Conversaciones en el hoyo 19: el dinero.

—Hoy he prestado dinero a un amigo en problemas—comentó Pascual a sus compañeros de golf. Como de costumbre, estaban los tres amigos sentados en el bar de la casa club del golf en el que habían jugado las últimas horas—. Este amigo tiene un negocio que, por culpa de los bancos, estaba a punto de irse a la bancarrota.
—No puede ser—dijo Bronchales—. Si hoy en día no se pagan apenas intereses…
—Eso lo dirás tú—le contestó Santiago que añadió riendo:—como se nota que has trabajado en una multinacional en la que los bancos comían de vuestra mano. La realidad es otra: los bancos no pagan apenas intereses a sus depositantes, pero no veas si les pides un préstamo, una hipoteca o una línea de crédito. Entonces te clavarán unos intereses altos y evidentemente, todos los gastos serán a tu cargo.
—No me digas que no pagan intereses por tener tu dinero en un banco—dijo Bronchales—. Yo cobro un uno y pico.
—Pero no en tu cuenta corriente.
—No. Lo tengo en una cuenta de esas de inversión—repuso Bronchales.
—Ya me parecía—rió Santiago—. Supongo que será una de esas cuentas en la que tu eliges el riesgo: moderado, ni muy moderado ni muy arriesgado y arriesgado. En estos casos, si la pandilla de inversores del banco aciertan con la inversión y hay beneficios, tu cobrarás ese uno por ciento estipulado y nada mas, aunque los beneficios sean superiores. Y en caso de que los inversores del banco no obtengan beneficios, tu asumirás las pérdidas y perderás parte de tu dinero. Eso funciona así.

—Tal vez tengas razón…
—¿Se puede prestar dinero a un particular?. ¿No es competencia desleal a los bancos?—preguntó Bronchales.
—Claro que se puedes—contestó Pascual—Tu dinero es tuyo y puedes usarlo como quieras. A no ser que lo regales, lo que atraería a hacienda, que te cobraría por donación. A raíz de la crisis, los bancos dejaron de prestar dinero y surgió u movimiento entre particulares en el que unos prestaban dinero a otros. Hoy en día, si no quieres pasar por el banco para pedir dinero, lo puedes solicitar por Internet, donde hay infinidad de webs dedicadas a ese tipo de préstamos P2P.
—¿Como las pelis y la música en las webs P2P?.
—Exactamente. Aunque no te lo recomiendo.—dijo Pascual. Tras dar un largo sorbo a su cerveza, añadió:—Los intereses que se cobran entre particulares suelen ser abusivos. Los he visto al 40% y al 60%.
—Vamos, que podemos descartarlo. A no ser que seamos nosotros los que hagamos el préstamo—añadió Bronchales.
—No te lo recomendaría. por dos razones: por un lado es aprovecharse de la necesidad ajena. Si alguien está dispuesto a pagar tantos intereses es porqué está en una situación desesperada…
—Lo mismo que hacen ciertos médicos cuando se trata de salvar la vida a un paciente o una farmacéutica cuando descubre un fármaco que cura una enfermedad terminal. ¿Quieres seguir viviendo?. ¡Pues paga!.

—Vale. Me has pillado. El hacer leña del árbol caído es bastante frecuente entre la gente que carece de ética—concedió Pascual—pero ninguno de los que estamos en esta mesa somos así. Como mucho podemos darle una patadita a esa bola de golf que ha ido a parar a un lugar jodidamente difícil, cuando nadie mira—Mientras lo decía miró fijamente a Santiago quien se puso rojo.
—¿Insinúas que yo…?—dijo indignado.
—No insinúo nada. Estaba jugando contigo para ver tu reacción. En realidad debo deciros que hoy he pecado una vez con la patadita a la bola.

—Volviendo a los préstamos—terció Bronchales, cambiando de tema—,¿y la otra razón por la que los préstamos P2P no convienen?.
—La otra razón es el riesgo. No se suele investigar exhaustivamente a la gente que pide el préstamo. Y te puedes llevar una sorpresa a la hora de cobrar.
—¿Y tú que has hecho?.
—Un acto de fe. Conozco razonablemente bien a la persona que necesita el dinero y he dejado que sea mi instinto el que decidiera si fiarme ó no de esa persona. Al fin y al cabo, ese dinero no me hacía falta y tampoco me rentaba nada. Quizás lo podía haber gastado en un cochazo, pero, ¿para qué?. No lo necesito y eso si que es tirar el dinero. Prefiero darle una oportunidad a alguien para que pueda salir adelante con su negocio.
—De lo que deducimos que eres un trozo de pan, Pascual.
—Gracias. Incluso si pierdo el dinero, lo consideraré como bien empleado.

—Permitid que ponga en tela de juicio la honorabilidad de Pascual. Eso de la “patadita” me parece que demuestra todo lo contrario—dijo Santiago, sonriendo—.Me has ganado por un punto. Propongo que se te sume un punto por la “patadita” y otro de penalización, lo que me convierte en el nuevo campeón.
—Lo acepto humildemente e incluso estoy dispuesto a compensaros con una cena: la cena de la “patadita”—respondió Pascual.
—Me apunto—respondieron al unísono sus compañeros.

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