Conversaciones en el hoyo 19: indagaciones

— Gran jornada la de hoy—sonrió satisfecho Santiago, mirando a sus dos compañeros. Juan no había ido a jugar con ellos, en esta ocasión—. Podría decirse que todos nosotros hemos estado en el par del campo.
— Si. Todos estábamos finos—puntualizó Pascual—. Por regla general, el día que tienes un buen swing, te falla el ship, el approach o sobre todo el putt. Y nos ha funcionado todo. En mi caso, teniendo en cuenta que yo estrenaba putter, Que por cierto, no os he contado cómo fue la compra del putter.
— Cuéntalo, ¿algún problema?— preguntó Inés.
— He de reconocer que aluciné en la tienda. Querían venderme un putter de casi quinientos euros. Al parecer lleva un contrapeso a cada lado, están hechos de una aleación que aprovecha la inercia de la bola en el green y que compensa el cambio en tu aerodinámica si un día te has peinado mal—bromeó Pascual.
— Y al final compraste…—apuntó Inés.


— Un putter que ya me pareció caro: setenta euros—respondió Pascual—. Teniendo en cuenta que con práctica, con una escoba puedes patear sin problemas, ya me está bien el putter que compré. Supongo que el que se gasta cuatrocientos euros en un palo de estos, en realidad lo hace por la parte psicológica y piensa que esa compra le solucionará sus deficiencias.
— Ah. Deporte de pijos—soltó Santiago—. Seguro que muchos de los que compran estos putters lo hacen para enseñarlos a sus compañeros de juego.
— En fin: lo da el país. Así somos—Inés bebió un sorbo de su cerveza—. Bueno. ¿Tenemos informes acerca Juan?.


— Escasos— dijo Santiago—. Este tío es todo un misterio. No hay referencia alguna en Internet que hable de él.
— Bueno, bueno—dijo Inés—. Seguro que lo has buscado en google y no sé si te has dado cuenta que ese buscador cada vez encuentra menos cosas y lo malo es que no hay apenas alternativas. Y la mayoría de los buscadores hacen su consulta en google.
— Entonces no sabemos nada de él—dijo Pascual.
— Espera. Yo he hablado mucho con él—dijo Inés—. Y puedo deducir que se trata de una persona muy solitaria, que no se fía de la gente. Que vive su vida de forma totalmente independiente. No le gusta el cine español, no escucha la radio ni ve la televisión. Ha hecho la mili y, supongo que debido a ello, odia el ejército. Es republicano y toca muy bien el piano.
— ¿Cómo sabes que toca el piano?—preguntó Pascual.


— Hay un vídeo suyo en Internet. Supongo que conocéis esa iniciativa que consiste en poner pianos en lugares públicos, como aeropuertos, plazas y calles peatonales—explicó Inés—. Pues él se sentó al piano en un aeropuerto y se puso a tocar sin saber que lo estaban grabando. Y menuda manera de tocar, por cierto. La escasa gente que había a aquellas horas de la madrugada en el aeropuerto, estaba emocionada con su interpretación de una pieza de Liszt. Más cosas: nunca compra nada que haya sido anunciado. Considera los anuncios como acoso de las empresas hacia sus clientes y nunca lo veréis llevando ropa con logos de marcas. Evita también comprar en empresas de EEUU y nunca compra a multinacionales.
— Joder, ¡que tío tan curioso!.


— Yo diría que se trata de uno de los pocos individuos que es consecuente con su forma de pensar— dijo Pascual —. Teniendo en cuenta la de veces que se descubre alguna multinacional haciendo trampas, ya sea explotando niños en ciertos países, ya sea influenciando gobiernos ó devastando bosques, lo consecuente sería que dejáramos de comprar a estas empresas depredadoras. Con los anuncios también estoy de acuerdo. Sorprende que pueda ser un delito que una persona acose a otra y que sin embargo se acepte que una empresa acose con sus anuncios. Las pocas veces que veo la televisión me maravillo de que te machaquen con los mismos anuncios una y otra vez. Siempre lo he considerado un insulto a los posibles clientes. Y no veáis si tenéis una de las televisiones modernas, esas que tienen el smart-tv. Si está conectada a la red, te aparecen anuncios en ventanas superpuestas, además de los que emite la propia televisión.
— Pero las televisiones viven de eso…—apuntó Santiago.
— Pues que busquen otra fórmula—Pascual estaba indignado—. Antes, las televisiones de pago se anunciaban diciendo que no ponían anuncios. Y ahora ellos también los ponen. Y no hablemos de las webs. Mi bloqueador de anuncios saca humo cada vez que navego. Mi sueño sería tener una aplicación en el móvil que me indicara las marcas que nos castigan con sus anuncios, para no comprarles nunca. Aunque sospecho que no quedaría nada que comprar…


— Imaginad que desaparecieran los anuncios en la prensa escrita, en la radio y en la televisión—añadió Inés—. Quizás se minimizaría el control de las empresas hacia los medios. Tendríamos una prensa más libre y las noticias se irían acercando a la realidad a diferencia de lo de ahora, que no es otra cosa que manipulación pura y dura.
— No me digas que lees la prensa—rio Santiago.
— Por encima y a través de Internet. Lo que me gusta es aquella prensa que permite a sus lectores escribir comentarios en sus noticias. Es de las cosas que me reconcilian con nuestro país ya que el nivel de crítica y sarcasmo es muy alto y de alguna manera, sirve como control a la prensa. Sospecho que los periodistas empiezan a tener en cuenta los posibles comentarios, antes de publicar una noticia. Tal vez de esta forma empiecen a desaparecer esas estupideces que publica la prensa acerca del último vestido que los españoles le hemos pagado a la mujer de ese monarca que nos impusieron.
— Bueno. Ya hemos cotilleado sobre Juan—dijo Pascual.
— Supongo que ahora que lo conocemos mejor. Lo iremos entendiendo —dijo Santiago.

Putt: consiste en impulsar la bola de golf en distancias cortas, principalmente en el green.
Putter: es el palo con el que se hace el putt.
Ship y approach: golpes que dan los jugadores para dejar la bola en el green, desde los aledaños del mismo.
Par: es la cantidad fijada de golpes para embocar la bola en un hoyo o campo, según cuáles sean las distancias. Hay hoyos de par tres, cuatro o cinco.

Conversaciones en el hoyo 19: el grip

—Me has salvado la jornada, Juan. Si no me hubieras hecho cambiar el grip aún estaría buscando bolas en el bosque—dijo Inés.
—Me alegro de que te haya ido bien. La gracia está en que, tal como pones ahora la mano derecha, ésta queda imposibilitada para hacer nada—contestó Juan—. De esta forma el control lo tiene solamente el brazo izquierdo, que como tampoco puede hacer mucho, así el control lo lleva el cuerpo al desgirar.
—Menuda diferencia entre antes y después—comentó Pascual—. ¡Que swings tan bonitos has hecho, Inés!.
—Gracias, gracias.

Sonó la musiquilla de un móvil. Juan lo sacó del bolsillo y contestó la llamada:
—Si. ¡Ah! hola. ¿Qué querías?… —cogió el vaso de cerveza y se lo llevó a la boca, dando un buen trago, mientras su interlocutor hablaba—. No. Si no recuerdo mal quedamos en que te llamaría cuando necesitara tus servicios. No entiendo para qué me llamas. Tranquilo. Si necesito una clase ya te llamaré. Adiós—y colgó el teléfono—. Es un profesor de golf—explicó—. Anda loco por darme clases.
—Esa sí es una sorpresa—rio Pascual—. Si tú necesitas clases de golf, no veas nosotros.
—¡Pero si juegas de maravilla!—añadió Santiago.
—¿Qué queréis que os diga?. Deben andar muy desesperados los profesores de golf. Y no me extraña—dijo Juan—. Que ninguno de ellos sea capaz de enseñarte a hacer un buen swing en cinco clases, clama al cielo.


—Hombre. No es fácil hacerlo—dijo Inés.
—Pero en cinco clases pueden enseñarte unas buenas bases que tú luego, has de trabajar por tu cuenta—repuso Juan—. Cuando empecé con eso, hará ya unos veinte años, tuve un profesor que en cinco años fue incapaz de conseguir que hiciera un buen swing. Dos clases semanales durante cinco años. Al final lo tuve que aprender yo solito, después de enviar al profesor a tomar viento.
—¡Joder!—exclamó Pascual.
—Como dice el refrán, la primera vez que te timan, la culpa es del timador, pero la segunda, la culpa es del que se deja timar.


—Quizás cuando empezaste, eras negado para eso—apuntó Santiago.
—Y quizás, si lo era… el profesor me tenía que haber dicho que no valía para eso y me hubiera ahorrado una pasta, recibiendo clases y mas clases…
—Tienes razón—dijo Inés y cambiando de tema, añadió:—¿Vives solo?.
—Si. Desde luego. Y, para mí es la mejor manera de vivir—. Teniendo en cuenta que ahora estoy jubilado, es la mejor época de la vida. Te permite poder conocer a fondo la mejor música, los mejores libros, el mejor arte, en resumen, las mejores personas que nos ha dado la humanidad, que han sido, por cierto, personas individuales.


—Hombre. Si miramos los libros de historia…—repuso Santiago.
—Los libros de historia no son otra cosa que libros que hablan de dos tipos de personas—objetó Juan—. Los psicópatas que dominaban a la población y el pueblo que obedecía ciegamente lo que los primeros ordenaban. La gente que ha hecho avanzar la historia del mundo son científicos, escritores, artistas, médicos, ingenieros… Todo lo demás no es otra cosa que más de lo mismo. Conquistas, guerras, invasiones, asesinatos. Lo único que ha cambiado han sido las excusas. Antes eran las religiones las que sometían a la gente y ahora son las multinacionales las que compran a los políticos para extender su poder en el mundo. Es curioso, pero en toda la historia de la humanidad no ha cambiado nada: tenemos a un porcentaje de la población que domina el mundo y a miles de millones de sometidos. Incluso tienen los santos cojones de organizar un sistema, al que llaman “democracia” que solo sirve para que la gente vote cada cuatro años por unos vendedores de humo que una vez elegidos, harán lo contrario de lo que prometieron en la campaña electoral y seguirán obedeciendo las órdenes de las grandes empresas y las multinacionales.


—Juan. Aquí, entre nosotros tenemos prohibido hablar de “materia fecal”, es decir de los políticos—dijo Pascual.
—Y me alegro. No merecen un pensamiento. Algo que no se ha podido cambiar en miles de años, no merece nuestra atención—dijo Juan—. Lo mejor es vivir, disfrutar de todo lo bueno que nos ha dado el mundo y dejar la mierda para los que la quieran.
—¡Totalmente de acuerdo!.
—¡Se acepta todo lo dicho!.
—OK a todo.

Grip: Es la forma que colocamos nuestras manos sobre la empuñadura del palo de golf.