Agua cara siempre es mala

Aquella tarde llegué al bar de Santiago, relajado y tranquilo tras una jornada de trabajo tranquila. Mi jefe estaba de viaje y estaba temporalmente tranquilo de sus maquinaciones.

– Hola Santiago. Me tomaría una de esas tapas de tortilla que tan bien te salen. Y unos pulpitos a la gallega, si me ayudas con ellos.
– No hay problema. Esta tarde está el bar muy tranquilo. Además quería hablarte de una persona, por cierto, asiduo visitante del bar.
Cortó un buen trozo de tortilla, lo sirvió en un plato, me pasó una barra de pan y un cuchillo, para que lo cortara y se metió en la cocina. Tras cortar unos cuantos trozos de pan, llevé el plato de tortilla a una mesa, luego el pan, me serví una caña, la puse sobre la mesa y me senté a esperar a Santiago.
Llegó de la cocina con el plato de madera en el que estaba el pulpo, rodeado de patatas hervidas.
Se sentó, tras haberse servido un vaso de agua del grifo y empezamos a comer.
La verdad es que ambos estábamos muy hambrientos, ya que nos costó arrancar a hablar.

Empecé yo.
– Bueno, Santiago. Cuéntame quien es ese cliente de quien me querías hablar.

– Tu sabes que soy una persona a quien me gustan todas las acciones que pretenden cambiar en algo nuestra sociedad. Este hombre, Ricardo, es una persona como cualquier otra. Vive en las afueras de la ciudad, en un piso de una comunidad en la que todos los vecinos son jóvenes como él.
Me contó que durante los primeros años fue conociendo a sus vecinos y, descubrió con agrado que la mayoría eran también vecinos comprometidos con la sociedad. Descubrió que, al igual que él, sus vecinos no estaban de acuerdo con muchas cosas que hoy en día se dan como normales.

– Navegando por Internet, Ricardo descubrió un informe acerca del agua en el mundo y se maravilló con lo que descubrió. Nueve países se reparten el sesenta por ciento del agua dulce mundial. Europa consume el setenta por ciento del agua del mundo. Esta situación está agravada por el hecho de que muchas empresas están convirtiendo un derecho social en un bien económico.

– Afortunadamente hay países que empiezan a actuar en contra de ello. Uruguay es uno de esos países. En su constitución se reconoce el agua como un bien necesario para todos los ciudadanos.
La cuestión es que Ricardo lo habló con sus vecinos y se pusieron de acuerdo en dejar de comprar agua embotellada. Por ello pusieron una descalcificadora en la comunidad y notaron de inmediato sus ventajas. Luego todos los vecinos compraron depuradoras por ósmosis para cada una de las viviendas.

– Acabaron así con la molesta compra y posterior carga de packs de botellas de agua embotellada. Ahora disfrutan de agua que sabe a agua y no pagan el 1100 de más que cargan las embotelladoras por distribuir agua embotellada.

– En muchos casos, el 25 por ciento, más ó menos, el agua que venden embotellada no es más que agua depurada – como hacen los vecinos de Ricardo – a la que han añadido minerales, simplemente. Cuando se trata de agua de manantial, su extracción en muchas ocasiones, excede la velocidad de regeneración del agua en el subsuelo. Cerca de aquí, en las montañas, la población de la zona, está viendo como dos empresas están vaciando el agua de su subsuelo, a una velocidad tal, que en pocos años, quedará desecada toda la comarca.

– Es sorprendente – dije.

– Hay aún más. Los envases son de PVC que es tóxico, cuando se fabrica y se consume. Produce dioxinas, que son cancerígenas. Además el PVC tarda 1000 años en degradarse, a no ser que se incinere, lo cual suelta a la atmósfera gases contaminantes.

– Resumiendo, el agua embotellada del primer mundo es una estafa en muchos casos. El marketing ha logrado convencer a la sociedad de que el agua embotellada es sana.

– Por suerte ya hay acciones para corregir eso. El Ayuntamiento de París, para disuadir del uso del agua embotellada, creó la campaña Eau de Paris. Con una botella de lujoso diseño, pero vacía, recordaba a la gente que el agua del grifo es igual de buena que la Evian o Perrier, las más consumidas en París. Otra empresa hace campaña contra las botellas de agua. Neau es una botella que se vende vacía para que la llenes de agua del grifo. Es una campaña de una fundación holandesa que tiene un doble objetivo: concienciar sobre el uso del agua del grifo y recaudar fondos para abastecimiento de agua potable en el Tercer Mundo.

– Ya ves que sigue habiendo gente que se va concienciando para evitar caer en la trampa del consumismo. Porqué incluso el agua embotellada no es otra cosa que consumismo. Por eso admiro a Ricardo y a los compañeros de su comunidad por haber dado este paso.
Por cierto, ¿quieres tomar algo más?.
– Creo que me tomaré un café y un poco de agua. Mejor del grifo, claro.

– Yo también voy a dar un paso, como Ricardo – me dijo Santiago -, la semana que viene me pondrán un depurador de agua por ósmosis. Cuando un cliente me pida agua le pondré agua depurada y, además gratis. He de aportar mi grano de arena a la sociedad.

Idonia, la suiza

Idonia era una mujer pequeña, delgada, rubia, con el pelo corto y unos enormes ojos azules.

Era soltera y trabajaba en una multinacional, en el departamento de Recursos Humanos.
La conocí en un viaje que tuve que hacer a Suiza, para negociar varios temas que afectaban a personal de mi país.
Las negociaciones fueron duras, por no decir durísimas.

Me pareció increíble que una persona tan pequeña pudiera ser tan agresiva a la hora de defender los intereses de su empresa.
Me sorprendió igualmente descubrir el gran desprecio que sentía hacia los trabajadores objeto de negociación. Para ella no eran más valiosos que cualquier mueble de la oficina o cualquier máquina de las múltiples fábricas que producían para la multinacional.
Era incapaz de imaginar siquiera que un empleado pudiera tener vida personal. Descubrí que no tenía escrúpulo alguno en despedir a cualquier persona, sin importarle un ápice sus circunstancias personales.

Afortunadamente, tras aquel viaje, no surgieron más motivos para tener que volver a negociar con Idonia y con los años me quedó de ella únicamente el recuerdo de aquel viaje y la imagen de aquella persona menuda pero dura e intransigente negociadora.

Años más tarde alguien me comentó que aquella mujer había dejado de trabajar en la multinacional. Indagando un poco más me enteré de las razones de ello.

Una mañana empezó a sentir una opresión en el pecho que, no tardó en extenderse hacia los hombros y la mandíbula. Empezó a sudar y notó sensación de ahogo.
Llamó a su secretaria y le dijo que llamara a una ambulancia, que algo grave le estaba pasando. Una vez llamada la ambulancia, con la ayuda de su secretaria bajaron al Hall y allí Idonia cayó al suelo.

Afortunadamente llegó la ambulancia de inmediato.
Se trata de un infarto – le dijeron a la secretaria cuando ella les explicó los síntomas.
La levantaron del suelo y la pusieron en la camilla. Auscultaron su corazón. Estaba parado.
Corriendo llevaron la camilla hasta la ambulancia.
Una vez dentro intentaron reanimarla.
Por lo que supe, estuvo dos minutos muerta hasta que consiguieron reanimarla.
Pasó tres semanas en el hospital. Luego siguió un mes de asistencia psiquiátrica hasta que le dieron el alta.

Me enteré que le había quedado una lesión en el corazón y los médicos no le daban mucho más de cinco años de vida.
Luego fue a la oficina y dejó el empleo.
Supe que vendió su casa y desapareció.

Pasaron dos años y, un día, hablando por teléfono con una amiga de Buenos Aires, ésta me explicó:

– ¿Sabes?. Ayer estuve en el barrio de San Telmo, paseando con Noelia, una buena amiga. Los domingos este barrio está lleno de turistas. Podés escuchar el tango, hay distintas orquestas. El baile es libre. Hay un profesor pero puede bailar quien quiera. Y bueno, ahí no hay distinción. Se mezclan chinos con americanos, alemanes con españoles, jovenes con viejitos. Y todo el mundo baila tango. Es hermosísimo.

«Y después, seguimos caminando. San Telmo es encantador y podés ver muchas cosas. Vimos una parejita que son bailarines. Se ponen a bailar y se llena de público para verlos. Entonces hacen como una actuación entre ellos. Son dos chicas y un chico y, por ejemplo está bailando la primera pareja y aparece la otra mujer y hace así como que están peleando. La mujer que entra, saca a la chica y se pone a bailar con el hombre y él pone cara como diciéndose ¿qué pasó? y el público lo mira, divertido».

«Después viene una chica bajita, de pelito corto, bonita de cara y le hace eso mismo a la que estaba bailando, que es una bailarina profesional. La saca así del baile. ¡Y ella era del público!. El público se quedó asombrado. Y se pone a bailar con él. El bailarín pensó que esa mujer sabía poco y nada. Bueno. La cosa es que ¡se lució tanto!. La chica bailaba muy bien. Yo digo que mejor que la bailarina profesional. Y bueno, hacía unos cortes, estiraba las piernas y las volvía a juntar».

«Lo llevaba a él. Porqué en realidad en el tango el hombre lleva a la mujer. En este caso ella era la que dominaba todo. Y con mucha gracia. Siempre estaba sonriendo con la manito arriba al hombro de su pareja. Cuando terminó la pieza la chica, muy elegante, sabiendo lo que hacía, se baja, hace como un saludo. El público aplaude – y mucho – y ella le saca el sombrero al hombre y se pone a pasar la gorra muy animada y sonriendo».

«Todo el público pensó que la chica era argentina. En realidad la gran sorpresa fue cuando el bailarín le preguntó: ¿sos argentina?. Ella dijo, no, soy suiza. Hablaba español, pero lo manejaba bien y todos empezamos a aplaudir, asombradísimos. Y bueno, la cosa es que fue muy emocionante y yo sentí mucho orgullo que una persona que no era argentina pudiera bailar tan bien el tango».

Pedí me describiera más a esa mujer.

¿Hace falta que diga quién era?.