Conversaciones en el hoyo 19: cómo nos engañan

— Estoy leyendo “el problema de los tres cuerpos” y la verdad es que es un gran libro que te hace pensar—explicó Inés.
— Un muy buen libro. Que por cierto tiene una serie en Netflix—contestó Juan.
— ¿Qué queréis que os diga?—repuso Pascual—. Esa manía de cambiar la nacionalidad de los personajes del libro, que son en su mayoría chinos, por europeos y norteamericanos no me convenció. Luego descubrí que los chinos habían hecho una serie también basada en el libro. La serie es lenta pero es fiel al libro. Esa serie si que me gustó.
— Hablando de libros, acabo de descubrir que mi lector digital de libros envía datos a google—dijo Santiago.
— Hombre. Si compraste un Kindle es algo normal—repuso Juan—. Todos sabemos que Amazon recopila datos de sus usuarios, además de alquilar libros a precio de compra, ya que cuando “compras” un libro digital nunca será tuyo ya que les has de pedir autorización para cambiarlo a otro dispositivo. Los norteamericanos son un grupo de estafadores y lo peor es que el resto de países acatan las condiciones de sus tiendas. Pasa lo mismo con Steam, la tienda de juegos que también te alquila juegos a precio de compra. No los puedes traspasar a ningún familiar cuando estiras la pata y cómo no, también se dedica a recopilar datos nuestros.


— Mi dispositivo de lectura es un Kobo, que lo fabrica una empresa canadiense—explicó Santiago—. Y aún a pesar de ser canadiense, nos extrae los datos y los envía a Google. He tenido que desactivar mi conexión Wifi y borrar mi conexión por si, sin avisar, intenta conectarse.
— Eso me recuerda a Microsoft que hace lo mismo con su sistema operativo. Recopilar datos—añadió Inés.
— Eso es lo que hace ahora—aclaró Juan—. Antes se dedicaba a obligar a los fabricantes a instalar su sistema. Verdaderas tácticas mafiosas. Recuerdo que Dell fue la primera empresa que les plantó cara, poniendo sistemas Linux en sus ordenadores.
— No entiendo que en la comunidad europea no bloquean ese traspaso de datos a esa gentuza—dijo Inés.
— Quizás porqué los que la dirigen son políticos y todos sabemos que político es sinónimo de corrupto y sobornable. Si se ocuparan de los intereses de los ciudadanos en lugar de los propios otro gallo nos cantaría—contestó Juan.
— Y ya puestos a imaginar, a saber cuántos móviles y ordenadores envían datos nuestros a esas empresas norteamericanas—añadió Inés—. Cuando nuestros dispositivos utilizan sistemas operativos “cerrados”, nadie sabe lo que hay dentro…
— Coches, televisores, ordenadores, móviles, equipos de música, electrodomésticos, lectores de libros digitales, webs en las que si no te registras no entras…—dijo Santiago—. Y nadie protesta.

Conversaciones en el hoyo 19: idiomas

— Es curioso…—dijo Pascual, pensativo.
— ¿Qué es curioso?—preguntó Inés.
— No sé si os habéis fijado en ello—respondió Pascual—. Todos los grupos de jugadores que hemos ido encontrando en el campo hablaban entre ellos en castellano. Y cuando nosotros les interpelábamos, se pasaban al catalán a pesar de que iniciábamos la conversación con ellos en castellano.
— Desde luego que es curioso—contestó Juan—. ¿Cuál será la causa?.
—Sólo se me ocurre una—dijo Pascual—. El miedo social.
— ¿Y eso qué es?—preguntó Santiago.
— No es más que una teoría mía—repuso Pascual—. A todos nos gusta caer bien a los demás. La prueba son los millones de personas que viven pendientes de su aceptación en las redes sociales por los demás usuarios. Aquí en Cataluña está bien visto que hables catalán. Para muchos es una manera de diferenciarte de la “chusma” que no lo habla. Una manera de decir al interlocutor que tienes una cierta cultura que el otro no tiene. Me pregunto, ¿cuándo habláis en castellano y cuando lo hacéis en catalán?.


— Depende del interlocutor—contestó Inés—. Cuando te hablan en castellano contesto en castellano. Cuando lo hacen en catalán les hablo en catalán.
— Yo también—contestó Santiago.
— Y yo—dijo Juan.
— Y ¿en qué idioma pensáis?—preguntó Pascual.
— En castellano—repuso Inés—. En nuestra infancia el catalán estaba prohibido por el dictador y aprendimos a pensar en castellano. Es curioso, pero nuestra sociedad se mueve de forma pendular: vamos de un extremo a otro. Durante la dictadura no se podía hablar en catalán. Ahora estamos en el otro extremo y lo que está mal visto es hablar en castellano. Supongo que es obra de nuestros políticos que aún no se han dado cuenta de que la mayoría de la gente habla en castellano con los suyos…
— Y hablan en catalán con los desconocidos—puntualizó Pascual—. Para quedar bien.


— Y ¿qué os parece el asalto de la ultraderecha en el mundo?— preguntó Juan, cambiando de tema.
— Me parece curioso que tengan tantos votantes. Me recuerda un poco a la historia del emperador Claudio que narró Robert Graves— contestó Pascual—. Claudio era republicano. No le gustaba la figura del emperador, aunque no tuvo más remedio que serlo. Al final de su vida, se dejó envenenar por su esposa, que quería poner en su lugar a su hijo Nerón, un chico que estaba medio loco. Pensó que Nerón se cargaría la monarquía y así se restablecería la república. Y tengo la sensación de que la gente está actuando igual con la extremo-derecha: votar por unos años de desatino para al final volver a los cauces normales. De esta forma, en el poder, los “ultras” se desprestigiarán ellos solos, como pretendía Claudio con Nerón.
— Dudo que les funcione— puntualizó Inés—. Esos tíos son capaces de eliminar el mundo.


— Bueno. A nosotros nos da lo mismo—contestó Santiago—. Ya somos viejos y lo único que nos queda por hacer es estirar la pata. Por cierto, el otro día una operadora me llamó viejo porqué al llamarme para que aceptara las nuevas condiciones de mi contrato le dije que cuando me llegara el contrato por correo, me lo leería y decidiría si dar ó no mi consentimiento. Me dijo que hoy en día ya no se envían los contratos por escrito y que tenía que leerlo en la página web. Vamos. Que yo estaba desfasado y que soy viejo por no aceptar algo que hoy en día se hace. Le contesté que el contenido de una página web puede ser cambiado en cinco minutos de forma unilateral y que un contrato por escrito, firmado y en mi poder no puede ser modificado por nadie.
— Ah. El mundo está cambiando y para mal—contestó Juan—. Estoy de acuerdo con tu punto de vista. La de operadoras de telefonía que venden que tu contrato te mantendrá el precio “de por vida” y a los seis meses te suben el importe de la factura sin avisarte. O Steam que te vende los juegos que nunca serán tuyos ya que llevan drm y si no te conectas a esa empresa no podrás jugar, Ni venderlos ni regalarlos. Es un timo. Si hablaran de alquilar juegos y pusieran precios de alquiler, tendría más lógica. No hace mucho, Steam anunció que en caso de fallecimiento de un usuario, los juegos se perdían y ningún descendiente podría tener acceso a los juegos del finado. Y lo mismo pasa con Amazon que te vende libros que nunca serán tuyos por la misma razón. Menudo concepto tienen de lo que es la propiedad. Y lo peor es que los clientes no buscan alternativas a ese timo y siguen comprando en esas tiendas.
— Lo que yo digo: nos mean encima y nos hacen creer que llueve—dijo riendo Inés.