Conversaciones en el hoyo 19: trampas con la tecnología

— El día del “draw”. Así podría llamarse esta jornada —dijo Juan, contento.
— Realmente te han salido de fábula. No has perdido una sola calle—le contestó Inés.
— Lástima que no haya podido rematar el juego en el green—añadió Juan.
— Lo de siempre—apuntó Santiago—. Nunca tenemos la fortuna de jugar bien todas las fases del juego. Si el swing te va bien, te falla el putt, ó el aproach, ó el chip.
— Bueno. Yo me llevaré a casa el mejor swing que he hecho hoy, con su maravilloso draw —dijo Juan—. Lo tengo grabado en mi mente.


— Yo tengo grabado en mi mente el último juego que he comprado—dijo Pascual—. No consigo avanzar. Algo se me escapa y no sé que es.
— ¿Has mirado el manual?—preguntó Inés.
— ¿Manual?. ¿Qué manual?. Hoy en día no hay manuales para los juegos por ordenador. Hace veinte años, comprabas un juego y en la caja te venía un manual que era como un libro. Te lo contaba todo. Hoy, desde que Steam es la única tienda de juegos, ya no te lo hacen—dijo Pascual—. Como mucho hay un mini tutorial que te enseña lo más básico. Te cobran lo mismo que antes, pero ahora ya no hay manual. Si tienes la suerte de encontrar algo que te explique cómo funciona el juego, es porqué alguien de la comunidad lo ha redactado. Y si no tienes esa suerte, has de buscar algún vídeo en el que alguien te explica los rudimentos del juego, utilizando la jerga más enrevesada posible, para demostrarnos lo mucho que domina el juego. El problema es que los usuarios decimos sí a todo. Años atrás, sin manual, los desarrolladores de juegos, no hubieran conseguido vender nada. Hoy, se lo permitimos. E incluso nos hacen tragar su “DRM”.


— ¿DRM?—preguntó Santiago.
— Si. Es una rutina que añaden al juego, que impide que lo puedas ejecutar si no es a través del programa de Steam. Date de baja de Steam y todos los juegos que en su día les compraste dejarán de funcionar. Amazon hace lo mismo con los libros digitales que vende. Todos ellos llevan drm y eso te impide llevar el libro a un dispositivo que no esté controlado por ellos. Algo tan fácil como el hecho de prestar o vender un libro, según y como, es imposible de hacer hoy en día—Pascual suspiró y bebió un trago de cerveza—. Hace una semana, Microsoft cerró una librería que tenía para vender libros digitales. Todos los libros que habían vendido dejaron de funcionarles a los usuarios debido al cierre de esa librería, ya que el drm comprobaba a través de ella si el libro era legal ó no.
— Tela—dijo Inés.


— Lo peor es que nos dejamos hacer y les seguimos el juego, comprándoles a pesar de todo —continuó Pascual—. Hoy compras un libro en la tienda de Google y no lo podrás leer en un dispositivo kindle, el que vende Amazon, ya que cada tienda tiene su drm diferente. Y si compras a Amazon has de indicarles en que ordenadores, tablets o móviles vas a tener el libro. Pero, ¿quiénes son ellos para que tengamos que decirles los dispositivos que tenemos en casa?. Eso está en contra de la privacidad. Compramos un libro digital, pero en realidad lo alquilamos. A precio de compra, por cierto. Cuando a ellos les parezca, te lo pueden quitar de tu dispositivo ó fijar desde dónde lo puedes leer. Y si a eso le añadimos que por el hecho de comprar cualquier dispositivo, ya nos están cobrando un porcentaje para la sociedad de autores, en compensación por el posible uso fraudulento del mismo – ya que se nos considera a todos unos piratas -, tenemos el perfil completo: compramos un libro, que nunca será nuestro por culpa del maldito drm. Lo ponemos en el kindle, Kobo, ordenador, tablet, móvil ó similar en el que ya nos han cobrado una compensación para la SGAE. Si este criterio mismo de considerar a todos culpables se aplicara al pp que tiene 900 personas “investigadas”, hace tiempo que ese partido hubiera dejado de existir.


— ¡Ala!, ¿es eso cierto, lo del drm?—preguntó Santiago.
— Totalmente. Mientras te muevas en el ámbito de Amazon, si utilizas un kindle, no tendrás problemas para leer sus libros. Pero, a la que cambies de tienda ó la marca de tu dispositivo, tu lector será incapaz de permitir que leas algo que no es suyo. Es una tomadura de pelo, pero nos dejamos hacer. Somos así de gilipollas. Mucha tecnología pero demasiada trampa encubierta. Estamos comprando libros que nunca serán nuestros. E insisto: los pagamos a precio de compra, no de alquiler. ¿Qué será lo siguiente?. ¿Que nos vendan altavoces caseros conectados a nuestra red para poder escuchar lo que decimos en casa?. ¿Asistentes en el móvil para enterarse de lo que hacemos, lo que decimos, por dónde vamos y lo que compramos?. ¿Coches conectados que no te permitirán ir a ciertos lugares o que te obligarán a usar autopistas de peaje?. ¿Televisores conectados que nos machacarán a anuncios?.
— ¡Viva la tecnología!. Moraleja: seguir comprando libros de papel — dijo Inés —. Y seguir acumulando polvo en las estanterías.

Draw: efecto que se aplica al swing, mediante el cual la bola realiza una trayectoria curva de derecha a izquierda.

Conversaciones en el hoyo 19: el dinero.

—Hoy he prestado dinero a un amigo en problemas—comentó Pascual a sus compañeros de golf. Como de costumbre, estaban los tres amigos sentados en el bar de la casa club del golf en el que habían jugado las últimas horas—. Este amigo tiene un negocio que, por culpa de los bancos, estaba a punto de irse a la bancarrota.
—No puede ser—dijo Bronchales—. Si hoy en día no se pagan apenas intereses…
—Eso lo dirás tú—le contestó Santiago que añadió riendo:—como se nota que has trabajado en una multinacional en la que los bancos comían de vuestra mano. La realidad es otra: los bancos no pagan apenas intereses a sus depositantes, pero no veas si les pides un préstamo, una hipoteca o una línea de crédito. Entonces te clavarán unos intereses altos y evidentemente, todos los gastos serán a tu cargo.
—No me digas que no pagan intereses por tener tu dinero en un banco—dijo Bronchales—. Yo cobro un uno y pico.
—Pero no en tu cuenta corriente.
—No. Lo tengo en una cuenta de esas de inversión—repuso Bronchales.
—Ya me parecía—rió Santiago—. Supongo que será una de esas cuentas en la que tu eliges el riesgo: moderado, ni muy moderado ni muy arriesgado y arriesgado. En estos casos, si la pandilla de inversores del banco aciertan con la inversión y hay beneficios, tu cobrarás ese uno por ciento estipulado y nada mas, aunque los beneficios sean superiores. Y en caso de que los inversores del banco no obtengan beneficios, tu asumirás las pérdidas y perderás parte de tu dinero. Eso funciona así.

—Tal vez tengas razón…
—¿Se puede prestar dinero a un particular?. ¿No es competencia desleal a los bancos?—preguntó Bronchales.
—Claro que se puedes—contestó Pascual—Tu dinero es tuyo y puedes usarlo como quieras. A no ser que lo regales, lo que atraería a hacienda, que te cobraría por donación. A raíz de la crisis, los bancos dejaron de prestar dinero y surgió u movimiento entre particulares en el que unos prestaban dinero a otros. Hoy en día, si no quieres pasar por el banco para pedir dinero, lo puedes solicitar por Internet, donde hay infinidad de webs dedicadas a ese tipo de préstamos P2P.
—¿Como las pelis y la música en las webs P2P?.
—Exactamente. Aunque no te lo recomiendo.—dijo Pascual. Tras dar un largo sorbo a su cerveza, añadió:—Los intereses que se cobran entre particulares suelen ser abusivos. Los he visto al 40% y al 60%.
—Vamos, que podemos descartarlo. A no ser que seamos nosotros los que hagamos el préstamo—añadió Bronchales.
—No te lo recomendaría. por dos razones: por un lado es aprovecharse de la necesidad ajena. Si alguien está dispuesto a pagar tantos intereses es porqué está en una situación desesperada…
—Lo mismo que hacen ciertos médicos cuando se trata de salvar la vida a un paciente o una farmacéutica cuando descubre un fármaco que cura una enfermedad terminal. ¿Quieres seguir viviendo?. ¡Pues paga!.

—Vale. Me has pillado. El hacer leña del árbol caído es bastante frecuente entre la gente que carece de ética—concedió Pascual—pero ninguno de los que estamos en esta mesa somos así. Como mucho podemos darle una patadita a esa bola de golf que ha ido a parar a un lugar jodidamente difícil, cuando nadie mira—Mientras lo decía miró fijamente a Santiago quien se puso rojo.
—¿Insinúas que yo…?—dijo indignado.
—No insinúo nada. Estaba jugando contigo para ver tu reacción. En realidad debo deciros que hoy he pecado una vez con la patadita a la bola.

—Volviendo a los préstamos—terció Bronchales, cambiando de tema—,¿y la otra razón por la que los préstamos P2P no convienen?.
—La otra razón es el riesgo. No se suele investigar exhaustivamente a la gente que pide el préstamo. Y te puedes llevar una sorpresa a la hora de cobrar.
—¿Y tú que has hecho?.
—Un acto de fe. Conozco razonablemente bien a la persona que necesita el dinero y he dejado que sea mi instinto el que decidiera si fiarme ó no de esa persona. Al fin y al cabo, ese dinero no me hacía falta y tampoco me rentaba nada. Quizás lo podía haber gastado en un cochazo, pero, ¿para qué?. No lo necesito y eso si que es tirar el dinero. Prefiero darle una oportunidad a alguien para que pueda salir adelante con su negocio.
—De lo que deducimos que eres un trozo de pan, Pascual.
—Gracias. Incluso si pierdo el dinero, lo consideraré como bien empleado.

—Permitid que ponga en tela de juicio la honorabilidad de Pascual. Eso de la “patadita” me parece que demuestra todo lo contrario—dijo Santiago, sonriendo—.Me has ganado por un punto. Propongo que se te sume un punto por la “patadita” y otro de penalización, lo que me convierte en el nuevo campeón.
—Lo acepto humildemente e incluso estoy dispuesto a compensaros con una cena: la cena de la “patadita”—respondió Pascual.
—Me apunto—respondieron al unísono sus compañeros.