Conversaciones en el hoyo 19: Egos

—El día que me funciona el swing no me funciona el putt—dijo irritado Juan.
—Ya sabes: “en el swing está la gloria, en el putt la victoria”—le contestó Santiago riendo.
—Y aún sin un buen putt nos has ganado a todos—añadió Inés—. A pesar de no haber pateado bien no has hecho mas de dos putts por green.
—¿Os habéis enterado de que los policías han protestado porqué les obligan a tener el bachillerato para poder ascender?—comentó Pascual.
—¡Pobres!—dijo Juan con ironía, llevándose el dorso de la mano a la frente—. Pensar que para sacudir a la gente se tenga que saber leer y escribir, además de saber contar hasta diez… Si el resto de delincuentes tuvieran que tener también el bachillerato, estoy seguro de que se reducirían los delitos. Casi me dan más pena que los militares en un desfile. El montón de horas que sus mandos les hacen ensayar para luego desfilar delante de las autoridades es vergonzoso.


—Estoy de acuerdo—repuso Pascual—. Me recuerda a la esclavitud. Si tenemos en cuenta que todas las empresas abusan de su personal, lo del ejército es muy descarado. Incluso vergonzoso. Que tengan que formar la guardia cada vez que llega un general al cuartel es de total sumisión. Esclavitud al fin y al cabo.
—Esperemos que no se extienda al mundo de la empresa—dijo Santiago—. Sólo faltaría que en la Innombrable hicieran desfilar al personal, cada vez que llegara el CEO.
—No será por ganas—opinó Pascual—. Si algo detecté en las empresas en las que he trabajado, es el inmenso ego de sus mandos. En la Innombrable tienen dos sistemas para atender al personal cuando reportan un problema informático: si se trata de empleados normales, que se apañen, buscando la solución en una base de datos de incidencias. Si se trata de jefes, a los dos minutos tienen a un informático en su despacho.


—Uf. Yo podría escribir un libro sobre esos abusos de poder de la Innombrable. Cuando los empleados venían al bar, con un par de cervezas largaban de todo y yo los oía desde la barra—explicó Santiago.
—¿Y no lo denunciaban?—preguntó Inés.
—¿Y jugarte el empleo si lo haces?—contestó Juan—. No llegan a los niveles del ejército donde denunciar a un superior implica arresto inmediato para el denunciante, pero cuando dependes de tu sueldo lo mejor es callarte.
—Me recuerda algo que me contó un empleado de la Innombrable—explicó Pascual—. Un empleado jovencito, bastante gamberro, muy irrespetuoso pero muy cachondo anunció que se iba a casar. El comentario de su jefe, cuando se enteró fue: “ya lo tenemos”. Y tenía razón. Con los meses ese empleado fue integrándose en el sistema para convertirse en uno mas. Una hipoteca, esposa, coche e hijos te hacen apreciar tu empleo, por malo que sea y a soportar cualquier abuso de tus superiores.
—País…
—No lo creas, Inés—dijo Pascual—. Eso pasa en todo el mundo. No hay países en los cuales no se abuse de la gente. Quizás los países nórdicos sean un poco más civilizados.
—Eso me recuerda algo que leí en twitter el otro día—explicó Juan—. La cosa, decía, consiste en declarar la guerra a Noruega. Dejar pasar un par de días y luego ir a la embajada Noruega y presentar la rendición total. Así formaríamos parte de un país civilizado y obtendríamos una sociedad con las mismas ventajas que los habitantes de Noruega.

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