La policía de la democracia

Visto lo visto, hoy no voy a contar una historia.

Más que nada porqué en estos momentos hay un montón de gente que, reuniéndose en plazas de muchas ciudades, se está encargando, precisamente de eso, hacer historia.

Eso si, reconozcamos que están siendo ayudados por un puñado de policías empeñados en hacernos recordar la represión de la época de la dictadura.

Ah. ¡que recuerdos aquellos!. Tuve la suerte ó la desgracia de crecer en aquella época.

Muchas tardes, cuando iba a la biblioteca del carrer Carme, al pasar por la plaza Catalunya, me la encontraba completamente ocupada por la policía y grupos de manifestantes. Muchas veces me tocó correr para eludir porrazos ó atropellos de los manifestantes, perseguidos por la policía. En alguna ocasión algún policía me acompañó a la estación de metro para evitar accidentes (tenía entonces doce años).

Cuando fui a la Universidad tuve la “fortuna” de ser pillado un primero de mayo, en una manifestación en Pamplona. Fueron las setenta y dos horas más largas de mi vida, en las celdas y dependencias del gobierno civil, principalmente por los interrogatorios.
Las cosas han cambiado. Bueno. Eso quisiera pensar.

Me sorprende el hecho de que la policía tenga equipos tan sofisticados. Me cuesta creer que con mi dinero hayan comprado esas especies de tanquetas blindadas por todos lados, con objeto de reprimir manifestaciones. Quizás estoy equivocado, pero pensaba que con la democracia, la policía tenía que limitarse a atrapar delincuentes y poner multas.

Sin embargo, todo apunta a que la policía moderna está equipada con material antidisturbios, precisamente para acallar las protestas de los ciudadanos.

¿Es posible que lo que nuestros políticos llaman democracia no se diferencia tanto del régimen anterior?. ¿Para qué entonces tienen esos uniformes, porras, escudos y tanquetas, si no es para emplear la fuerza contra quien quiere manifestarse?. Es paradójico que los policías, empleados nuestros, se dediquen a machacar a los que les pagamos el sueldo.

Antes rechazaba el empleo de mis impuestos en el ejército, ahora añado que tampoco quiero que mi dinero sirva para dotar a la policía de armamento anti-represión.
Quiero una policía como la de Islandia: gente cuyo trabajo es ayudar a la sociedad y que su formación no contempla para nada la posibilidad de tener que reprimir a la sociedad.

En Barcelona hay un restaurante llamado Mesopotamia, cuyo propietario se llama Pius Alibek, filólogo, oriundo de Iraq.
Estoy leyendo un libro suyo “Arrels Nòmades” (Raíces Nómadas) y me gustaría terminar este escrito con sus palabras traducidas del catalán:

Religión, civilización y democracia; tres inventos del hombre para reafirmar su absurda superioridad, satisfacer la vanidad y justificar el egoísmo y la codicia. Una larga lucha para conseguir, el triste resultado, de ser unos superiores a los otros. No importa quién aniquile a quién, en este instante. Los papeles cambian cuando el arma cambia de manos. Pocos hombres tienen la valentía de proclamar el derecho a matar porqué son los más fuertes, en lugar de esconderse detrás de justificaciones divinas ó nobles. Uno de mis profesores me dijo un día, probablemente citando a un conocido pensador: “Desde que los reyes han dejado de jugarse la vida al frente de sus ejércitos, las guerras las hacen cobardes sentados en sus despachos”.

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1 Commentario on "La policía de la democracia"

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Josè Antonio
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Desgraciadamente cambian el collar (dinero) pero son los mismos perros.
Un abrazo, Luis

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