Una llamada de atención

– Le llama el señor Panyard, desde la Central, señor Mousseline.

– Pásamelo, Lourdes – no podía hacer esperar al director mundial de la Innombrable.
– Monsieur Panyard, ¿cómo estás?.
– Todo bien por aquí. ¿Cómo estás, Dominique?. ¿Te tratan bien en España?.
– Desde luego. Es un hermoso país, desde luego mucho más cálido que Rusia. ¿Has recibido mi informe mensual?.
– Si. Lo he recibido y me parece todo en orden. Se van cumpliendo las espectativas que pusimos en ti al nombrarte director general en España.
 
– Me alegro de que estés contento con mi gestión.
– Ya sabes que juego con las cartas marcadas, Dominique – sonrió Panyard -. Hiciste una buena limpieza en Rusia y sabía que ibas a hacerlo igual de bien en España. Por eso te propuse el traslado. Sabía que no me ibas a decepcionar.
– Muchas gracias por confiar en mi, Panyard – repuso Dominique con orgullo -. Sabes que no te decepcionaré.
– Bueno. Si quieres que te sea sincero, hay algo que quería comentar contigo. Por cierto, ¿cómo está Olya?. ¿Sigue tan guapa como siempre?. Debo reconocer que elegiste muy bien a tu mujer.
– Pues estamos un poco distanciados, últimamente. Ella sigue con su obsesión por el matrimonio.
– No me extraña que se obsesione. Hace años que estáis juntos y no sería mala idea que os casarais. Piensa que ella lo ha dejado todo para seguirte. Sabes que las rusas le dan mucha importancia a la familia.
– Lo sé, Panyard. Pero se me hace difícil arriesgarme de nuevo a otro posible matrimonio fallido…
 
– Incertidumbre que aprovechas para liarte con la primera pelandusca que se cruza por tu camino.
– ¿Cómo?. ¿Liarme con quien? – Dominique estaba sobresaltado.
– ¿Quieres pistas? – dijo Panyard -. Brasil…
 
Esperó unos segundos. Al no obtener respuesta continuó.
– Eres la comidilla de toda la empresa. Corren rumores acerca de tu affair con cierta mujer que conociste en el viaje a Brasil que organizaste para premiar a los comerciales. Hubo incluso, al principio, apuestas acerca de quien era ella. Imagínate si ha corrido la voz que incluso a mi me han llegado fotos en las que aparecéis ambos bailando, quizás demasiado agarrados como para que alguien pueda pensar que era un simple baile de compromiso…
 
– Bueno, Panyard. Estamos hablando de algo que pertenece a la esfera de lo personal.
– ¿Personal?. Ni hablar de ello. Eres director general de la Innombrable en España y ese es un cargo público. Sales en Televisión, prensa escrita, radio, te codeas con políticos, empresarios importantes y dentro de las obligaciones de tu cargo has de dar la imagen de ser una persona centrada y no es precisamente la imagen que te estás creando ahora con tus líos de faldas, lo que conviene a la empresa.
– Entiendo. Pero me he enamorado de Carlota, la chica que conocí en Brasil.
 
– Mira, Dominique. Te voy a dejar las cosas claras. Eres una persona que no ha llegado todavía a su techo en la empresa. Hasta ahora me has demostrado que puedo contar contigo y darte mayores responsabilidades. Si quieres seguir apareciendo en las listas de promocionables vas a hacer lo siguiente: por un lado vas a dejar de ver a esa Carlota de la que dices que te has enamorado, cosa que dudo, ya que si te elegí para enviarte a Rusia y España para despedir a todo el personal posible, es por tu absoluta carencia de escrúpulos y posiblemente, de sentimientos como para sentir algo de empatía por alguien. Por otro lado vas a casarte con Olya, lo antes posible, para acallar rumores. No organices un gran acontecimiento. Hazlo discretamente, quizás por sorpresa, sugiero. La decisión es tuya, Dominique. Ya me dirás algo. Piénsalo.
 
Cuando Panyard colgó el teléfono lanzó un profundo suspiro. Luego se estiró en la cama, tapándose con las sábanas. A su lado, Olya le miró a los ojos y apartó con dulzura el flequillo que le tapaba el ojo derecho.
– ¿Bien?.
– Si. Todo arreglado, Olya. Prepárate para una boda sorpresa la semana que viene.
– ¿Estás seguro?.
– Al cien por cien. Conozco muy bien a Dominique. Hará lo que le he dicho – se quedó pensativo y acarició la espalda de Olya -. Lo que no entiendo es que pueda estar con otra mujer, teniéndote a ti – siguió acariciando su cuerpo desnudo. Luego paró y le dijo -. Creo que ha habido un cambio sutil en mi cuerpo.
Ella deslizó la mano bajo las sábanas y soltó una carcajada.
– ¿A eso lo llamas cambio sutil?…
 
 
A Carlota no le extrañó ser llamada por la jefa de personal y no dudó en firmar el generoso finiquito que ésta le puso delante.
La sorpresa fue cuando, ya en casa después de ingresar el talón, sonó su teléfono. Era Olya.
– ¿Carlota?. Soy Olya.
– Ah. Hola Olya. ¿Lo has conseguido?.
– Si. Ya nos hemos casado.
– ¡Felicidades!. ¡No sabes lo feliz que me haces!.
– Gracias, Carlota. Te acabo de enviar un billete de avión para que vayas a Suiza.
– ¿Para?.
– Tienes abierta una cuenta allí con un millón de euros. Has de ir a registrar tu firma para poder disponer del dinero.
– Pero no era lo acordado, Olya. Me ofreciste mucho menos…
– Acéptalo, amiga. Quizás te compense algo el hecho de que no nos podamos ver más. Piensa que perderte a ti es lo único que me duele de esta historia. Siempre has sido mi mejor amiga y te encontraré mucho a faltar.
– Yo también a ti.
– Pues acepta el dinero. Cuídate Carlota. Te quiero mucho, amiga.
– Yo también te quiero.
 
Cuando Carlota colgó el teléfono notó como le resbalaba una lágrima por su mejilla.

El adoctrinamiento

– Pase, señor Arcadas – el director de la agencia de asesoría de imagen, señor Duaso, estrechó la mano de su visitante y le hizo un gesto para que tomara asiento.

Tras cerrar la puerta de su despacho, se sentó en una butaca que estaba al lado del señor Arcadas, director de comunicación de la Innombrable.

– Usted dirá señor Arcadas, aunque a simple vista tengo la sospecha de que mi empresa podría hacer mucho por mejorar su imagen.
– No. No se trata de mi. Soy director de Comunicación de la Innombrable y quería encargarle una campaña de concienciación hacia los empleados.

– A ver, a ver. ¿La Innombrable no es esa multinacional que gasta al año millones en comunicados internos y que incluso tiene una revista que envía a sus trabajadores?, revista, por cierto que utilizo en mis clases como ejemplo de exceso de triunfalismo e intento de adoctrinamiento.
– Hombre, no es precisamente eso lo que hacemos. Nunca hemos intentado adoctrinar a nadie. Respecto al exceso de triunfalismo, es cuestión de puntos de vista.
– Y, ¿para que necesita su empresa los servicios de nuestra agencia? – preguntó Duaso.

– Queremos hacer una campaña explicando la importancia que damos en la empresa al recurso humano. En los últimos años hemos invertido mucho dinero en la formación de nuestros empleados.
– Por lo que me dice, sus empleados ya saben la importancia que les da la empresa. ¿Para qué es necesaria la campaña?.

– Siempre hay un porcentaje de empleados que están disconformes con los cursos que impartimos…
– ¿Quiere decir que los vendedores no están de acuerdo en asistir a un curso de ventas, que un mecánico no está de acuerdo con asistir a un curso de mecánica, que un químico no considera bueno un curso de química?.

– Los cursos no son, precisamente, sobre sus profesiones en concreto. Se trata de enseñarle lo que es el compromiso, la alineación, la priorización, el liderazgo, la responsabilidad…
– Vamos, adoctrinamiento.
– No es adoctrinamiento. Son actitudes que ayudan al profesional a hacer mejor su trabajo.
– Empiezo a entender un poco la necesidad de la campaña que quiere encargarme – dijo Duaso con una sonrisa.

– ¿Por qué dice eso?.
– Mire señor Arcadas. Su tiempo y el mío no nos permite estar mareando la perdiz, en una conversación como ésta. ¿Quiere que le sea franco?.
– Desde luego, señor Duaso – repuso Arcadas.
– Hablando claro, están ustedes insultando a sus empleados con los cursos que les están impartiendo.
– ¿Cómo?, ¿está usted loco? – saltó Arcadas.

– Deje que me explique – dijo con calma Duaso -. Cualquier profesional razonablemente bueno, ya tiene todas esas las actitudes que están ustedes enseñando en sus cursos. Precisamente, la selección de personal y el período de prueba de un nuevo empleado, tienen por objeto determinar si una persona tiene esas actitudes. El hecho de que a una persona se le haga asistir a esos cursos puede interpretarse como que la empresa duda de su buena profesionalidad. Y eso explica la razón de que haya empleados descontentos con la empresa.

– Bueno. ¿Pero se va a hacer usted cargo de la campaña?.
– Verá, señor Arcadas. Soy enemigo de las causas perdidas. Y lo que me pide es una causa perdida. Por muy buena campaña que le haga, no serviría para nada. Hace un año llevé a cabo la campaña de otra multinacional acerca de la importancia que le daban a mejorar la sociedad y poco después salió la noticia de que esa empresa explota a niños en África. Se fue todo mi trabajo al garete.

– ¿No estaría dispuesto si le pagáramos el doble de su tarifa normal?.
– No. Precisamente por uno de los principios que intenta inculcar a sus empleados: responsabilidad. Lo que tiene que hacer con este dinero que me ofrece es hacer un stage en Google ó en Apple e intentar averiguar cómo consiguen esas empresas que sus empleados estén orgullosos de trabajar en ellas. Quizás han sido capaces de eliminar el adoctrinamiento…

El señor Arcadas se levantó y fue a la puerta. Duaso se levantó, fue a él y le estrechó la mano.
– Siento no haber podido ayudarle, señor Arcadas.
– Yo también.
– Por cierto, pase por la mesa de mi secretaria que le dará hora para el dentista.
– ¿Cómo?. ¿Qué me está diciendo?. ¿Dentista?.
– Invita la casa, señor Arcadas. Tiene una limpieza bucal gratuita para eliminar su halitosis.
– ¿Halitosis?.
– Si – el señor Arcadas se puso como una grana. Duaso puso cara de sorpresa -. ¿Nadie se lo ha dicho?.

Cuando Duaso se sentó en su sillón, detrás de la mesa, descolgó el teléfono y marcó un número.
– ¿Ramona?. Hola, soy Duaso. Ya se lo he dicho.
– ¡Oh!. Gracias. No sabes el favor que nos has hecho. Llegamos a convocar un comité de dirección para ver como le decíamos a Arcadas lo de su halitosis y no fuimos capaces de encontrar quien se lo dijera. ¡Muchísimas gracias!.
– Tranquila, Ramona. Te enviaré factura de mis servicios y los del dentista.