Espíritu crítico

 
– ¿Sabéis que Pedro González ya no trabaja en la Innombrable?.
Estaban sentados en torno a una mesa en el bar de Santiago, que aquella tarde estaba vacío debido al partido de fútbol que se estaba jugando en esos momentos. Santiago, el propietario del bar, un hombre no muy alto, regordete y con una barba cana que hacía resaltar unos ojos que daban la sensación de haberlo visto todo, estaba detrás de la barra, poniendo en una bandeja las cervezas y los pinchos que le habían pedido los cuatro chicos de su única mesa ocupada.
 
– ¡Anda!. ¿No era ese tío un jefe de departamento?. No llevaba mucho tiempo en la empresa, ¿verdad?.
– No. Pertenecía a una empresa que fue adquirida por la Innombrable hará un par de años.
– Me caía simpático el hombre. Se le veía muy humano, muy próximo. Lástima que se haya ido.
– ¿Ido?. Quizás lo echaron. Corren rumores de todo tipo sobre él. Unos dicen que hizo alguna cosa mala y lo pillaron. Otros que tenía un lío con alguien del personal femenino.
 
Santiago se acercó a la mesa y empezó a traspasar el contenido de la bandeja a la mesa.
– ¿Quién ha pedido el vino? – preguntó.
– ¡Yo! – dijo la única mujer de la mesa. Santiago le dejó delante la copa de vino y puso los platos con los pinchos en el centro de la mesa. Luego volvió a la barra.
– Pues la circular que ha emitido la empresa respecto a Pedro González, le desea lo mejor en sus nuevos cometidos. Teniendo en cuenta que ese «le desea lo mejor» únicamente se usa con la gente que no han pillado en algún trapicheo, eso descarta el primer rumor.
– Y el segundo, lo del lío de faldas, dudo mucho que sea causa de despido. En la Innombrable la mitad del personal tiene o ha tenido algún amorío con la otra mitad.
– Quizás Felisa ha denunciado a la mujer por competencia desleal.
 
Todos rieron aquel comentario.
– Pues yo no lo entiendo. Un hombre encantador, creo que muy competente, buen jefe y se larga de la empresa, teniendo por delante un buen futuro.
– Quizás puedo aportar alguna luz en este asunto – dijo Santiago desde la barra. Todos se lo quedaron mirando -. La proximidad de este bar con vuestra empresa hace que prácticamente todo el personal vaya pasando por aquí y casi podría decir que me entero mejor de lo que acontece en vuestro trabajo que vosotros mismos.
– Venga, señor Santiago. Tómese una cerveza con nosotros y cuéntenos lo que ha oído.
 
Santiago se sirvió una copa de vino y se acercó a la mesa, sentándose con los chicos.
– No sé si sabéis que en el departamento de Pedro González echaron, hace un par de meses, a dos personas – dijo Santiago.
– Ni idea – dijeron todos.
 
– Como su jefe, esas dos personas pertenecían a la misma empresa, aquella que había sido comprada por la Innombrable – prosiguió Santiago -. Y he de decir que son muy buenos profesionales. Sin embargo cuando se incorporaron a la plantilla de la Innombrable, empezaron a darse cuenta de que el ambiente era completamente distinto al de su empresa origen. Ellos que siempre habían sido críticos con las políticas de su departamento, descubrieron que en la Innombrable había que comulgar con las ideas de sus superiores y descubrieron que el personal estaba compuesto por un rebaño de ovejas que se limitaban a cantar loas a las decisiones de sus superiores en todas las reuniones de trabajo.
– Hombre. Dedicarse a criticar a la empresa tampoco debe ser muy bueno…
– Ser crítico no es exactamente eso. Se trata de analizar una decisión y opinar, proponer mejoras ó decisiones alternativas que sean mas viables – aclaró Santiago -. Y luego estaban esas reuniones de adoctrinamiento del personal en las que, según palabras de estas dos personas, los asistentes parecía que fueran con sobredosis de mescalina, aplaudiendo y riendo las gracias del orador de turno. Como decían ellos, en esas reuniones solo falta el coro Gospell.
 
– Hombre. Quizás no es para tanto, aunque algo de cierto hay en lo que ellos decían.
– La cuestión es que empezaron a darse cuenta de que, con la abundante burocracia de la Innombrable, las diferentes reuniones de trabajo, los cursos y reuniones de adoctrinamiento, eran incapaces de sacar adelante su trabajo diario a no ser que aumentaran su jornada en cinco o seis horas. Eso y el ambiente general de peloteo intenso hacia los mandos les hizo caer en una actitud de pasotismo.
– ¿No le dijeron nada a Pedro, su jefe?.
– Desde luego que si. Pero Pedro no tenía forma de remediar las cosas. Su jefe inmediato le controlaba constantemente, asistiendo a todas las reuniones de trabajo y haciendo prácticamente todas las sugerencias que los subordinados aplaudían.
 
– ¿Y qué pasó?.
– Lo previsible. La empresa quería seguir teniendo un discurso único y aquellos dos empleados no lo aceptaban e incluso se reían de él. Los echaron de un día para otro.
– ¿Y Pedro?.
– Se puso como una moto. Según él, el espíritu crítico es bueno para mejorar la empresa. Y cuando se vio frente a un grupo de palmeros, incapaces de sugerir ideas, se le vino el mundo abajo. Él que siempre había fomentado la participación de sus subalternos en todas las decisiones se descubrió incapaz de seguir haciéndolo. Y optó por abandonar la empresa en la que ya no se sentía a gusto. Y es curioso, decía él, que la empresa el la que trabajaba antes de ser comprada por la Innombrable creció, precisamente, gracias a ese ambiente crítico de sus empleados. Y ese ambiente ha sido el que la Innombrable cortó de cuajo nada mas entrar.      
 
– Pobre gente – dijo la mujer -. Como nosotros hemos entrado en la Innombrable directamente, no conocemos otros ambientes de trabajo. Pero ellos, que estaban, por decirlo de una manera sutil, en el cielo, la caída debió ser estrepitosa.
– Pues si – dijo Santiago -. Y no deja de ser curioso que a nivel social y político, esta lucha se está dando actualmente, debido a la crisis.
– ¡Es cierto!. Antes el discurso oficial no admitía ser cuestionado y ahora está aflorando una corriente social que pone en duda absolutamente todo: la constitución, el senado, la monarquía, la democracia…
 
– Exacto. La historia de la humanidad refleja esa intención de eliminar a todos aquellos cuyo pensamiento fuera distinto del poder. Se trataba de alinear en el mismo pensamiento a toda la sociedad. Y ahora están saliendo a la luz el montón de personas que cuestionan esas actitudes. Incluso la prensa «oficial» ha de reflejar, de vez en cuando, esas voces discordantes si quiere dar imagen de veracidad a sus noticias. Si nuestro presidente tuviera un mínimo de inteligencia habría elegido consejeros de todas las ideologías y no al conjunto de personas que tiene con el pensamiento idéntico al suyo. Sólo así se puede salir del agujero: viendo las cosas desde diferentes ángulos. Quizás los cambios que veréis, si se producen, irán en esa dirección.
 
– ¿Y por qué no van a producirse?. La opinión pública quiere esos cambios.
– Porqué nuestro país está alineado con otros países que nunca querrán permitir que el nuestro se salga de los cauces trazados. El poder teme que el ejemplo de un estado pueda contagiarse a otros países. De todas formas confío en que triunfará la sociedad.
– Menos mal.
– Y ese espíritu crítico, ¿es bueno ó es malo? – preguntó Santiago.
– Es buenísimo.
– Pues, tarde ó temprano, esa actitud ha de llegar al mundo de la empresa. Podrán ser cincuenta años, un siglo, cuatro siglos, pero acabará llegando.
Santiago se levantó.
– Me vuelvo a la barra, voy a empezar a recoger porqué quiero cerrar pronto. Tengo una cena…
 
– ¿Una mujer? – dijo uno, sonriendo.
– Alguien de quien acabamos de hablar: Pedro González.
– Y, ¿cómo está?. ¿Ha encontrado un nuevo trabajo?.
– Las personas que valen, cuando caen, lo hacen como los gatos: siempre caen de pie. Pedro y sus dos ex-subordinados han montado un negocio y siguen desarrollando su trabajo para la Innombrable, eso si, fuera de su influencia y ganando bastante mas que cuando eran empleados.

Aclarando conceptos

Fue un artículo que leyó en la prensa que le dio la idea: había aparecido en Estados Unidos una aplicación llamada Knozen, cuyo objetivo era recopilar de forma anónima las opiniones de los trabajadores acerca de sus compañeros de trabajo. La idea le pareció original porqué cada empleado podía saber  el concepto que tenían los demás acerca de uno mismo.
Le costó encontrar en la red un host que sirviera para ir acumulando los datos de su futura aplicación, ya que tenía que estar en un país en el que no hubiera posibilidad alguna de que la Innombrable pudiera hacer cerrar la web. Una vez conseguido, estableció un sistema de encriptación de datos y otro de verificación de los accesos, basada en la mac adress del dispositivo conectado, para evitar duplicidades en las votaciones.
Obtuvo la lista de empleados de la Innombrable y la integró en la base de datos. A continuación se dedicó a crear una aplicación para móvil que permitiría opinar acerca de los compañeros e incluso hacer búsquedas y consultas de cualquier persona en la base de datos.
Por último se dio de alta en un correo temporal, desde donde envió varios mails a personas de la empresa que sabía, iban a extender la noticia de la nueva aplicación.
En una semana se habían descargado la aplicación ochocientas personas.
Y todos ellos votaron.

– Os he convocado a esta reunión porqué hemos de decidir que hacemos con esa aplicación que está provocando una verdadera revolución en la empresa – dijo el director general al iniciar la reunión.
Los veinticuatro subdirectores fingieron sorpresa como si no tuvieran nada que ver con ello, a pesar de que tenían instalada la aplicación en sus móviles e incluso habían votado sobre sus compañeros.
– Bueno – dijo el subdirector de RRHH -, gracias a esa aplicación hemos descubierto a tres pederastas, a un centenar de cocainómanos, varios alcohólicos, algunos heroinómanos, ladrones, difamadores, psicópatas, golfas, cientos de palmeros, egocéntricos…
– Perdona – interrumpió el director -. Ya sabes que he aprendido el castellano hace poco y no tengo idea del significado de la palabra «palmero».
– Se trata de un concepto muy español. Proviene del flamenco, un baile andaluz. Los palmeros son las personas que siguen el ritmo de las canciones con las palmas de las manos. En este caso se refiere a una persona aduladora, que aplaude todas las decisiones de sus superiores, aunque sean erróneas.
– Entiendo – dijo el director -. ¿Y golfas?.
– Son mujeres que utilizan su cuerpo para ascender en la empresa.
– Ah, prostitutas. ¿Es cierto que las hay?.

– Desde luego. Quizás el caso más claro es una jefa de informática. Llevábamos años preguntándonos como una persona tan incompetente había llegado tan alto y ahora la explicación es evidente. Felisa está donde está gracias a sus trabajos buco-faríngeos.
– ¿Buco qué? – preguntó el director de nuevo.
– Felaciones – le aclaró el subdirector de RRHH -. He preferido utilizar un eufemismo para quitarle crudeza a esta palabra.
– Ah.

A su lado Javier, el subdirector cuyo mando abarcaba, entre otras áreas, la de informática, estaba notando como el rubor invadía toda su cara, llegando a las orejas. Bajó la vista, viendo como sus compañeros lo miraban sonrientes, dándose codazos.
– Él es el último que la ascendió – susurró alguien a su alrededor.
– ¿Decías? – preguntó el director mirando al que había susurrado la frase.
– No, nada. Decía que él – lo señaló – había ascendido a Felisa.
– ¿Cómo has podido ascender a una incompetente, Javier? – inquirió.
– Bueno. Me envió un mail diciendo que se merecía el ascenso y luego acabamos de concretarlo en una entrevista en mi despacho…
– Eso significa que esa mujer sabe argumentar sus ideas – observó el director, apaciguador.
– Si te soy sincero – repuso Javier – no le escuché ningún argumento.
– ¿Cómo?.
– No podía hablar. Su boca estaba muy ocupada…

Una carcajada general recorrió la sala de reuniones.
– Pero Javier. ¿Cómo puedes decir algo así?. Te he tendido una cuerda para salvarte y no la has utilizado. Sabes que la Innombrable tiene un código de conducta que se ha de cumplir y tu no lo has seguido. Me veo en la obligación de despedirte – miró al subdirector de RRHH y le hizo una seña para que tomara nota -. Puedes presentar tu dimisión voluntaria ó dejar que sea la empresa la que te despida.
– Pero… -saltó Javier -. ¡Pero eso es hipocresía!.

– ¿Cómo dices? – gritó el director.
– Vamos a ser claros – dijo Javier, mas tranquilo -. En esta mesa hay una persona que lleva a sus clientes importantes a alguno de los pisos con prostitutas de alto standing que, casualmente, regenta otro de los asistentes de esta reunión. La subdirectora de comunicación paga una cantidad importante cada mes a los medios mas influyentes del país para que no publiquen ninguna noticia de la Innombrable sin su beneplácito. El subdirector del departamento legal soborna habitualmente a los jueces de las magistraturas laborales. El subdirector de RRHH acostumbra a exigir sexo a cambio de contratos de trabajo, además de tener una empresa de trabajo temporal que, casualmente, es la que nutre a la Innombrable de personal temporal. El subdirector de producción tiene varias empresas que venden con exclusividad maquinaria para nuestras líneas de fabricación. El subdirector de finanzas paga con la tarjeta de la empresa sus frecuentes fiestas particulares. Nuestro director, que todos los viernes dice ir a jugar a golf, en lugar de eso se va al «Château de Sade» con su secretaria a practicar con el látigo, cómo no, pagando la empresa. Por no decir que todos nosotros utilizamos los servicios del personal en trabajos particulares, ya sea fontanería, carpintería, electricidad, informática, leyes… – dejó vagar su vista por las caras de sus compañeros. Nadie le miró a los ojos -. ¿Quién incumple el código de conducta empresarial?. O mejor sería decir: ¿quien lo cumple?. Nadie. Todos sabemos lo que hacen nuestros colegas pero miramos a otro lado.

– Nos estamos desviando del propósito de la reunión – atajó el director -. Se trata de decidir qué hacemos con ese programa.
– Yo lo dejaría como está. Sin que la empresa haga comentarios al respecto – dijo el subdirector de RRHH -. Si lo prohibimos, su uso se extenderá aún más. Además nos ha ido muy bien para detectar gente anómala.
– ¿Todos de acuerdo? – preguntó el director. Todos asintieron con la cabeza -. Decidido. Dejaremos el tema como está. La reunión ha terminado – miró al responsable de RRHH y le hizo una seña para que se quedara. Luego miró a Javier -. Javier. Quédate un momento.
Cuando todos los demás subdirectores hubieron abandonado la sala de reuniones el director le dijo a Javier:
– Voy a hacer como que no has dicho nada en esa reunión – miró a los ojos al director de RRHH y añadió -. No prepares la liquidación de Javier. Es un buen elemento y la Innombrable lo necesita.

– Te noto preocupado, cariño – observó la esposa de Javier durante la cena.
– No es nada – repuso él.
– No te puedo creer – dijo ella, mirándole a los ojos. Quiso añadir algo pero calló al ver entrar a la sirvienta para recoger los platos de postre que acababan de utilizar. Al volverse a quedar solos añadió -. Cuéntame qué te pasa.
– Cuesta ser honrado cuando estás en un lugar de poder. Ya sabes lo que pienso de nuestros políticos – dijo Javier, abatido -. ¿Cómo pueden crear leyes los mayores delincuentes del país, los que más incumplen las legislación?. Pues en las empresas grandes ocurre lo mismo. Son los directores, de largo, los mayores corruptos de la empresa y curiosamente, son los que establecen las reglas de juego de sus subordinados.
– Bueno – dijo ella -. Es la historia de la humanidad. Siempre ha sido así. Y eso nadie lo puede cambiar.

El director se acostó cansado. Había estado horas diseñando una estrategia para colocar a aquellos empleados que estaban catalogados por sus compañeros como psicópatas en los departamentos que requerían mayor disciplina. Al acabar, contestó los mails que había recibido de nueve subdirectores, pidiéndole su recomendación para entrar en el exclusivo club «Château de Sade». Evidentemente les había contestado a todos que era imposible ayudarles.
¡Maldita la gracia le haría que le vieran con su flamante traje de cuero!.