Don Paulino

Nos cruzamos por un pasillo.
Estaba a punto de jubilarse y la noche anterior hubo una cena en su homenaje, a la que yo no había asistido.
– Hola Luis. ¿Cómo estás? – me dijo cogiéndome del brazo.
– Bien, gracias.
– ¿De verdad estás bien? – insistió.
– ¿Quieres que te conteste con lo que quieres escuchar o prefieres que te conteste con sinceridad?.
Se quedó callado, como reflexionando. Luego repuso:
– La verdad. Dime la verdad.
– La verdad, por duro que sea para ti es esta: por un lado estoy contento de perder de vista a una persona que, durante veinticinco años ha impedido que alguien como yo pudiera prosperar en su trabajo. Hace todos estos años pedí el traslado a algún lugar en el que tuviera posibilidades de mejorar. Y no me refiero a ganar mas dinero en un nuevo lugar de trabajo. Simplemente quería estar en un sitio en el que se me valorara como persona y se valorara lo que hacía. Por otro lado me alegra que te vayas porqué es posible que tu sucesor, que no es tonto, vea lo que hay y actúe en consecuencia.
 
– Luis. Tu eres y has sido siempre una persona conflictiva. Nunca quisiste venir a trabajar los sábados…
– Si. Y también puedes añadir mi mala actitud, problemas de relación con los demás… Eso lo he oído infinidad de veces en todos esos años. Eran los típicos argumentos esgrimidos por mi jefe cuando quería justificar sus desprecios hacia mi. Y, ¿cómo querías que fuera a trabajar los sábados si no valorabais lo que hacía. Siempre me hizo gracia estar toda la semana soportando la desconsideración de Enric, mi jefe inmediato, para que luego viniera el viernes a pedirme que fuera a trabajar al día siguiente. Y además gratis.
– Se pagaban las horas extras.
– Perdón. Se malpagaban, otra muestra de desprecio hacia el trabajo. Y lo mejor: pones de jefe inmediato a una persona que manipula, menosprecia y se esmera en hacer la vida imposible de todos los que dependen de él. Durante años he tenido que soportar la congelación de mis aumentos anuales, las épocas que Enric dedicó a mirar mi trabajo con lupa para encontrar motivos de bronca, a predisponer a mis compañeros en mi contra, así como los meses y meses de no dirigirme la palabra, de ignorarme. ¿Sigo?. Tu te vas, pero él se queda.
 
– Enric no es así. Siempre se ha preocupado por vosotros. Siempre me ha contado vuestros problemas, vuestras inquietudes.
– ¿Cómo quieres que le cuente algo de mi a una persona que me ignora y que me hace llegar las órdenes a través de terceras personas?. Estás equivocado y lo has estado siempre acerca de la gente a quienes has dado poder. Son todos como tu. Gente incapaz de ver mas allá de su vanidad. Gente que solamente tienen oídos para lo que quieren escuchar. Luego te podrás extrañar de las muchas ausencias en tu cena de homenaje. La verdad es que en la época de tu mandato el aspecto humano no ha existido. De ahí que lo que ha quedado ahora no es otra cosa que un gran grupo de gente que carece de motivación, que han aprendido a sacarse de encima el trabajo que les cae y que prefieren dedicarse a charlar que a trabajar.
– Y ¿Por qué no me dijiste nada?. Podías haberlo denunciado.
 
– Y vaya si lo hice. En su día denuncié el trato de mi jefe a su inmediata superiora. Le importó un rábano. Y me dijo algo así como “hay lo que hay”. Con los años he ido descubriendo que Marisa no es otra cosa que una persona carente de personalidad y su único interés es la posición social que ha obtenido. Hoy por hoy, quien dirige el departamento no es ella. Es Enric quien lo hace. Ella es incapaz de tomar decisiones.
– Luis. No te puedo creer.
– Bueno. Ya lo esperaba. Pero tal vez puedas pensar en las razones que tengo para decirte lo que te acabo de contar. Ya no eres nadie en esta empresa. Yo ya no espero nada de nadie. Si alguna vez tuve el sueño de poder trabajar estando a gusto con lo que hacía y bien considerado, este sueño ya se ha esfumado. No espero nada del trabajo. Posiblemente porqué nadie me ha dado nada. No tengo razón alguna para engañarte. Quizás ahora mismo lo que siento por ti es lástima. Pensar que has desperdiciado tu vida laboral en proyectos informáticos y en luchas de poder sin ser capaz de ver que lo único que prevalece es la relación humana, no me dejaría dormir por las noches. Pero bueno. Es lo que escogiste en su día. Cuídate Paulino.
Me soltó el brazo y seguí mi camino.
Al llegar al final del pasillo me volví y lo vi andar con paso lento, por primera vez en todos estos años en los que todo el mundo le había visto correr como si alguien le persiguiera.

– No va a servir para nada lo que te he contado – pensé -, tienes demasiada inercia. Demasiados años de ser como has sido.

Puede ser anónimo

2 Commentarios on "Don Paulino"

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Anónimo
Guest

Senzillament fant�stic. Estic bocabadat amb el teu nivell de llenguatge. Segur qu� no ets periodista?. �s un llenguatge clar, entenedor i directe. Quins pebrots!Xavi S�nchez.

Ludwig
Guest

Muchas gracias, Xavi.Pues no pasé de 1º de Periodismo.

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