La nueva moda

«Hay pocas cosas tan sencillas como vivir mal y morir bien». Oscar Wilde

 

 

El Noticiero 21 de Agosto 2007
Desde hace unos meses, el mundo se ha visto sorprendido por una serie de hechos que han afectado a los países del tercer mundo.
El primer síntoma fue la llamada «huelga de los niños» que, recordarán nuestros lectores, consistió en la negativa por parte de los niños explotados de distintos países, a seguir trabajando en las fábricas en las que les eran pagados sueldos mínimos, durante diecisiete horas diarias. Nuestro periódico descubrió que en todos estos países, diferentes empresas les estaban ofreciendo el doble de su sueldo por ir a las escuelas que crearon a tal efecto.
Igualmente, los diferentes gobiernos de muchos países africanos, de Oriente próximo y América han quedado sorprendidos al descubrir como nuevas empresas, se asentaban en sus países más pobres y en poco tiempo conseguían cambiar las precarias condiciones de la población.
Tras una búsqueda para saber quien o quienes estaban detrás de esas empresas, hemos conseguido el nombre del accionista mayoritario y director en funciones de una de las ellas, Persson Corporation, el Sr. Gregory Somerset, una de las mayores fortunas del mundo.
Nos ha costado meses conseguir hablar con el Sr. Somerset, pero al final hemos conseguido nos dedicara unos minutos en la entrevista que ahora les publicamos, en exclusiva a nuestros lectores.

Noticiero: Señor Somerset. ¿Cómo es posible que haya puesto la mayor parte de su capital en una empresa nueva, afincada en el Tercer Mundo?.
Sr. Somerset: Se trata del resultado de una reflexión que hace años tenía conmigo mismo. Soy ya muy mayor y nunca he ocultado que no soy demasiado partidario de dejar el dinero a mi familia. En su día me plantee la posibilidad de crear una fundación que administrara el dinero, tras mi muerte. Sin embargo, si algo he aprendido en la vida, es que cuando uno tiene dinero, es difícil saber en quien se puede confiar y en quien no. De ahí que fundara Persson Corporation.
Noticiero: ¿Cuál es el objetivo de Persson Corporation?.
Sr. Somerset: El objetivo no es otro que ayudar a salir adelante al Tercer Mundo. Tener mucho dinero y no emplearlo en otra cosa que no sea generar más dinero, es lo que he hecho toda la vida.
Ahora tengo claro que el mundo merece repare el daño ocasionado a lo largo de estos años: por omisión, al mirar a otro lado ante las diferencias sociales y por acción, ya que mis empresas, debo reconocerlo, han ganado mucho dinero, en parte, a base a perjudicar el medio ambiente y a la propia Sociedad.
Noticiero: Los políticos habrán…
El Sr. Somerset interrumpe airado.
Sr. Somerset: Los políticos no cuentan para nada. Son seres corruptos. Llevo media vida campando a mis anchas en los negocios, sobornándolos. Ni uno, ni uno solo, me ha demostrado nunca un mínimo de honestidad. De ahí que haya organizado la ayuda en el país en que he montado Person Corporation, haciendo caso omiso de su gobierno. Incluso, para poder actuar, jamás les he dicho que el verdadero objetivo era la ayuda humanitaria. Les vendí la idea de que se trataba de un negocio más. Y los soborné, claro, para obtener los permisos necesarios. Si les hubiera dicho la verdad, los políticos se hubieran involucrado, con la excusa de ayudar y al pueblo no le llegaría ni el diez por ciento de lo que les estamos dando ahora, que es lo que estaba pasando con las ONG.
Ahora, ese gobierno está descubriendo que estamos instalando allí la base para que el país se vaya convirtiendo en un lugar próspero: pozos de agua, cultivos, máquinas y, sobre todo cultura, para que puedan levantar el país. Lo mejor de todo es que esos políticos no pueden impedir lo que estamos haciendo. Al fin y al cabo es el trabajo que hubieran tenido que hacer ellos.
Noticiero: ¿Y las otras empresas?. ¿También son de Vd.?.
Sr. Somerset: No. Desde luego que no. Usted sabe que existe entre los millonarios una cierta competividad. Todos nosotros hemos intentado alardear alguna vez de haber hecho alguna cosa diferente a los otros. Si al «Pirata» se le ocurre comprarse un cuaderno de Da Vinci por muchos millones de dólares, a otro se le ocurrirá pagar una fortuna por pasar una semana en una base espacial…
Noticiero: Perdone que le interrumpa. ¿El Pirata?.
Sr. Somerset: El Pirata es como siempre llamamos a Bill, el de Microsoft. Es un mote cariñoso que le pusimos hace tiempo, ya que todo lo que ha vendido su empresa, es copia de lo que han hecho otros. Por eso el mote.
Como iba diciendo, un buen día me puse en marcha con el proyecto de Person Corporation. No pasó una semana y todos los demás, el Pirata, Carlos, Sheldon, Bernard, Amancio, Liliane, todos mis iguales en riqueza, me llamaron para indagar acerca de lo que estaba haciendo.
Aproveché para organizar una cena y les expliqué el proyecto en el que me había metido. Y lo curioso es que, tal vez me vieron tan ilusionado con mi proyecto, que empezaron a repartirse el mundo delante mío. Cada uno de ellos se agenció un país del Tercer Mundo y todos ellos pusieron su fortuna o parte de ella en una empresa de similares características a la mía.
Noticiero: Es evidente que funcionó…
Sr. Somerset: Funcionar es poco. Empezamos diez, con ello. Ahora hay casi seiscientos millonarios con proyectos de este tipo. Hay que decir que los millonarios de fortunas medianas, siempre han visto en nosotros, los de mayor fortuna, una inspiración, un ejemplo a imitar. Y se ha creado la moda entre ellos de tener algún proyecto humanitario. He observado incluso, que ahora está mal mirado en su ámbito, no estar involucrado en uno.
Anteriormente, nuestras ayudas no eran más que un pretexto para reducir impuestos. También es cierto que la edad media de todos nosotros es de más de sesenta años. Y ¿a quién no le gustaría ser recordado por lo que hizo en vida?.
Piense que, entre las personas que se han apuntado a estos diferentes proyectos, hay casas reales, dirigentes árabes e incluso dictadores. Muchos de estos últimos se han comprometido incluso a cambiar su régimen político. También dirigentes de multinacionales farmacéuticas nos están regalando tratamientos que hasta ahora eran prohibitivos en el Tercer mundo, como el del SIDA.
Noticiero: Pero estos proyectos están perjudicando a muchas empresas de las que son propietarios ustedes, ¿no?. El hecho de que ya no puedan encontrar mano de obra barata, por ejemplo, encarecerá los productos y perderán beneficios.
Sr. Somerset: Es cierto. Ocurrirá. Pero ahora me compensa mucho más pensar que en Vietnam, Camboya, India, etc. los niños pueden ser niños, con una infancia y no seres explotados.
Tendremos también que adaptar nuestras empresas a la nueva situación y acostumbrarnos a tener menos beneficios. Pero sobreviviremos. Es probable que al principio perdamos valor en bolsa, pero luego encontraremos otra posición de equilibrio. No lo dudo.
Noticiero: ¿Cual es el futuro de todo ello?.
Sr. Somerset: Sospecho que los políticos van a tener que empezar a asumir sus responsabilidades o empezar a desaparecer. Por una vez me siento orgulloso de que en el mundo haya cambios, tras siglos de palabras y más palabras. Hay incluso un colega y permítame que no le de el nombre, que ha empeñado la totalidad de su fortuna en su proyecto de ayuda humanitaria y ahora está ejerciendo de maestro en una escuela de el Congo.
Noticiero: Muchas gracias por atenderme, Sr. Somerset. Muchas gracias por lo que está haciendo por la humanidad.
Sr. Somerset: Muchas gracias por escuchar a un “pobre” viejo.

Este artículo fue escrito por mi, hará unos veinte años y lo he actualizado recientemente. Siempre es hermoso dejar volar la imaginación.

Animal Farm

Había veinticinco personas alrededor de aquella mesa. Y en una silla, al lado del Presidente estaba su secretaria de confianza.
El Presidente inició la reunión con un discurso:
– Amigos, os he hecho llamar para hablaros de un problema que nos afecta a todos. Y sobre la decisión que he tomado al respecto. Todos sabéis que llevo mas de cien años presidiendo esta mesa y el destino de la humanidad. Algunos de vosotros recordará que el mundo que se me entregó no estaba tan consolidado como lo está ahora. Había países que estaban fuera de nuestro ámbito de poder. Japón, por ejemplo, era uno de ellos. Recuerdo como si fuera ayer la visita de los directores del Consejo de las Multinacionales , del Sindicato del Crimen y de la Asamblea de Religiones, pidiéndome el dominio de aquel país.
– Tuve que organizar precipitadamente – añadió – una guerra que afectara a medio mundo para conseguirlo y así también para castigar a los alemanes, que se me habían vuelto a insubordinar. Durante los últimos cincuenta años hemos ido quitando poder a los políticos de todos los países e incluso hemos extendido la democracia a muchos lugares para hacer creer a los ciudadanos que el pueblo decide sobre su futuro. Lo mejor fue conseguir que los políticos creyeran que tienen algún poder. También hemos erradicado todas las enfermedades, aunque vayamos dando a la gente las soluciones a sus enfermedades con cuentagotas, ya que no nos interesa superpoblar el mundo. Incluso nos tuvimos que inventar el Sida, a petición de la Asamblea de Religiones.
 
– Hoy por hoy podemos decir – continuó el Presidente, tras beber un trago de agua – que el pueblo están bajo control. Las drogas, la política, la televisión, el consumo, las religiones, el hambre del tercer mundo e incluso las guerras y el terrorismo que les hemos organizado y por último, el calentamiento global, los mantienen muy ocupados. Por cierto quiero aprovechar para felicitar al Sr. Wilson por sacar tan oportunamente los ordenadores personales e Internet, gracias a los cuales ya somos incluso capaces de detectar a las personas que se desmandan. Además Internet les ha hecho afianzar mas el concepto de libertad que creen tener y nos ha servido para sacar del Consejo de las Multinacionales a las discográficas, que se habían puesto pesaditas con las redes P2P. Y me pareció genial, Wilson, tu invento de los sistemas operativos libres, frente a los propietarios. Los muy imbéciles se creen que al poner en su ordenador un Linux, están a salvo de muestras miradas e incluso nos lo programan ellos mismos.
 
Todos los miembros de la mesa aplaudieron a Wilson y éste hizo un gesto de agradecimiento. Luego continuó el Presidente:
– Vamos al problema que nos ha reunido aquí. Hay un hombre cuyas acciones nos están dando problemas e incluso podría poner en peligro nuestro dominio en el mundo. En el caso de que se trate de una persona aislada, Grant, aquí presente, nos contará lo que se suele hacer.
– Tenemos varios protocolos para estos casos – explicó Grant, carraspeó y continuó – Tratándose de individuos, el primero es el mas sencillo. Le conseguimos trabajo, una mujer y una hipoteca y ya es nuestro. Solemos aplicarlo a aquellas personas que son muy jóvenes. El segundo protocolo pasa por su eliminación. Provocando un accidente o una enfermedad en algunos casos y en otros, mediante el asesinato, para convertirlo en un héroe. Así podemos montar un buen negocio a costa de su muerte, a través del merchandising que para ello crean las Multinacionales. Este segundo protocolo requiere se trate de una persona muy conocida.
Existen muchos mas protocolos como puedan ser el ascenso de una persona peligrosa, la enfermedad mental, convertirlo en beneficiario de una fortuna, involucrarlo en un delito, pero esas prácticas son mas propias de los servicios secretos de los distintos países y preferimos obviarlas.
 
– El caso que nos ocupa – continuó el Presidente – es un hombre que, para el cargo que ostenta, pasó las pruebas habituales sin problemas y ningún resultado estaba fuera de los índices habituales. Creo incluso que su CI era el mas bajo de todos los de su grupo. Un CI de 50. Nadie hubiera podido imaginar que nos iba a salir rana. Ni Hitler, ni Pinochet ni Videla nos fallaron. Y eso que eran personas a las que había que seguir de cerca. Y ese imbécil se cree que es alguien y está intentando negociar con las multinacionales sin tener en cuenta que hemos sido nosotros los que lo hemos puesto ahí. Por cierto, ya he hablado con el director del Consejo de las Multinacionales para que tome cartas en el asunto e inicie indagaciones para establecer responsabilidades y haga una buena purga en su consejo. He decidido sea Grant quien se encargue de la eliminación de ese tipo.
Miró las caras que le estaban observando y prosiguió.
– Porqué lo vamos a hacer asesinar. Han pasado ya 40 años desde que nos cargamos a un Presidente de Estados Unidos y ya toca que se asesine de nuevo a un personaje de relevancia. Ese asesinato entretendrá a la gente una buena temporada – el Presidente se quedó pensativo, sonrió y añadió -. Grant. Traspásalo a la CIA. Que sean ellos quienes lo ejecuten. Son tan malos que probablemente los pillarán y así tendremos otros 40 años de especulación sobre el tema, como ocurrió con J.F. Kennedy. Acuérdate, Wilson de poner uno de nuestros hombres allí, por si fallan los de la CIA. No puede salir vivo.
– OK. Así se hará – dijo Wilson.
– ¿Alguna pregunta, Sres.? – inquirió el Presidente.
– ¿De quién se trata? – preguntaron algunos.
– Oh. Es verdad. Perdón. No les he dicho el nombre.

Hizo un gesto a su secretaria y ésta repartió una carpeta a cada uno de los presentes. Cuando los venticuatro las abrieron estalló una carcajada general.
Tardaron un buen rato en acallarse las carcajadas. Cuando por fin se restableció el silencio, el Presidente dijo:
– Espero que los ciudadanos actúen de la misma manera que Vdes. Creo que el mundo merece reírse de vez en cuando. Y estoy seguro de que lo harán en este caso.
Una vez vacía la sala, quedaron el Presidente y su secretaria.
Esta le preguntó:
– ¿A quién van a matar?.
– A George W. Bush.
La secretaria tuvo que morderse la lengua para no soltar la carcajada.