Conversaciones en el hoyo 19: prensa

— ¿Qué demonios me importa lo que dice un político?—preguntó Pascual.— Luego vienen todas las reacciones del resto de los políticos del país y de los ignorantes “analistas” a las estupideces que ha dicho ese político. Cada día me cuesta más leer la prensa.
— Tendrías que hacer como yo—repuso Juan.— Leo la prensa una vez al mes. El capitalismo ha convertido a la prensa en una empresa cuyo único fin es ganar dinero. Tienen que llenar las páginas del periódico como sea.
— No sé si te has dado cuenta de que hay incluso noticias del tipo: “soy dietista y nunca tomaría este producto en el desayuno” ó “soy cardiólogo y te recomiendo este producto” —añadió Inés.
—O no digamos que muchos años después de su muerte todavía aparecen noticias sobre Steve Jobs—explicó Santiago—. Vamos. Que no lo dejan descansar en paz. Y podemos añadir las “inspiradas” frases de Elon Musk que se cree que ser millonario le da derecho a opinar sobre cualquier cosa. Y añado a los deportistas, actores y cantantes a quienes no les importa opinar sobre lo que sea con tal de salir en la prensa.


— Me encantaría llegar a ver algún día una rueda de prensa a la que no asistiera nadie—dijo, suspirando Inés—. Con un “personaje” alucinando al ver que sus palabras no le interesan a ningún periodista.
—Me remito a lo dicho antes—dijo Juan—. La prensa y la televisión han de llenar sus espacios con lo que sea, a pesar de que ocurran pocas cosas. Si no tienen más, las inventan ó recurren a crímenes ó a las maravillas de un nuevo producto que se ha lanzado al mercado y que según dicen, ha generado colas en las tiendas. Lo que sea con tal de ganar dinero. Desde luego el periodismo ya no es lo que era. Ahora es una fábrica como cualquier otra que vende su basura. Por eso miro la prensa una vez al mes, ya que ocurren pocas cosas importantes de un día para otro, salvo las estupideces que dicen las personas que esas si, son diarias.


—Y si nos vamos a la televisión es para sorprenderse—añadió Santiago—. Antes un documental te mostraba imágenes y una voz en off te explicaba lo que estabas viendo. Hoy en día en los documentales te aparece una persona que, delante de la cámara y haciendo aspavientos y gestos, se dedica a explicarte lo que estás viendo cuando es evidente que la presencia de ese tío es innecesaria. Y lo mismo ocurre en los telediarios. Aparece un periodista que te explica lo que ha dicho determinado político y cuando acaba te pasan la filmación de ese político diciendo lo que ya te ha explicado el periodista. ¿Para qué lo hacen?. ¿Quizás para demostrarte que el periodista no ha mentido al explicarte las declaraciones del político?. De cualquier forma es redundante.
— Y mencionar a los periódicos digitales cuyos titulares no explican apenas nada para que no tengas más remedio que pinchar para leer la noticia, lo que incrementa los beneficios de la empresa periodística—apuntó Inés.
— ¡Que pena de periodismo!—dijo Santiago—. Cuando miro la prensa que por cierto, da relevancia a los líos de folclóricas, de pseudo duques, presentadores de televisión, cantantes, actores, deportistas, concursantes de televisión y no se olvidan de esa grupo de tarados que componen la familia real. Me salto esas noticias porqué esa gente me importa un bledo. Y lo que queda son dos titulares.

Conversaciones en el hoyo 19: empresas y empresas

—¿Os habéis enterado de la reestructuración de los canales de televisión?—preguntó Santiago, añadiendo—:parece ser que han mejorado la calidad de las emisiones.
—Hombre, qué quieres que te diga—contestó Pascual—. Si envuelves la basura en un bonito paquete, ésta sigue siendo basura. Y eso es lo que es lo que emiten las distintas cadenas:basura.
Se acercó el camarero, trayendo las cervezas y el picoteo de los amigos. Mientras iba dejando cada cosa sobre la mesa Juan le preguntó:
—Pablo, ¿has acabado la carrera?.
—Si—contestó el camarero, un chico de poco más de veinte años, esbozando una sonrisa—. Ahora estoy buscando trabajo. No sé si decantarme por una multinacional ó por una empresa pequeña.
—Si te sirve de algo mi consejo, yo elegiría una empresa pequeña—explicó Pascual—. Es verdad que en una empresa pequeña tienes menos posibilidades de promoción pero también, si valoras tu tiempo, dispones de un mayor espacio para tu vida privada. Si tienes familia lo valorarás.
—Por el contrario, trabajar en una multinacional es más jodido, ya que por regla general te exigen estar “alineado” con los principios de la empresa—dijo Juan—. Salvo Inés, todos nosotros hemos trabajado en una multinacional y sabemos lo que te espera.


—¿“Alineado”?—preguntó Pablo.
—Una de las características de las multinacionales es su capacidad para “comer el tarro” a sus trabajadores—explicó Juan—. En esas empresas hay un montón de jefes que apenas hacen nada. Y esos tíos tienen que justificar su trabajo. Por ello, ya sea a través de los cursos a los que asisten ó a lecturas de libros de “cultura” empresarial, han de “motivar” a sus empleados con esas ideas que han aprendido. El resultado es el hecho de que además de tener que hacer tu trabajo, deberás de asistir a un montón de reuniones “motivacionales” en las que te explicarán obviedades y que servirán para que tengas que alargar tu jornada laboral para poder acabar tu trabajo diario. Por no contar los fines de semana en los que tendrás que asistir a las actividades que te organicen. La no asistencia implica que te etiqueten como “no alineado” y eso te eliminará de la lista de los procionables e incluso puede ser causa de despido.
—Lo que convierte a la empresa en una especie de religión, que a diferencia de las religiones no es voluntaria—dijo Santiago.


—Y luego están las razones éticas de trabajar en una multinacional—añadió Pascual—. Las multinacionales, al trabajar en distintos países se aprovechan de sus diferentes leyes. Por ejemplo, si en nuestro país está prohibida la esclavitud, seguro que en alguno de los estados en los que tienen alguna sucursal no encuentran traba alguna para utilizar mano de obra sometida a servidumbre forzosa, niños incluidos. Eso lo podemos extrapolar a todos los ámbitos, ya sea económico, social, político… En todo aspecto se aprovecharán de la ventaja de trabajar en distintos países.
—Por no decir que también se dedican al soborno de políticos—explicó Juan—. Fomentando ciertas dictaduras afines e incluso, como hace la Innombrable en nuestro país, creando una oficina cuyo propósito es facilitar la promoción de determinados cargos políticos que comparten sus intereses. No sé si os habéis dado cuenta de que, en plena sequía, la Innombrable sigue embotellando agua como si nada. Seguro que hay algunos políticos por ahí que miran hacia otro lado, no sea que pierdan los sobornos de la multinacional. Y la prensa, también mirando hacia otro lado para no dejar de ganar los ingresos en publicidad de esa empresa.
—Creo que me habéis convencido—dijo Pablo riendo—. Ya os comunicaré mi decisión.
—Cuídate Pablo—dijo Santiago mientras Pablo volvía a la barra—. ¿Cómo se pueden evitar los desmanes de las multinacionales?.
—Lo único que se me ocurre es crear una ley internacional que obligue a esas empresas a cumplir con unos mínimos en todos los países—repuso Juan—. Impidiendo que puedan variar las reglas del juego en función del país. Y a la empresa que no cumpla, cierre inmediato con denuncia penal para sus dirigentes.
—Sospecho que será difícil conseguirlo—dijo Pascual.