cixin Liu. Según parece estamos en un bucle que repetimos cada poco tiempo: la era caótica, la de ahora y la era estable. Lo malo es que en el libro son tres soles los que provocan esas eras y en nuestro mundo se trata de seres humanos quienes las provocan.
— Quizás tengamos que enviar un mensaje de nuevo a los trisolarianos—apuntó Inés—, ya que volvemos a tener a un Hitler. Y es curioso que el nuevo Hitler es de uno de los países que acabaron con el dictador nazi. Quizás estaban eliminando la competencia. No es la misma ideología pero sus ansias expansionistas son las mismas y lo sorprendente es que, al igual que en Alemania, los súbditos obedecen ciegamente a su dictador.


— Lo malo es que desde la segunda guerra mundial ese país ha ido fabricando armamento y creando un ejército inmenso—añadió Pascual—. Pocos países pueden medirse con sus ejércitos. Me gustaría ver, antes de morir, a un ejército negándose a entrar en combate por considerar las órdenes como inmorales.
— Y no digamos la cultura que han exportado, si se le puede llamar cultura a la basura que hemos recibido: cine violento, juegos violentos, empresas que abusan e intimidan con el beneplácito del gobierno, expulsión de los inmigrantes en un país que se ha creado a base de inmigrantes, su estúpido concepto de patria y el adoctrinamiento en sus escuelas—dijo Juan—. ¿Os acordáis de los perros y los gatos?. Ahora descubrimos que el mundo está compuesto de perros que obedecen, sumisos, a los gatos estadounidenses.
— Sólo se me ocurre una manera de parar los pies al nuevo dictador, además de enviar el mensaje a los trisolarianos— dijo riendo Santiago—. Dejar de comprarles a nivel mundial. Cambiar la economía para no depender de ellos. Pero eso ha de ser a nivel mundial, ya que si un único país lo hiciera, en pocos días sería invadido por el ejército ó raptado su presidente. Tendría que ser una decisión de la población. Y, sabiendo que la población es sumisa, eso nunca ocurriría.


— Eso sería darse de baja de Visa, Mastercard, eliminar de nuestros ordenadores Windows y MacOs, crear un sistema operativo para móviles que no sea ni android ni ios, así como sustituir las aplicaciones como WhatsApp o el correo de Google y su buscador, Instagram, Facebook, comprar en tiendas que no sean Amazon, ni steam, buscar una alternativa a youtube…
— Y dejar de beber Cocacolas—dijo riendo Inés.
— Yo tengo una Cocacola para cuando tengo que extraer un tornillo oxidado—dijo Santiago—. Va muy bien para el óxido.
— Vamos. Que tenemos a un nuevo dictador que, para empezar, secuestra a la persona equivocada, ya que tenía que haber secuestrado a Netanyahu por el genocidio que está cometiendo—añadió Pascual.
— Hay que tener en cuenta que los Estados Unidos se fundó con el genocidio de los indios— continuó Juan—. Y es el único país que nos ha castigado con un buen montón de películas ensanzándolo.
— Desde luego, una de las tareas a hacer es dejar de ver cine norteamericano—añadió Inés—. En la mayoría de los casos trata de matanzas, sean militares ó no, pero es una constante de su cine. Y lo peor es que en Europa intentan imitar sus guiones para hacer películas violentas.

Conversaciones en el hoyo 19: espartanos

— Es curioso que aún sigamos dos mil años después con las mismas actitudes de entonces— comentó Juan después de beber un buen sorbo de café.
— ¿A qué te refieres?—preguntó Pascual.
—Seguimos con los ojos cerrados ante los psicópatas que organizan las guerras.
—E incluso en la escuela no nos muestran apenas a las personas que han hecho avanzar a la humanidad, para hacernos aprender las “hazañas” de los militares que invadieron otros países y masacraron otras culturas—añadió Inés.
—La verdad es que nuestra cultura es bélica—dijo Santiago—. La historia se dedica a narrar las guerras, la literatura a explicar los “mejores” crímenes, el cine a recrear la violencia de las guerras y los crímenes y la prensa a contarnos lo que los tarados psicópatas del mundo han hecho últimamente. Por cierto, ¿quién ha hecho el servicio militar obligatorio?.
—Yo mismo—contestó Juan.
—Y yo.
—y yo.

Inés era la única que no había hecho el servicio obligatorio, por ser mujer, ya que cuarenta años antes no había mujeres militares.
—¿Y qué conclusiones sacasteis?—preguntó Santiago.
— Es un grupo de machistas—contestó Juan—. Además eso que tienen los militares de tener sus propias leyes y sus propios juicios es retrógrado.
—En Francia los delitos militares en tiempo de paz son juzgados por las leyes del país y los jueces ordinarios—explicó Inés—. Nunca por los propios militares, que ya sabemos de qué pie cojean.
— Me cuesta entender como la sociedad pueda incorporar a personas para dedicarse al ejército, sabiendo que las guerras sirven para incrementar el poder económico de los más ricos—añadió Pascual.
— Ya sabéis que la gente, por lo general se deja llevar por las directrices del gobierno—Aclaró Inés—. No hay más que ver la cantidad de inputs que les llegan por todos lados: historia, cine, prensa, juegos…
— Si nos vamos a Estados Unidos, la cosa es aún peor ya que este país vive de la industria de la guerra—dijo Santiago—. Incluso cuando hacen películas de militares, es el propio ejército el que permite ó no su filmación.


— Si tenemos en cuenta que USA es un país formado por garrulos que, salvo determinadas personas, jamás han leído un libro que no sea la biblia nos podemos hacer una idea de la calidad del país—. Eso que pasó en Rusia con la guerra de Ucrania que provocó un fenómeno migratorio formado por la gente que no quería alistarse en el ejército, en Estados Unidos es impensable.
— Y esa gentuza son los que quieren dominar el mundo—dijo riendo Inés.
— Quizás los países deberían plantearse aparcar las guerras y todo lo relacionado con las mismas, ejército incluido—añadió Juan.
— Somos así. Así nos han educado—dijo Santiago—. Por eso me hizo gracia al leer el libro “el problema de los tres cuerpos” que había sectores de la sociedad que querían el exterminio total del planeta. Nos lo merecemos.
— Me recuerda nuestra situación mundial a Esparta, país que sólo preparaba a su gente para la guerra. Supongo que la palabra cultura no existía en su idioma.
— Ya sabéis que hay un blog cuyo lema es “sólo discute quién está intelectualmente perdido”. Hoy en día sólo prosperan las amenazas, los ataques, las guerras—concluyó Juan—. Así es como vamos. Con lo fácil que es argumentar y razonar. Y eso ha desaparecido completamente, siendo como debería ser la única forma de funcionar racionalmente.