El concurso de la Innombrable

A pesar de que se lo desaconsejaron, el nuevo director de la Innombrable estaba obsesionado por llevar su idea adelante.
Se trataba de un concurso de televisión en el que dos fábricas de dicha multinacional, ubicadas en distintos países iban a competir para evitar el cierre.
La fábrica ganadora obtendría la producción de la perdedora, que sería cerrada y su personal despedido. Deslocalización, como lo llaman ahora.
Para el primer concurso, que fue el último, por cierto, fueron seleccionadas dos fábricas que producían lo mismo. India contra España.
Afortunadamente para España, el gobierno había reducido los derechos laborales de forma tan drástica, que podían equipararse sin problemas, con los derechos laborales de los indios. A pesar de lo cual, una de las fases del concurso consistía en que ambos competidores propusieran medidas para reducir aún más los costos de fabricación y aumentar así las posibilidades de ganar.
Cada fábrica había elegido a sus tres representantes que, ya en el plató de televisión, lucharían para conseguir evitar el cierre, así como para mantener sus empleos y los de todos sus compañeros.
A los dos lados de las gradas, llenas a rebosar de público, se iluminaban alternativamente los letreros con la palabra “silencio” y la palabra “aplausos”. La sintonía que anunciaba el regreso del programa, tras el último bloque de anuncios, se empezó a oir mientras en el gran monitor del fondo de la sala aparecían los rótulos con el nombre del programa. Al terminar la música, los focos apuntaron a lo alto de una escalera por la que apareció el presentador vistiendo su brillante traje de color verde brillante, mientras en las gradas seguían las instrucciones de los rótulos luminosos, en los que ahora aparecía la palabra “aplausos”.
Al apagarse los rótulos se hizo un silencio total.
– Ya está todo el pescado vendido – pensó Jorge, uno de los tres representante de la fábrica de España -. Hemos perdido por goleada.
Miró a sus compañeros. Todos estaban con la mirada baja. Sandra, a su lado, tenía los ojos llenos de lágrimas. Puso su mano sobre la de ella para tranquilizarla. Llevaban hora y media participando en el concurso y habían hecho de todo, ante la mirada de los jueces que eran, casualmente, los dos directores de la Innombrable en sus respectivos países.
En la primera fase del concurso, la de las “propuestas para rentabilizar la fábrica” – recordó abatido, Jorge -, habían reducido sus ya mermadas condiciones de trabajo, bajándose el sueldo y aumentando el número de horas de su jornada laboral a doce diarias. Incluso eliminaron los descansos durante la jornada, para igualar las condiciones propuestas por los tres competidores de la India, sentados en la mesa de enfrente.
Era evidente que los jueces – los directores – estaban disfrutando con el concurso. Cada propuesta que hacían los representantes de ambos bandos hacía aflorar en sus rostros una enorme sonrisa y algún que otro codazo cómplice.
Luego llegó la fase de las pruebas físicas en las que los concursantes tenían que ejecutar distintas habilidades: bailar un tango, nadar cien metros, cantar haciendo dueto con un cantante famoso  (que era previamente entrevistado, descubriéndose entonces que la clave de su éxito tenía mucho que ver con el hecho de ser consumidor habitual de los productos de la Innombrable), hacer tiro al plato, …
Aquella fase había dejado a los dos competidores bastante igualados y cuando llegó la última sección, los ánimos de los concursantes estaban muy exaltados.
Y allí fue donde se estrellaron de forma estrepitosa. Se trataba de una serie de preguntas sobre cualquier tema general.
Sin embargo, pensó Jorge, los directores ya habían tomado su decisión. Las preguntas que de forma “aleatoria” eran entregadas a los representantes españoles eran casi siempre sobre la historia de la Innombrable y les era completamente imposible contestar quién fue el tercer director de la empresa o la fecha de nacimiento del fundador de la multinacional.
Mientras, sus competidores respondían a las preguntas con toda tranquilidad, dado que eran, casualmente, muy fáciles.
Y, tras el último bloque publicitario, ya solamente quedaban dos preguntas que ya no tenían relevancia alguna en el resultado del concurso, dado que la diferencia de puntuación de los dos contrincantes estaba, claramente, a favor de los representantes de la India.
La primera pregunta a los indios fue respondida sin problemas.
– Y ahora la última pregunta para el equipo español – dijo el presentador, extendiendo los sobres restantes para que escogieran uno de ellos.
Jorge alargó el brazo y se hizo con un sobre. Lo abrió y lo leyó en voz alta:
– La Innombrable, en su división cosmética, tiene una gama de productos milagrosos que ayudan a rejuvenecer la piel, a evitar la caída del pelo, a mantener ese fantástico bronceado veraniego tan agradable. Háblenos de la gama  Onnéuv.
Jorge se giró hacia sus compañeros y les dijo en voz baja:
– ¿Me dejáis contestar a mi?. Esa me la sé.
– Si. Como quieras, ya hemos perdido…
– Si. Tu mismo.
– Pues ahí voy. Morir matando…
Jorge se quedó mirando la cámara y contó a cinco. Luego empezó a hablar.
– La gama de Onnéuv es una verdadera tomadura de pelo y me explicaré ahora mismo. Se trata de un producto que es muy caro, compuesto por ingredientes que no está probado, tengan efecto alguno en los resultados que aseguran.
– ¿Qué está diciendo? – el director se había levantado de su silla, indignado -. ¡Nuestros productos han obtenido la validación de la European Food Safety Authority!.
– Tiene usted razón. Pero cada producto tiene muchos ingredientes, de los cuales uno y solamente uno les permite anunciar los resultados que anuncian. El resto de los productos que integran cada comprimido, no tienen propiedad alguna que haya podido demostrarse.
– ¡No diga tonterías! – gritó el director -. ¡Cállese!.
– Del “rejuvenecedor para la piel”, el único ingrediente que les permite decir que favorece la mejoría de la piel es la vitamina C. Con poner un 15 por ciento de la cantidad diaria recomendada de vitamina C, ya pueden anunciar sus maravillosos efectos. Efectos que son idénticos a los que produce comer una naranja. Eso si: con la naranja te ahorras una pasta. La única sustancia con efectos demostrados en ese maravilloso crecepelo es el zinc, por lo que, añadiendo el 15 por ciento de la cantidad diaria recomendada, ya cumplen con la normativa de la EFSA. Con comer una ostra, lomo de ternera o salvado, ya estaríamos cuadruplicando la cantidad de zinc que lleva cada pastilla. Y ese producto para ponerse moreno…
– ¡Cállese! – rugía el director.
– Para ponerse moreno, su ingrediente único válido es el 15 por ciento de la CDR de ¡vitamina A!, que está de forma natural en la fruta, los huevos, carne, verduras…

El locutor hizo un gesto para que Jorge callara.
– La respuesta a la pregunta no se ha ajustado a lo que indica mi tarjeta de respuesta.
– Pues he dicho la verdad de lo que hay en esos productos – dijo Jorge.
– Sintiéndolo mucho…
– Incluso añadiría – continuó hablando Jorge – que es un error garrafal que una empresa como la Innombrable, que ha basado toda su publicidad en la palabra “confianza”, saque una línea de productos esotéricos y caros, que van a cargarse esa confianza ganada a lo largo de los años.

– El equipo ganador es: ¡India! – dijo el presentador.

Aquella noche el director decidió cancelar el concurso televisivo.
Hay quien dice que recibió una llamada del “más allá”, que es como llaman a las llamadas desde la dirección mundial.
Cualquiera sabe.

 

La huelga ética

No suelo dedicar mis escritos, pero esta vez hago una excepción: para Amparo, buena amiga y gran luchadora en el difícil arte de la vida.

Anunciaron que iban a hacer huelga y sin embargo aparecieron todos los empleados en los distintos centros de trabajo del país, el día señalado.

No hubo comunicado alguno por parte de los trabajadores. Los encargados sonrieron satisfechos al descubrir que aquella jornada que se vaticinaba terrorífica se convertía en un día normal.

Además estaba la gran oferta que se había publicado en la prensa: el día sin IVA. Durante la última semana habían estado incrementando los precios de todos los productos, exactamente un dieciocho por ciento, para ese día en que el comprador, sin apercibirse del engaño, iba a olvidar temporalmente la crisis para comprar el último grito en electrodomésticos ó en tecnología, ya que la empresa era precisamente una de las punteras en venta de esos productos.

Cuando abrieron las puertas ya había gente haciendo cola en la calle.
El día transcurrió con normalidad, sin problemas.

Cuando se cerraron las puertas y empezaron a cerrarse las distintas cajas de cobro los encargados empezaron a entender algo de lo que estaba pasando: apenas habían vendido un diez por ciento de lo previsto. La mayor parte de los compradores se habían marchado con las manos vacías. Los vendedores habían contado a los clientes el engaño del que habían sido objeto.

Al día siguiente apenas aparecieron clientes. Únicamente fueron aquellos que querían cambiar el producto comprado el día anterior que “casualmente”, consistía en modelos que ya no se fabricaban y cuyo stock estaba agotado.

A pesar de la política de la empresa consistente en dificultar al máximo los cambios y devoluciones, el departamento de cambios dio un trato “exquisito” a los clientes que fueron a cambiar su compra. Todos ellos se llevaron, sin añadir un euro, un modelo superior al que habían comprado el día anterior, por no haber existencias del modelo que pretendían cambiar.

Luego empezaron a llover las demandas. Diversas organizaciones de consumidores denunciaron el alza de precios previo al “día sin IVA”.

La huelga le costó una fortuna a la empresa. Lo peor fue volver a ganar la confianza de los clientes.

Hoy por hoy se lo piensan mucho antes de lanzar una oferta.

Este artículo andaba por mi caja de las ilusiones y lo publico por no publicar otro, escrito con verdadera indignación. La realidad supera en mucho a la ficción y es mejor dejar que la ira, la rabia y la impotencia se diluyan para mantener la objetividad de mis escritos.
Y menos mal que todo lo que escribo es ficción…