Conversaciones en el hoyo 19: la política

—Bueno. La intención es lo que cuenta—dijo Bronchales, al sentarse con sus compañeros, tras un partido de golf desastroso.
—Tu quédate con el swing que has hecho en el catorce— le dijo Pascual—. Por un centímetro no ha sido “hole in one”.
—Desde luego que me quedaré con ese golpe. Ha sido el único swing decente que he hecho hoy.
—¡Camarero!. Por favor, apague la televisión, o por lo menos baje el volumen—gritó Santiago. Luego, bajando la voz dijo a sus amigos—. Sólo nos faltaba eso: tener que escuchar a unos tertulianos inútiles comentando las noticias.
El camarero quitó el volumen del televisor y luego activó los subtítulos por si algún cliente estaba siguiendo el programa.
—¡Gracias!—agradeció Santiago al camarero.
—Parece mentira—dijo Bronchales—. Que en un campo de golf, uno de los pocos lugares en los que queda aún un poco de paz, de sosiego y de tranquilidad, nos castiguen con un televisor en marcha…


—Yo, desde que me jubilé he dejado de interesarme por las noticias—explicó Santiago—. Si de algo me sirvió aprender historia, fue para constatar que se vive mejor sin leer la prensa y sin ver la televisión.
—¿Qué tiene que ver la historia con ello?—preguntó Pascual.
—Pues me dice que, políticamente, la humanidad no ha avanzado nada. Desde hace cinco mil años una minoría se ha dedicado a dominar al resto del personal. Y aún sigue siendo así. Religión, emperadores, reyes, cualquier excusa ha servido para mantener dócil a la mayoría. Han ido sofisticando el sistema, pero básicamente es lo mismo. Multinacionales, guerras, miedo, ese engendro al que llaman democracia, con el que los políticos se llenan la boca y que no paran de nombrar…
— Tenemos democracia—terció Pascual.
— ¡Exacto!. Gracias a ella los políticos hacen todo lo que les pide la sociedad—contestó Santiago, sarcástico—¿No es así?.
— Hombre. No exactamente.


— Entonces no tenemos una verdadera democracia. El poder en realidad emana de esa minoría: banqueros, empresas grandes, multinacionales…—añadió Santiago, ya lanzado—. Todo lo demás es una escenificación, una película que nos pasan para que estemos distraídos con la representación y nos mantengamos dóciles y sumisos. Conceptos como patria o bandera son algo que funcionaba bien en la edad media pero que ya no tienen sentido. La bandera servía para que el montón de analfabetos que tenían que luchar por su rey fueran capaces de distinguir a sus tropas de las del enemigo. Y el concepto patria es estúpido en un mundo cada vez más globalizado en el que deberían desaparecer las fronteras, ya que al fin y al cabo, somos ciudadanos del planeta Tierra.


Santiago bebió un sorbo de cerveza y añadió:
—Ya sabéis que lo que no se puede cambiar, no vale la pena criticarlo. No sirve de nada hacerlo y es el deporte nacional en nuestro país—miró a sus amigos y siguió diciendo—: Os voy a hacer una oferta. Los tres tenemos una jubilación decente. Por eso os propongo dejar de seguir la escenificación política y dedicar nuestras energías en cosas importantes: literatura, música, arte, ciencia, golf…
—Me gusta la oferta. No más prensa, ningún noticiero en la televisión o en la radio…
—Exacto. Basta de cosas sórdidas. Y vamos a disfrutar de aquello que ha hecho brillar a la humanidad y que nos hará creer de nuevo en el ser humano.
—Yo también me apunto—dijo Bronchales, ilusionado.
—Pues levantemos la sesión. Que luego la familia protesta…


Los tres se levantaron y se dirigieron a la barra a pagar. Sentados en sendos taburetes, dos hombres charlaban:
—El discurso del rey me pareció muy sobrio, con una visión muy clara de los problemas del país—decía uno, añadiendo—: El discurso de un verdadero estadista.
—Pues a mi me pareció idéntico al del año pasado, e incluso a los que hacía el rey anterior. Cuando lo oí, tuve la sensación de estar viviendo el “día de la marmota”.


Pascual recogió el cambio que le dio el camarero y los tres salieron del local.
—¿Veis lo que os decía?. A la gente les encanta malgastar su vida hablando de política. ¡Con la de cosas que realmente valen la pena!.

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